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日志


9月30日

Tres bautizos muy especiales

Se pueden hacer ritos o se puede vivir la alegría de unos nuevos cristianos. Ayer tuvimos tres. Distintos, pero en todos ellos la humanidad y el cariño que son, en defintiva, los ingredientes que nos hacen de rdad gente de bien.
El primero fue por la mañana. No pude estar. Lo hizo un sacerdote amigo de los papás, un cura de esos capaces de acompñar a una familia y estar a su lado ayudándoles a vivr en cristiano cada acontecimiento. Me dejó una nota de agradecimiento y mira por dónde resulta que yo ya había leído cosas de él... una buena experiencia. Es como reencontrarse con un viejo amigo. Ayer mismo le mandé un correo. Necesitaba mandarle un abrazo desde esa cercanía que surge de leer, de seguir una trayectoria, aunque no haya un conocimiento personal. Vuelve, Juan, cuando quieras. Sabes que estás en tu casa.

Por la tarde, dos bautizos más. Rebeca y Miguel. Por cierto, de Miguel ya había hablado yo por aquí. Aún estaba en el vientre de mamá y un domingo en misa, explicando el texto de Jeremías “Antes de formarte en el vientre te conocí; antes que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones" pedí si había alguna embarazada. Y con su mamá, embarazada, a mi lado, enseñaba ese futuro que era apenas un vientre henchido de vida. Pero en ese vientre ya se estaba haciendo presente el amor de Dios. Recuerdo que les hablaba a los niños de que cuando aún estábamos dentro de mamá ya Dios nos quería y pensaba en nosotros.

Papás, abuelos, tíos, hermanos y primos. Y una ceremonia donde todos gozábamos del don de Dios que hacía de esos dos críos dos hijos, dos miembros de la iglesia.

Repartimos las tareas. Unas palabras de bienvenida de los papás de Miguel. Una lectura de un primo de Rebeca. El salmo, una prima de Miguel. La oración de los fieles, entre las dos familias. Y al final, lo más bonito: los tres hermanitos de Miguel –qué tres personajillos- dando gracias a Dios por su nuevo hermano y por la niña que también acababa de bautizarse.

Se pueden hacer ritos obligados. Se puede también ir descubriendo en cada detalle cómo la vida de Dios se va haciendo presente no sólo en dos críos, sino en dos familias que gozan ante las maravillas de Dios.

Qué grandeza ese derramar agua sobre sus cabecitas. Qué expectación al ungirles con el crisma, que les consagró como sacerdotes, profetas y reyes. Y qué cara la de los críos cuando dimos esa velita encendida que significa la fe que se llevaban a casa en los pequeños.

Lo más importante no es hacer ritos exactos. Lo verdaderamente complicado es hacer que el ritual sea de verdad un ritual tan vivo que llegue a emocionar y a hacer vibrar a cada uno de los asistentes porque ahí está presente el mismo Cristo.

Es el cada día. Es nada. Es eso “hoy tenemos bautizos”, pero es un eso que puede hacerse como el que cumple con su trabajo, o puede hacerse convencidos todos de que ahí está ocurriendo algo grande. Y ayer lo pudimos celebrar porque todos quisimos que así fuera. Un día grande. Tres nuevos cristianos. Nada más y nada menos.

9月27日

A eso se le llama cachondeo

Somos así. Pero me ha llamado la atención el escaso eco de las palabras de Benedicto XVI en la audiencia general de ayer miércoles. Hablaba de San Juan Crisóstomo, y hablaba de las exigencias de la justicia y la solidaridad.

Y nos recordaba cosas tan impresionantes como que “En otras palabras, Crisóstomo comprendió que no es suficiente hacer limosna, ayudar a los pobres de vez en cuando, sino que es necesario crear una nueva estructura, un nuevo modelo de sociedad; un modelo basado en la perspectiva del Nuevo Testamento”. Es así. No basta con acallar conciencias con una limosna más o menos generosa. Obligación del cristiano será construir una nueva sociedad, lograr un cambio de estructuras tan radical que las enseñanzas del Nuevo testamento impregnen la convivencia entre los hombres. Cambio de estructuras. Y puede sonar a marxismo. Pero es que, nos lo dice el papa, no basta con la limosna. No basta en absoluto.

Y también habría que recordar otras palabras que Benedicto XVI desgranó hablando sobre san Juan Crisóstomo: “Para protestar por el aumento de los impuestos, los ciudadanos de Antioquía derribaron las estatuas del emperador Teodosio I», relató Benedicto XVI. Cuando san Juan Crisóstomo supo que el emperador romano pensaba castigar al pueblo por su revuelta, decidió intervenir personalmente y realizó su «vibrante homilía de las estatuas», con la que convenció a los ciudadanos para que volvieran a someterse a la autoridad imperial y acabaran con sus revueltas. Asi lo leo en el periódico “La Razón”. Y en el mismo artículo se recuerda cómo “ya en 1956, el entonces Papa Pío XII afirmó que los católicos debían cumplir con su «obligatoriedad fiscal», puesto que todos los ciudadanos tienen el deber de soportar una parte de los gastos públicos.”

Me sorprende el escasísimo eco que han tenido estas palabras del papa: “Hay que pagar impuestos”; “No basta con la limosna, se hace necesario crear una nueva estructura”.

Supongo que los más conservadores hubieran publicado las palabras en letras de oro si se hubieran referido al aborto, a las relaciones prematrimoniales, o a los ornamentos de la misa.

Supongo al ala progre feliz porque se habla de estas cosas.

Al final ocurre lo de siempre. Cada uno agarramos las palabras del papa por donde nos conviene.  

Y a eso se le llama cachondeo.

Si todos leyeramos y aplicáramos la doctrina íntegra, y con la misma intensidad otro gallo nos cantara. Pero el hombre es débil y acabamos con lo que nos conviene. Es práctico. Pero es muy poco serio.

9月25日

¿Así quería Jesús la Eucaristía?

 

Teníamos, tenemos, demasiados miedos.

Y sentimos terror al pensar por nosotros mismos. Sólo nos sentimos cómodos con las cosas atadas y bien atadas.

Y fueron surgiendo el derecho, y los cánones, y los decretos, y el decreto que aclara el decreto primero.

Cristo celebró su última cena entre un grupo de amigos. Y pidió hacer “ESTO” en su memoria. (Por cierto: ESTO... es apalabra simple y mágica… ¿qué encierra? ¿Sabe alguien exactamente qué significa?

No sé si Cristo hoy vería reconocida su cena en la misa de cada día.

Y sé que los hombre necesitamos signos, y normas, y concreciones que nos ayuden a vivir y celebrar.

Y a la Cena del señor se añadieron tantas cosas. Unos vestidos curiosos y extraños que nada tienen hoy que ver con lo que cualquiera viste y calza en esta Europa nuestra.

Y un vino que apenas es vino y que nadie bebe de veras al cual le añadimos agua ¡hasta con una cucharita se medía para no pasarnos ni en más ni en menos! Y el pan no parece pan. Galleta lo llaman los niños, siempre más espontáneos.

Una cena en la que se comía y bebía, se hablaba y se mascaba el miedo de un final irremediable.

Una cena en la que el silencio gana, sólo habla uno y no se teