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August 20

Antigua, más que antigua

Antigua, más que antigua… Eso dicho por una señora de noventa y cuatro años a otra nonagenaria no tiene precio.

Os cuento la anécdota. Parroquia de mi pueblo. Una nonagenaria que se dirige a la otra. ¿Has visto qué vergüenza? El cura joven está en la capilla y ya ves, con un pantalón y una camisa. Si no se pone sotana, por lo menos un clergyman…

La de los noventa y cuatro responde: ¿No te da vergüenza lo que dices? Un chico con veintisiete años, que ha dado su vida por Dios y que está trabajando todo el día en la parroquia, todo lo que necesitamos, en estos tiempos tan difíciles, y lo único que se te ocurre es cómo va vestido. Eres una antigua, que a ver si te enteras de que no pasa nada porque los curas no vayan de negro, que lo que hace falta es que sean buenos como este chico. La vida ha avanzado mucho y tú sigues como si aquí no pasara nada. ¡Antigua, más que antigua! Y se quedó tan ancha.

La de los noventa y cuatro, mi madre. Misa y comunión diarias desde que yo recuerdo. Su rosario cada tarde. Mi casa, abierta a las necesidades de la parroquia y de quién hiciera falta. Y un rato en una terracita cada día al salir de la misa vespertina para tomar café y charlar con las amigas –que ninguna baja de los 85-. Y con un hijo cura que ella sabe que tampoco lo tiene fácil y que por cierto no suele vestir de negro más que en muy contadas y especiales ocasiones.

Y resulta que lo único que llamaba la atención era el color de la camisa del pobre cura joven. Ella me lo decía: Es que la Fulanita es más antigua…

August 19

Lo del camello y el ojo de la aguja

Pero qué mala uva tienen algunos profetas. Está uno tan feliz y vienen a incordiar. Es como cuando estás disfrutando de una buena comida y llegan esos canallas de la tele y te ponen al niño lleno de moscas. Hombre, que esas cosas no se hacen, que uno acaba con molestias.

Hoy estoy en la parroquia desde hace un rato. Lo primero que he hecho, después de saludar al Jefe en el sagrario, ha sido preparar los libros con las lecturas de la misa de esta tarde. Y caramba con la mala uva del profeta Ezequiel. A ver, pongo el texto y lo comento luego:

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro: "Así dice el Señor: Se hinchó tu corazón, y dijiste: 'Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar', tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!; ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción. Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú, que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: 'Soy Dios', delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho." » Oráculo del Señor.

Impresiona, eh? Es decir, que, seamos claros, nos dedicamos a engordar, a acumular, a creer que somos dioses, y nos llenamos de presunción. Y eso es la muerte. No necesariamente la física (que el colesterol y el corazón también se cobran su tributo por estrés y mala alimentación) sino la muerte interior, porque dejamos de ser personas capaces de amar, para convertirnos en pobres sólo dedicados a acumular a costa de lo que sea. ¿Dinero a costa de qué? ¿De la familia, de los amigos, de la fe, del crecimiento espiritual, de la contemplación, de la paz del corazón? Por el dinero siempre se paga un precio. Y generalmente muy alto.

Pues si impresiona el profeta, aún más el evangelio. Ahí va:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.» Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.» Entonces le dijo Pedro: -«Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? » Jesús les dijo: -«Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mi deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

El muy rico, el que sólo está pendiente de acumular más y más, jamás entenderá qué es eso del Reino de Dios. Podrá ser presidente de la cofradía, y hermano mayor de la Virgen. Se casará en una bonita iglesia y bautizará a sus hijos en una capillita mona. No le faltará una preciosa sepultura y un funeral solemne y elegantísimo. Su señora levará al cuello medallas vistosas y caras con el Cristo de más devoción, y en su casa un buen cuadro declarará su religiosidad. Hasta en el coche último modelo lucirá una medalla de cofrade de… Pero lo del Reino, lo de amar sin barreras, lo de olvidarse de uno mismo para dejarse abrazar por Dios, lo de celebrar la fe sin prisas abiertos a la misericordia de Dios, lo de confiar en Él por encima de todo… Es decir… lo del Reino… se hace imposible.

August 18

Cambio de look

Desde que comencé la aventura de crear mi propio space, he venido manteniendo un mismo diseño de fondo. Apenas algunos cambio en los módulos, y un colorido de fondo que acaba siendo seña de identidad.

Simplemente que me cansé de ver siempre lo mismo. Y el caso es que después de dar mil vueltas a los temas que ofrece la página principal de los spaces, me sigue gustando el de siempre. No obstante, he decidido cambiar y hale, hecho.

Y ya de paso he simplificado mucho las cosas. Cuantas más cosas se colocan al principio, más módulos, más tarda en abrirse. Y no quiero un space de esos que la gente diga ohhhhhhhhh qué bonito, sino ágil y rápido a la hora de entrar, leer, comentar.

Y nada más... Que a lo mejor en unos días vuelvo a cambiarlo. Los géminis necesitamos movimiento. Os dejo un video promocional de esta tierra donde resido: la Sierra de Guadarrama. Feliz día.

  
August 17

¿Reservado el derecho de admisión?

Triste sería que pusiéramos un cartel diciendo que en las iglesias está reservado el derecho de admisión. Penoso que se colocaran barreras. ¿No es la casa de todos, la comunidad donde todos cabemos?

Y sin embargo, a veces tengo la sensación de que ese cartel existe. No está puesto en realidad, pero la palabra NO se hace demasiado visible. No tengo soluciones, pero hay cosas que me duelen. Y a muchas personas las colocamos fuera de la Iglesia. Por ejemplo:

· Las parejas que no contrajeron matrimonio por la iglesia vaya usted a saber por qué

· Los que viven su sexualidad fuera de los cauces habituales

· Los progres, que por la modernidad se apartan de lo que creemos fundamental

· Los carcas, anclados en un pasado que entendemos irracional

· Los jóvenes, que cuestionan lo que a otros parece básico

· Los niños, que lloran, incordian y creemos que es mejor que no vengan

· Las religiosas sin hábito, quién sabe si avergonzadas de su condición

· Las religiosas con hábito, que no saben estar en donde deben

· Los curas de paisano, evidentemente secularizados y vergonzantes de su condición

· Los curas de sotana o clergyman, más preocupados de colores que de la vida

· Los jóvenes que viven en pareja sin boda previa

· Los pobres, despistados y generalmente malolientes

· Los cristianos de otras confesiones, ciertamente equivocados y en camino de condenación

· Los inmigrantres, que uno no sabe por qué vinieron

Sigan, sigan agregando puntos. Entre todos encontraremos mil. Yo no tengo soluciones. Ni afirmo que todo valga. Pero veo a Jesús con la cananea hoy y me parece que nosotros usamos mucho más le ley estricta –caiga quien caiga- que la misericordia. Los echamos… y al final ¿quién se va a quedar dentro? Si la ley es tan estricta, yo me iré con ellos. Quizá el ideal sea celebrar la fe al aire libre, donde sólo el sol y la tierra sean el marco donde vivir la presencia de Dios. Y voy a confesar una cosa… con esa normativa tan estricta Jesús no se va a encontrar en casa y se vendrá con nosotros quién sabe si al parque o al sol.

Quisiera en mi parroquia colocar un cartel distinto: “BIENVENIDO SEAS QUIEN SEAS. TENEMOS MUCHO QUE COMPARTIR”. Supongo que es un sueño, pero eso no me lo va a quitar nadie.

August 16

Ser cristiano: una vida, no una herencia

Del libro del profeta Isaías: "Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos."

Nadie es nada por títulos heredados. Nadie es nada porque sí. No es cristiano por herencia, porque se hizo la primera comunión o por una boda ante el altar. Nadie es cristiano por papeles o anotaciones marginales.

Tampoco es garantía de fe una hermandad, la medalla de la Virgen o el cetro del mayordomo. Ni lo es nacer en un pueblo, una ciudad o una familia.

Sólo quiero recordar ahora las palabras de Isaías que leeremos en las misas de este fin de semana. La casa del Señor, casa de oración, de paz, de sosiego, está abierta a todos sin distinción de razas, nacionalidades, sexo, historia pasada.

La entrada se consigue con la práctica del derecho y la justicia. Es decir, el que reza de corazón a su Dios, el que confía en su Señor, el que se da al pobre y es misericordioso con todos, ese entrará en la casa del Señor, que es más que un edificio, que es entrar en el grupo de los suyos.  

August 15

Que todas las noches sean noches de boda

 

Es igual quienes sean. Dos amigos muy queridos que se casan. Hoy me han traído la invitación. Y no sabéis la alegría que he recibido con tan buena noticia. Volviendo a casa en el coche, he querido escuchar una canción de Joaquín Sabina que hoy les dedico, con el deseo de que vivan la mayor felicidad del mundo.

 

Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.

August 14

Que nos devuelvan a la señora María

 

En la víspera de la Virgen de la Asunción, os dejo este texto, de Martín Valmaseda y Elías Alcalde, que me parece precioso para entender a María, la madre del Señor. Se lee bien y hace pensar mucho.

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Que nos devuelvan a la Señora María

Martín Valmaseda

Elías Alcalde

Que nos la devuelvan, que nos la han robado..., ella andaba por aquí..., por nuestros caminos..., y de pronto, un día, dejó de estar aquí. La buscamos por nuestros barrios y no la encontramos.

Por fin, un día, la encontramos allá arriba. La habían puesto bien alta, medio tapada por un gran manto bordado, con una corona de brillantes en la cabeza. Esta no es nuestra María, dijimos, que nos la han «cambiao». Y entonces nos dedicamos a buscar a nuestra Señora María, porque estamos seguros de que ésa no es.

Buscamos y buscamos. Nos decían que no creíamos en la Virgen María. Nosotros contestábamos que sí, pero que no creíamos en esa que nos querían presentar. Que nuestra Señora María era distinta. Y seguimos buscando.

En estas líneas intentamos deciros cómo es, para que nos ayudéis a buscar. Todos los días en los periódicos sale la foto de un niño o una anciana o un vecino que ha desaparecido. La familia comunica sus señas: estatura, color de ojos, cómo va vestido... Si alguno lo ha visto, llame al teléfono... Pues nosotros vamos a intentar deciros cómo es nuestra Señora María. Si la encontráis, avisadnos. Lo celebraremos juntos.

Así es como nosotros creemos que es nuestra Señora María:

MARIA NO HAY MAS QUE UNA

«Pues la Virgen de mi pueblo es más bonita que la del tuyo...». «La del mío hace más milagros...». «Pero la más antigua...». Acaso a usted no hay que decírselo, pero todavía mucha gente confunde a María -la madre de Dios- con la imagen que hay en su pueblo.

«Yo no creo en Dios, dicen algunos, pero sí en la patrona de mi pueblo». ¡Estamos buenos!

Antes de presentar quién es y cómo es la Señora María que buscamos, habrá que explicar cómo no es:

La Señora María no es ninguna imagen de madera, de plata o de piedra. NO. A la Señora María no se la puede hacer propiedad exclusiva de ningún pueblo, de ningún particular. Ella no es «propiedad privada».

Y no se crean que es problema sólo de los pueblos. Hay personas o asociaciones o congregaciones que tienen «su» Virgen.

Algunos saben distinguir bien que es una manera de hablar, que María no hay más que una. Otros, no. Otros dicen «su» Virgen y por eso algunos se desconciertan: ¿Por qué tantas Vírgenes distintas?, ¿por qué hay algunos tan fanáticos que lo único que vale para ellos es la imagen de su pueblo o la de su congregación o la estampa que les dio su madre?

Vamos a hablar de ello, porque acaso debajo de todo encontremos a María de Nazaret, la de verdad.

PARA MUCHOS, MARIA ES COMO UNA PERCHA

Usted perdone, Señora María, pero es verdad. Para muchos usted es como una percha donde ellos cuelgan sus ideas, sus vanidades, sus joyas, sus orgullos, sus miedos, su mala conciencia. También sus ilusiones, sus cariños, sus esperanzas, sus alegrías... Déjeme que le explique, Señora María.

Las imágenes de usted, que se tienen en muchos santuarios, están cubiertas de mantos, de coronas, rodeadas de recuerdos, de bastones de mando militares y hasta de sables... A veces, lo único que asoma de su estatua es una carita y dos manos, todo lo demás está cubierto. En unos casos, su imagen es una maravillosa escultura que no se puede ver con todo lo que le han puesto encima. En otros casos, no hay imagen: sólo una preciosa cara y dos manos; el resto es un soporte de madera, como una percha.

¿A qué se debe ese empeño por colgarle tantas cosas a usted, Señora María, a usted que no tenía más que su traje de campesina? Nos parece, Señora María, que hay que distinguir.

La gente del pueblo que lo pasa mal o que tiene también sus ilusiones y sueños..., le cuelga todo eso a esa imagen suya. Unos, además, tienen fe, otros no mucha o no tienen ninguna.

Otras veces, la cosa es peor. Son gentes de dinero que han regalado «a la Virgen», perdón, a la estatua, un dinero que tendrían que haber utilizado para pagar el sueldo a sus empleados. Acaso lo que han colgado encima de la imagen es su orgullo o su mala conciencia o su idea torcida de lo que es la fe..., y se quedan tan tranquilos.

Por eso, le digo a usted, Señora María, que la toman a usted, a su imagen, como una percha donde cuelgan de todo. Están confundiendo la fe con las supersticiones. «Yo tengo mucha fe en la Virgen de...», dicen algunos. ¡No, señor! Me parece que lo que usted tiene no es fe. Para tener fe en alguien primero hay que conocerlo y luego quererlo como es. Y ¿qué sabe usted de la Señora Doña María, la de Nazaret, la Madre de Jesús, llamado el Galileo? ¿Qué sabe usted?

SABEMOS DE ELLA POCO, PERO MUCHO

Poco en cantidad. Lo único que sabemos de la vida de la Señora María, es lo que sabemos por el Evangelio. No se extrañe de lo que le voy a decir: el Evangelio no es libro de historia como los modernos. Hoy la historia se cuenta con pelos, señales, fechas, estadísticas, fotos, grabaciones, planos... Pero entonces, Y en aquellos imaginativos países orientales, la historia se contaba mezclada con poesías, parábolas, fábulas y refranes. Era historia, pero de otro estilo.

El libro de los Evangelios es un libro de consejos, poemas, oraciones, recuerdos, esperanzas, mezcladas con la historia real.

Lo que sabernos de nuestra Señora María, lo sabemos por el Evangelio. En el Evangelio no se cuenta mucho de ella, pero lo que se cuenta es bonito e importante.

Ella era una campesina desconocida, en un pueblo poco importante, Nazaret, de un país pequeño, Israel, al que las grandes potencias de entonces le habían dado leña por todos los costados: los asirios, los egipcios, los griegos y los romanos habían pasado por allí con sus lanzas como Pedro por su patio. Los americanos y los rusos no, porque entonces no había aviones ni americanos ni rusos... María hubiera pasado desconocida a no ser porque tuvo un hijo «especial».

Especial y normal a la vez. Tan normal era el hijo de María que cuando empezó a actuar de modo especial ella se pegó unos sustos tremendos y tuvo que ir comprendiendo poco a poco a esa joya que le había tocado en suerte.

Hay quien se imagina que María ya lo sabía todo sobre su hijo y que nada le pillaba de sorpresa. Pues no.

El Dios Padre de Jesús no es un Dios que se está continuamente apareciendo entre nubes, rayos, truenos y prodigios, sino un Dios muy callado, muy silencioso, que se nos comunica poco a poco y dentro de la vida más sencilla. Por eso, quienes esperan a un Dios con fuegos artificiales y milagros cada dos días, van listos: o se hacen un lío o dejan de creer en Él. Pero vamos a lo nuestro o a «la nuestra».

LO ULTIMO QUE NOS CUENTA LA BIBLIA

La Biblia no nos cuenta nada de dónde y cuándo murió María. Hay tradiciones y leyendas sobre si estuvo en Patmos con el discípulo Juan, que a la muerte de Jesús se la llevó a vivir a su casa. Otros dicen que vivió en una ciudad de Asia Menor. Pero nada seguro.

Lo último que nos cuentan de ella los «Hechos de los Apóstoles» es que estaba reunida con los discípulos de Jesús. Ellos ya se habían encontrado con Jesús después de haber muerto y resucitado. Estaban empezando a organizarse como asamblea (Iglesia, en griego, quiere decir eso: asamblea) y se reunían en una casa de Jerusalén. Rezaban, hablaban, hacían planes, se organizaban. Se puede leer en los capítulos 1, y 2 de los «Hechos de los Apóstoles». Allí se cuenta que el Espíritu Santo, la fuerza de Dios, que se presenta como si fuera viento y fuego, les quitó el miedo, les hizo abrir las puertas de su casa y echarse por el mundo. Pentecostés, decimos.

El que estuviera allí María es importante, porque son los momentos de organizarse la Iglesia, esa Iglesia que a lo largo de los siglos ha sido tan fiel y tan infiel: una mezcla extraña, como la vida misma.

María no estaba dirigiendo la asamblea. Las mujeres pintaban poco en los cargos públicos y mandar en la Iglesia no tenía la importancia que luego se le ha ido dando. Pero que no digan por eso que la mujer no puede presidir la asamblea, «porque María no lo hizo». Sería como decir que no podemos montar en coche porque Cristo no montó, los tiempos han cambiado y no siempre para mal.

A María la llamamos Madre de la Iglesia y también Hermana de la Iglesia, porque ella es «de los nuestros» y desde entonces ha sufrido con los cristianos todas las aventuras que han pasado durante mil novecientos y pico de años.

UN POCO DE TIEMPO ANTES: LA TRAGEDIA

Para estar allí reunidos en Jerusalén, los discípulos de Cristo tuvieron que pasar por un trago tremendo. Les habían agarrado a su jefe y lo habían condenado. De la Madre del jefe el Evangelio no dice en ese momento más que una frase: que junto a la cruz de Jesús estaba ella con otras amigas. Los hombres, los discípulos, se habían evaporado. Sólo Juan aguantaba aquel terrible trago.

Estar junto a la cruz es como estar junto a la cama del hijo enfermo. Junto a la cama, por lo menos se le puede acariciar la frente y ponerle el termómetro y espantarle las moscas.

Junto a la cruz hay que aguantar las carcajadas de los soldados, ver gotear la sangre sobre las piedras, sentir vibrar la madera con los estertores, pero el Evangelio no lo describe. Sólo dice que junto a la cruz estaba María su madre y otras amigas y Juan y que Jesús le dijo a su madre: «Ahí tienes a tu hijo», y dijo a Juan: «Ahí tienes a tu madre», y que desde entonces María se fue a vivir a casa de Juan. No dice más. Pero lo otro lo deducimos.

LA SEÑORA MARIA Y SU EXTRAÑO HIJO

La madre se había ido recorriendo el camino detrás de su hijo. Al principio, cuando el chico empezó a sacar los pies de las alforjas, ella se asustó. Lucas, el médico evangelista, cuenta que a sus doce años, María y José llevaron a Jesús a la capital a celebrar la fiesta de la Pascua y a visitar el gran templo, el único templo que tenían los israelitas. Y Jesús se les quedó allí y se enrolló en la catequesis pública que daban los maestros, los doctores de la ley. Al encontrarles sus padres, les dio un corte diciéndoles: «Pero, ¿no sabíais que tengo que ocuparme de los asuntos de mi Padre?». Ellos no entendían aquella respuesta. Luego parece que al hijo se le calmó el impulso y volvió a someterse a María y José por algún tiempo.

María quedó viuda. Un buen día, le da otra vez la vena al chico, cuando ya no era tan chico. A sus treinta años se marcha hacia el río Jordán donde el profeta Juan andaba dando gritos, anunciando que se acercaba la liberación de aquel pueblo aplastado... Más tarde hablaremos del susodicho Juan y su familia,

El caso es que María se queda sin marido y sin hijo, pensando en qué manías le daban a Jesús... Y la familia de María parece que empezó a calentarle la cabeza: «que vaya hijo que tienes..., que en vez de quedarse contigo en la carpintería..., que está mal de la cabeza».

Total, que un día anda Jesús hablando por los caminos y le dicen: «Oye, que están ahí tu madre y tus hermanos, que preguntan por ti» (en el lenguaje hebreo hermanos son también los primos, los parientes...). Pero, dice el doctor Lucas, Jesús mira a la gente que le rodea y exclama: «Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen». Otro corte, pienso yo, para la madre.

Nosotros estamos acostumbrados a las influencias familiares. Cuando alguien tiene un tío en el Gobierno, ya tiene las puertas abiertas..., la señora del ministro es la señora del ministro... Pero María no tuvo la vida fácil por ser la madre de Jesús. Un santo llegó a decir que María concibió a Jesús más con la mente que con el vientre, o sea, que no se quedó en el privilegio de ser la madre de la criatura, sino que se tuvo que ir identificando con él, con su misión, con su lucha, con su tragedia. El ser la mamá de..., el cuñado de..., no valen en el Evangelio. O acaso sí valen. Eso le valió a María sufrir desgarrón tras desgarrón hasta tropezarse con la madera ensangrentada en el Calvario.

Ella se fue integrando en el grupo de su hijo y se mantuvo al pie de la cruz, mientras los otros se escondían, y allí estuvo con el grupo de los primeros cristianos cuando se lanzaron a anunciar por el mundo la gran noticia.

UNA POBRE QUE ESPERABA

Para entender a la Señora María, como para entender a Jesús y el Evangelio, hay que conocer un poco más la Biblia, incluido el Antiguo Testamento. María y Jesús pertenecen a ese pueblo de Israel que había sido tan machacado desde hace más de treinta siglos, ese pueblo que había andado por los desiertos en tiendas de campaña y había sentido encima las pezuñas de los caballos asirios, egipcios... En tiempo de María los caballos eran romanos. Para entender a la Señora María hay que comprender que aquel pueblo estaba esperando un liberador, porque aquello era bastante inaguantable.

Los compatriotas de la Señora María se acordaban de aquellos grandes reyes: Salomón, David..., de aquellos valientes guerrilleros: los macabeos..., y esperaban un rey que los liberase de los conquistadores de la época.

Cuando María era una chavalilla e iba a por agua a la fuente de Nazaret... Eso no viene en el Evangelio, pero nadie dudará de que María tendría que ir a por agua a la fuente, porque todavía no se habían inventado los grifos.

Hoy Nazaret es una ciudad asaltada, con comercios, con agua corriente y luz eléctrica. En una de sus calles más concurridas, rodeada de pequeños jardincillos, hay una fuente. Se la llama «la fuente de la Virgen». Cuando Nazaret era un pueblecillo, un pueblín, y algunos decían que un poblado, aquélla era la única fuente del pueblo.

Cuenta el Evangelio de Juan que uno de los discípulos de Cristo se enteró de que Jesús vivía en Nazaret y dijo con ironía: «Pero, ¿de Nazaret puede salir algo decente?».

Pues en Nazaret, en la época del emperador romano César Augusto, cuando Herodes mandaba en Judea y un tal Cirino en Siria y el pueblo les tenía que aguantar a todos, la niña María iba a por agua a la fuente y los sábados a la sinagoga donde escuchaba cosas como:

«El Espíritu del Señor me ha enviado

para anunciar a los pobres la buena noticia

y proclamar la liberación de los presos

y la vista a los ciegos

y la libertad a los oprimidos...»

Y la niña María y los demás asistentes pensarían mientras rezaban: «¡Cuándo caerá esa breva!». Y cuando la niña María ya estaba novia de José, el carpintero-herrero-albañil (la Biblia no dice que José era carpintero sino «tekton», que es una especie de chapuzas que hacía de todo en el pueblo; pero eso es igual), pasó lo de la anunciación. Y eso merece otro capítulo.

SE ACABO EL ANTIGUO TESTAMENTO

Se acabó y no se acabó. Ese pueblo, que esperaba un gran general que le librase del César romano, no se movió cuando María recibió el anuncio del mensajero. Aclarémonos y no se escandalicen. ¿Cómo se lo explicaré para que no me entiendan mal? Lo intentaré.

Los pintores pintan el ángel Gabriel con una túnica que debió costarle un dineral, con unas alas blancas blanquísimas atravesando cortinas y columnas para anunciar a María... María, con manto bordado de importación italiana, leyendo un libro con cantos dorados (cuando entonces no había libros así y María acaso no sabía leer, porque en aquella época leer era un privilegio para algunos hombres).

Los pintores tienen mucha imaginación y hacen bien. Pero María era una campesina pobre, su casa sería una especie de chabola de adobe con techo plano, con una o dos habitaciones donde se metían también los bichos domésticos. ¿Y el ángel? Ángel en la Biblia es un mensajero de Dios. A veces se emplea esa palabra para indicar a Dios mismo cuando habla a alguien; y Dios no habla con palabras.

El ángel no tiene ni cuerpo ni túnica ni plumas... O sea, que no sabemos cómo fue exactamente la anunciación; desde luego no fue como lo pintan los pintores. El que María tuviera una llamada de Dios es lo importante, que recibiera una misión para engendrar y cuidar al Hijo del Altísimo.

Lo importante es que María tuvo un encargo tremendo de parte de Dios. ¿Cómo fue el anuncio? No sé, ni me importa. Lo que importa es que lo tuvo y que ella lo aceptó. Aunque no lo dijera en voz alta, lo dijo con toda su vida. Es lo que el médico-evangelista Lucas dice que dijo María: «Aquí tienes a la esclava del Señor, que se haga lo que has dicho».

No sabía bien en qué lío se había metido. Lo fue viendo poco a poco, como todos nosotros, que nos comprometemos alegremente a algo y luego la cosa es más dura de lo que esperábamos. Pero, a pesar de todo, seguimos adelante, como ella, hasta el Final.

DE VISITA

Lo que sí sabía María es que ella esperaba un Salvador para el pueblo. Alguien que ofreciera una vida distinta de la que allí corría. Porque los tiempos de la niña María eran malos: los romanos dominando al pueblo, los jefes del pueblo de Israel haciendo la pelota a los romanos, los cobradores de impuestos chupando el dinero al pueblo, los soldados aplastando cualquier protesta, los sacerdotes dándose la vida padre a costa del pueblo, los doctores de la ley inventando cada día leyes y pecados nuevos, los fariseos con cara de vinagre dándoselas de santos, los mendigos, los leprosos, los esclavos arrastrándose por los caminos frente al desprecio de los otros y la niña María y los otros niños yendo por agua a la fuente y mirando a lo lejos por si veían llegar al Salvador de Israel.

Dice don Lucas (medicina general y evangelista) que María se fue de Nazaret a las montañas de Judea (échele ciento y pico kilómetros a pie o en burro) para ver a su prima Isabel que iba a ser madre de Juanito, el que de mayor iba a bautizar a la gente (bautizo con su cursillo de preparación y todo).

Dice también que al llegar allí doña Isabel le soltó a doña María una cascada de bendiciones y felicitaciones y entonces... El doctor Lucas nos transmite las palabras más largas que en todo el Evangelio dice la Virgen. Es una poesía.

Pero antes quiero hacer otra aclaración. Se pueden suponer que esas palabras no las diría la Señora María al pie de la letra. El Evangelio no es una crónica histórica al estilo moderno. Los que escribieron la Biblia contaban las cosas al estilo de la época y ponían en los labios de los santos y los profetas frases que acaso no habían dicho, pero que reflejaban sus pensamientos. Además, esa poesía repite frases de otro poema del Antiguo Testamento (lea el cántico de Ana en el libro primero de Samuel, el capítulo dos y verá).

«Dijo María»... Y Lucas refleja en esa poesía los sentimientos que, aunque no dijera en voz alta, tenía María en el corazón. Porque en varias ocasiones dice también Lucas: «María conservaba todas estas cosas, pensándolas en su corazón» y eso es claro y natural.

EL CANTO DE LA REVOLUCION

Decía un ministro francés que menos mal que los cristianos cantan el «Magnificat» en latín y no se enteran de lo que dicen. Que no se preocupe el «mesié», que hoy lo cantamos en nuestra lengua y tampoco nos enteramos.

El «Magnificat» es el cántico de María. En un pueblecito de los montes de Judea -Ain Karim-, donde María fue a buscar a Isabel, el cántico está escrito sobre un muro en hebreo, francés, español, inglés, etc. Pero seguimos sin enterarnos. El cántico dice así:

«Todo mi ser celebra lo grande que es el Señor

y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador

porque se ha fijado en mí, su esclava tan humilde,

y desde ahora toda la gente me va a felicitar

(y tuvo razón. Desde hace veinte siglos

¡cómo se ha cantado y felicitado a la "esclava del Señor"!

Pero seguimos)

Porque el Poderoso ha hecho en mí cosas estupendas.

Reconoced que su nombre es santo

y sus favores llegan en todas las épocas

a todos los que le respetan.

Su brazo llevó a cabo hechos heroicos.

Arruinó a los de corazón soberbio

sacó a los poderosos de sus tronos

y puso en su lugar a los humildes

llenó a los hambrientos de bienes

y a los ricos los despidió sin nada.

Tomó a su pueblo de la mano

demostrándole su misericordia.

Esa fue la promesa que había hecho a nuestros padres

y que reservaba a Abraham

y a sus descendientes para siempre».

Fuertecilla la cosa, ¿no? Estas expresiones del Evangelio, más que contar el pasado anuncian el futuro, es decir, cantan, gritan el deseo y la esperanza del mundo nuevo que traía a los hombres ese nene que se movía en el vientre de María. Por eso el cántico de María en los montes de Judea empezó a realizar se desde el principio.

No hará falta contarles cómo María, embarazada, y José volvieron a recorrer los ciento y pico de kilómetros hasta Belén para empadronarse, por un capricho del departamento romano de estadística. Cómo no encontraron pensión y María dio a luz en una cueva de las afueras y no se enteró nadie más que unos pastores (gente bastante despreciada en el país) que andaban por los alrededores. Cómo anduvieron de emigrantes por aquellos mundos hasta que volvieron a establecerse en Nazaret.

Luego, el niño -dice Lucas el doctor- era obediente y crecía en edad y cada día era más listo, más simpático, más bueno..., y todo eso que dicen las madres de sus hijos. Hasta que a los treinta años dejó a su madre... Lo demás ya lo hemos contado.

LA VIEJECITA SEÑORA MARIA

Que yo recuerde, sólo hay un cuadro famoso donde se pinta a la Virgen María viejecita y arrugada. Lo pintó Mantegna y lo pueden ver en el museo del Prado: «La dormición de María». María en el momento de su muerte, rodeada de los apóstoles. Destaca su rostro de anciana, consumido por los años y los dolores.

Nuestra Señora María, mientras los apóstoles se iban por el mundo a contar a todos lo de Jesús, iba envejeciendo suavemente en casa del amigo de su hijo. Ella daría vueltas y vueltas a sus recuerdos. Es normal que los primeros cristianos fueran a casa de María para que les contase sus recuerdos de Jesús.

El hecho es que María, cargada de recuerdos y viviendo los primeros pasos de la Iglesia, se fue acercando a su «dormición». No sabemos cómo fue, pero... pero...

ALLI NO TERMINÓ TODO

Allí empezó lo de la Señora María y nosotros. Ya lo había dicho su cántico: «Me llamarán feliz todas las gentes de todos los siglos».

La Iglesia habla de «Asunción». Dice el diccionario: asunción, acción de asumir. Asumir, tomar para sí. La gente se la imagina -con ayuda de Murillo- subiendo al cielo entre nubes. ¡Cuidado! Asunción no es ascensión.

El Señor la «asumió». Se la llevó para sí. Mucho cuidado con eso del cielo. Lo que llamamos «cielo» es otra manera de vivir, que supera nuestra vida tan achuchada. Unos piensan que ese «cielo» se encuentra sólo después de la muerte. Otros piensan que el «cielo» sólo se consigue aquí en la tierra haciendo una revolución que destruya todas las injusticias y los males.

El mensaje de Cristo -aunque lo olvidamos- dice que «las dos cosas»: que hay que luchar por un mundo justo y feliz y esperar otra vida que supere ésta. Que una vida de amor entre todos, luchando por cambiar las organizaciones injustas y atendiendo a los derechos de los débiles, puede transformar la perra vida de aquí y abrirnos a otra vida después de la muerte.

Dicho esto, voy a contarte una leyenda de los cristianos de oriente. Cuentan que Andrés -que fue, según parece, el apóstol que murió el último- se fue al «cielo» y, naturalmente, después de saludar a las altas jerarquías, buscó a sus amigos y compañeros: «Pedro, jefazo, ¿qué tal?». «Hombre, Tomás, ¿ya te lo acabaste de creer?». «Pero, Juanito, te encuentro tan joven como siempre». ¿Y la Señora María? No la veo por aquí». «Colega, ¿no lo sabes? La Señora María se ha bajado a la tierra a ver si la arregla un poco, ya sabes cómo es».

Me gusta la leyenda. Cuando el hijo de la Señora María predicaba por los caminos, insistía en una sola cosa: «Cambiad todo y todos, porque viene a vosotros el Reino de Dios». Con el Reino de Dios pasa como con el cielo. No se trata de huir de este mundo. El Reino de Dios es cambiar esta tierra y esperar un futuro en que veamos a Dios cara a cara.

Los cristianos hemos utilizado a veces la religión para evadirnos de los problemas de aquí y no rebelarnos ante las injusticias, «porque como luego hay otra vida...». Otras veces hemos utilizado la religión como una escalera para subir al poder... Eso no es buscar el ciclo ni el Reino de Dios. Eso ha hecho mucho daño y el daño lo ha sufrido también la Señora María.

No nos interesa una Señora María entre nubes ni con corona de brillantes sentada en un trono. Queremos a la Señora María cerca. En el Pozo del Tío Raimundo tienen la Virgen Gitana con su pañolón sobre los hombros y el niño a la cadera. Está bien que cada pueblo se la imagine como las mujeres de su tierra, como las mujeres que montan por las mañanas en el autobús, que van a barrer suelos o a la compra, que siguen esperando, como ella, la liberación de todos los aplastamientos.

María, Madre de la Iglesia y Hermana en la Iglesia.

María Reina..., mejor, María servidora. Y hemos vuelto a donde habíamos empezado, a pedir que nos devuelvan a la Señora María los que la hayan escondido detrás del poder. No es que la hayan secuestrado, no pueden secuestrarla, sino que la han escondido. Pero nosotros, en este papelillo, hemos dado sus señas de identidad. Es muy fácil encontrarla. Si la encontráis, avisadnos. Lo celebraremos juntos.

Con uno como tú tenemos bastante

Lo perdí. Y tenía que haber hecho mil copias. No recuerdo el dibujo, pero sí el texto: “No quieras que todos sean como tú. Con uno como tú tenemos bastante”. Maldita tentación de ponernos como modelo de todo. Cuántas veces no hemos criticado a alguien diciendo: fíjate lo que hizo cuando… sin embargo yo…

Dios nos ha hecho diferentes. Muy distintos. Y la uniformidad es aburridísima. Lo que enriquece es sabernos distintos. Por mentalidad, físico, experiencias vitales, ritmos de vida, valores.Y aguantarnos, querernos y entender que el otro me aporta posiblemente justo eso que me falta.

Si todos fueran tan activos como tú, aquí no se podría vivir.

Si todos fuéramos tan tranquilos, no se haría nada.

Si no hiciéramos más que rezar como te gusta, la casa patas arriba.

Si no dejásemos de trabajar a lo bestia, que falta de silencio para el interior.

Te regalo mi forma de ser y entender la vida. Más activo que contemplativo, más racional que místico, un tanto soñador a la vez, con tendencia a la comodidad al mismo tiempo, con mis ciclos anímicos que de vez en cuando me bajan la moral y me hacen sentir nada. Quiero que me aceptes así. Pero con uno como yo ya tenemos bastante.

August 13

No me gusta nada el himno a la patrona de mi pueblo

Dios te salve patrona del pueblo

Miraflores entero te aclama

Y de hinojos a tu pecho llama

Suplicando clemencia y perdón.

No desoigas, oh Madre, este canto

Que hasta ti va saliendo del pecho.

No desoigas, oh Madre, este ruego

E intercede por nos a tu Dios.

Que eres Madre la rosa fragante

La más bella y de más fino aroma,

Tú eres Madre la blanca paloma

Que hasta el cielo radiante subió.

Danos fuerza, Señora, en la vida

Para no desviar el camino

Que derecho nos lleve a tu Hijo

Para siempre gozar de su (¿tu?) amor.

 

Lo he cantado desde niño. Por eso me sigue emocionando. Un himno relativamente reciente, de los años 50. Me emociona porque me recuerda cosas, me trae a la memoria mi niñez, evoca un pasado desde luego feliz.

 

Pero, entre nosotros, si pienso detenidamente la letra, tengo que decir que no me gusta nada. Y me explico. Insisto. Es la patrona del pueblo, pero la letra no me convence.

 

Para empezar no me gusta ese afán de los cristianos  de colocarnos siempre en la culpabilidad, la penitencia, los ojos bajos, la petición de clemencia. No me gusta imaginar a los hijos desgarrando su corazón ante su madre. Yo creo que no soy perfecto. Que nadie lo somos. Pero tampoco creo que se nos pida a los humanos llanto continuo por nuestros fallos. Me parece enfermizo.

 

Pero tampoco me gusta eso de “tu Dios”. Coñe. Y el nuestro. Por el bautismo somos sacerdotes, es decir, capaces de celebrar el culto, de rezar, de presentar a Dios nuestras súplicas. Somos profetas: llamados a proclamar la Palabra de Dios. Somos reyes: llamados a servir a los demás, de manera especial a los más pobres. Como hijos de Dios podemos, debemos, hablar con el Padre cara a cara. Decir “tu Dios” es como decir “no me atrevo a hablar con Dios… necesito alguien que lo haga por mí”.

 

Eso sí. Yo le pido a María, la Virgen, ayuda y estímulo para no decaer en ese caminar continuo que nos lleve al gozo de Dios. Y cuando canto el himno, miro a la Virgen de la Asunción y nos entendemos. Ella me dice… cosas de la época, y me sonríe. Yo le digo… lo sé, Madre, y con esa certeza lo canto. Pero, reconóceme, Madre, que se pasaron. Y soltamos la carcajada los dos.

August 12

Enriquecerse con la espiritualidad de otros credos

Yo creo en el Dios único. Y como yo la gran mayoría de la humanidad. Dicen que hay tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. Y otras en las que la unidad de la divinidad está como más difusa, como las religiones que llamamos “orientales”: budismo, hinduísmo…

Lo que es cierto es que he ido descubriendo cómo las personas intentamos vivir, experimentar y expresar nuestra fe religiosa. Modos que no dejan de ser formas concretas de acercamiento al absoluto y que deben ser objeto de un total respeto. Me sorprende cómo hay católicos que se niegan a entrar en una mezquita, como si fueran a contaminarse. También los he visto que no se acercan al muro de las lamentaciones o que huyen de la meditación zen o el yoga como si uno fuera a perder su identidad.

Yo soy católico. Y como católico tengo mis ritos, oraciones, liturgia propia, mis escrituras. Y creo que ahí está el ideal del encuentro con Dios. Pero no me niego, todo lo contrario, a entrar en una sinagoga, o una mezquita y rezar ahí y pedir al Dios único que nos guarde, ilumine y proteja. Y creo firmemente que tenemos mucho que aprender de la espiritualidad oriental frente a nuestra religión tan estructurada y falta de espíritu y sensibilidad.

No sé nada de espiritualidad oriental. Apenas alguna sesión de yoga que me hizo bien. Pero creo que integrar en nuestra experiencia de fe y religiosidad elementos de otras experiencias no sólo no daña sino que enriquece.

Dios es único. Y no creo yo que se moleste si le rezo de una forma o de otra. Y Nuestro Señor Jesucristo supongo que no se enfadará especialmente si un día me descubriera recitando mantras, leyendo el Corán o encomendándome a su Padre Yahvé.

No quiero decir con esto que haya que hacer un pastiche en la vida de cada uno. A mí me parece que eso al final acaba en gazpacho mental. Y que es mejor emprender un camino claro, el que sea. Pero insisto, he rezado con devoción en el muro de las lamentaciones de Jerusalén y he colocado un papel con mis peticiones. He visitado mezquitas, descalzo, y no sólo como turista, sino haciendo una pausa para orar sintiéndome en comunión con el islam, necesitado de purificación como nosotros. Y no conozco prácticamente nada de espiritualidad oriental, pero lo que sé es que tiene mucho que aportar a los cristianos.

Y soy sacerdote católico. Y creo en la palabra, en la escritura. Y celebro los sacramentos. Pero me niego a aceptar que las experiencias espirituales de otros grupos o creyentes deban ser rechazadas por completo. Llevan a Dios y algo de Dios tendrán.

Todavía recuerdo a Juan Pablo II rezando con líderes religiosos del mundo entero. Pues a ver si aprendemos.

August 10

El erotismo del tranvía

 

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Hace unos días un buen feligrés me hablaba de lo difícil que era hoy ir a la piscina o a la playa con hijos adolescentes. El problema, evidentemente, el top-less y el nudismo que se te cuela en cualquier parte. Y eso, claro, le preocupaba.

Tengo que reconocer que a un servidor, célibe, y que me considero hombre normal, le trae sin cuidado que la gente en la playa este vestida, semi-desnuda, desnuda o disfrazada. Vamos, que no me altero. Para mí no hay nada menos erótico y sensual que gente bañándose en la playa. La naturalidad es lo que nos hace ver las cosas así, como son.

Lo malo no está en la gente que se desnude más o menos. Lo malo lo tenemos en la cabeza. Tanto, que un pecho de señora al aire pueda sacar de dentro los instintos más primarios. Si a alguien, por ver a una señora en top, o un señor escasito de tapadera, se le suliveyan los instintos, mal andamos.

Me acuerdo que me contaban que mi abuelo –a principios del siglo pasado- se iba a las paradas del tranvía para ver tobillos de señora. Hoy se ven tobillos por todas partes y nos trae sin cuidado. En los tiempos de postguerra los hombres se bañaban con trajes que cubrían también el pecho. Y las señoras con trajes con falditas y pololos. Y era obligatorio el albornoz según se salía del agua. La cosa del erotismo que nos invadía.

Hoy ni los más puritanos se asustan viendo señores con trajes de baño más o menos ajustados o señoras con traje de baño entero o bikini. Es decir, que lo del erotismo es más problema de obsesión personal que de centímetros de carne.

Me daría pena volver a los centímetros. Es decir… para que una persona esté en la playa o la piscina de forma púdica, debe llevar tapado al menos hasta…

¿Y yo que creo que lo que tiene mucha gente es una obsesión por las cosas del sexo que todo le hace pecar? Y si la cosa viene de dentro de la cabeza no hay arreglo, siempre aparecerá el sexo removiendo el interior.

Y el problema de los hijos adolescentes no está en los trajes de baño de los demás, sino en las hormonas que se alborotan porque es lo que toca en ese momento. A un chaval adolescente le saca de quicio una escoba bien formada. A una niña unos pantalones en el tendedero. 

En fin… que no terminamos de arrancar.

Y me confieso de ir a la playa. Y de que me importa un bledo cómo vaya vestida o sin vestir la gente. Y que sé distinguir lo que es un cuerpo bonito. Bendito sea Dios que tanta belleza regala. Pero vamos, que no me paso las vacaciones a base de duchas de agua fría. Ni me alteran los tobillos que alegraban el corazoncito de mi abuelo.

La cosa es otra. Es ver a los demás como seres humanos. No como simples objetos de deseo.

Así que no se puede ir a la playa…

Por cierto… hace unos días vi en la prensa una foto de dos gitanas muertas en la playa mientras un grupo de gente seguía tomando el sol con tranquilidad. Tienen razón. Es que ya no se puede ni ir a la playa. Ni tomar el sol te dejan.

August 09

Quiero desnudarme y que conozcáis mis miedos

Evangelio de este domingo. Los apóstoles con miedo por la tempestad. Y Jesús que les dice: "¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

Hoy muchos dirán que vivimos momentos difíciles en la iglesia, que corremos grandes peligros. Yo tengo mis miedos, pero no sé si todos tememos a lo mismo. Yo quiero contaros mis temores... Son los míos. Nada más.

No me da miedo que nos den de leches por ser fieles a Jesús. Bienaventurados cuando os persigan. Me da miedo que nos las llevemos por infieles, por cómodos, por políticos, por listillos. Y más miedo que pasen de nosotros. ¿Tan poco tenemos que ofrecer?

No me da miedo la creatividad en la liturgia ni las pequeñas licencias que uno se permite. Me aterran las misas convertidas en un acto de devoción más por más "exactamente" que se digan. Si la misa no nos envía a transformar el mundo es una devoción. Pena.

No me importa que las religiosas vistan de mujeres, y los curas y religiosos de hombres. Pero me daría pavor que se olvidasen de ser hombres y mujeres y se convirtieran en angelitos que viven en sus cielos.

Me preocupa poco la moral de prohibido y permitido. Y no me preocupan nada las normas de puro derecho positivo. Pero sí creo en la confianza absoluta en Dios, en su providencia, en su amor. Y creo en una fe que se vive y celebra en comunidad. Y creo en una fe y una moral huecas si no transforman el mundo.

Me importan un bledo, o por lo menos medio, los llamados privilegios históricos de la iglesia. Me da temor, terror y pavor que los pobres sean una colecta o un horario de caritas, y eso con suerte.

No me importa ver a la gente vestida o desnuda. Me quedo tan tranquilo. Pero me da pena tener una visión tan torcida del hombre que un trozo de piel al aire nos suponga tentación y casi nos lleve a pecar irremisiblemente. Pobres corazones tan sucios.

No me da miedo ir a la parroquia cada tarde para encontrarme solo. Ayer tres en misa. Me preocupará el día en que diga... para tres no vale la pena.

No me da miedo que estas líneas las lea cualquiera. No me importa que las lea mi obispo. No me da miedo contarle cómo vivo. Me asusta el no ser sincero con él, el vivir con dos caras. Me preocupa la obsesión por lo políticamente correcto para quedar bien.

Pero tampoco me preocupa ni me da miedo el intentar vivir lo que me manda mi iglesia aunque algunas cosas no las entienda. Sería terrible creerme el dueño de todo, el listo de todos, el mejor.

Feliz sábado. Y siento quizá un post un tanto caótico. Gracias por aceptarlo así.

August 08

No tengo yo otra cosa que hacer que comerme el tarro con el celibato

Sólo se ve la parte de las renuncias. Así que cura… por tanto no a las mujeres. Por tanto fraile, así que a renunciar a los bienes y a aguantar lo que mande el jefe, y mujeres tampoco, claro… Pues vaya plan.

Hombre, es que entendido así, efectivamente vaya plan. Es como si al preguntase por un futuro matrimonio, a alguien le decimos: pues ya sabes… se acabaron las juergas, a aguantar a la prójima o al prójimo toda la vida y si no te va bien, te jorobas.

El otro día estuve hablando con R. Veintidós años. Y en septiembre entra en el seminario de Madrid. Y entre otras cosas me preguntaba por el celibato y por la dificultad de vivir solo.

Yo lo que le planteaba es que no se fije en las renuncias, sino en el proyecto. Que piense en la labor que podrá hacer como sacerdote. Que se ilusione con los niños y los jóvenes a los que va a animar en su camino. Que empiece a gustar lo que será ofrecer los sacramentos a la gente. Yo quiero que R. se sienta motivado para ser el bálsamo de los pobres, el consuelo de los tristes, alguien para ofrecer el amor de Dios a las personas.

Y a partir de ahí las consecuencias son claras. Te va a importar tanto esto, que te va a dar igual ganar mucho que poco –que ganarás poco-. Te va a importar tanto la gente, que serás libre para acudir allí donde tu obispo te pida por mayor servicio a las personas y a la iglesia. Vas a gozar tanto con tu ministerio, con tu servicio, que entenderás que debes ser libre del todo para acudir a todos.

Y seguí: “No te agobies ni por el dinero, ni por el celibato, ni por obedecer a tu obispo”. Eso sí, haz de tu vida un don para todos, que todos encuentren en ti un corazón abierto las 24 horas. No dejes de ser hombre, de ser varón, de vivir tus compromisos como un hombre, con toda tu energía. El problema, amigo R., que has decidido ser cura, no es a qué renuncio ni qué obligaciones adquiero. El problema es decir: Señor, soy tuyo. Y por ti me voy a entregar cada día por los hombres hasta desgastarme por ellos.

Todavía le dije más. Y no te preocupes si un día caes. No te angusties por los fallos que tendrás como humano. Preocúpate el día que te descubras comodón, trepa, aislado de las personas, más pendiente de tus cositas que de la gente. Preocúpate si te vuelves vago, si te obsesiona el dinero, si pones mil disculpas para que te dejen en paz, si tu disponibilidad comienza a reducirse. Comienza a asustarte si eres más funcionario que hombre de Dios. Entonces algo grave está pasando.

Después de eso, por favor, no me identifiquen lo de cura con jorobarse por el celibato. Es un proyecto de entrega. ¿Me explico?

R., amigo. Bienvenido al gremio!

August 06

El anacoreta y la ducha (con permiso de Joan Josep)

Recibió el cura una carta del anacoreta: "si en estos calores celebras con casulla, al menos ten cuidado de beber mucha agua y dúchate al acabar la misa".

El cura fue a la cueva del anacoreta y le dijo:

- Me gustaría tanto poder beber un vaso de agua fresca y tomar una ducha al acabar... pero en mi prefabricado apenas tengo un lavabo de emergencia y el agua sale caliente. A pesar de todo bebo porque tengo que hacerlo.

El anacoreta no dijo nada. Quedó en silencio. Pero pensó:

- Realmente damos tantas cosas por sabidas que acabamos equivocándonos. Damos por supuesto que en cualquier lugar hay agua fresca y una ducha disponible. Pensamos que cualquier persona es feliz y tiene todo lo necesario para vivir con dignidad. Creemos que no hay problemas en los matrimonios o entre padres e hijos. Nos parece elemental que todo el mundo viva con normalidad y disponga de lo que nosotros tenemos. Pero lo cierto es que debajo de los rostros sonrientes que la gente muestra por costumbre hay dolor, carencias, dificultades, incomodidades, llanto que nadie conoce.

Y siguió reflexionando: Tendríamos que preocuparnos más por los otros, mantener una mayor actitud de escucha y de interés por lo que pasa a cada hombre. Saber el dolor de cada uno. Y  hacer que en esa carencia sienta que los demás lo comprendemos y estamos a su lado, aunque no podamos arreglar nada.

El anacoreta ofreció agua de su jarra fresca al cura y le dijo: que no te falte nunca el agua viva que salta hasta la vida eterna. Y de la otra, aunque sea medio caliente, bebe, que te deshidratas. 

August 04

Misa a 35º

Prefabricado de chapa.

El aire acondicionado se ha muerto. Y para poco más de un año que nos queda hasta inaugurar el nuevo templo, hemos decidido mantenimiento cero.

La temperatura en el interior del templo estos días se nos pasa de los 35º. Así que abrimos todas las ventanas y lo tomamos con deportividad. Y para mayor INRI, a un servidor, mientras celebra misa, le entra el sol por la ventana-cristalera que hay tras el altar y le va caldeando la espalda. Alba, estola, casulla, el sol en retaguardia y 35º. Esa es nuestra realidad en este verano calentito.

El otro día me han ofrecido un mini aparato para colocar en el altar y refrescarme. Pero no me parece serio. Aquí nos torramos todos.

Eso sí, en el despacho tenemos un aparatillo mínimo de aire acondicionado. Al menos las largas horas del día que pasamos ahí son más llevaderas. Pero si alguien quiere saber lo que es una cálida celebración... ¡Le espero!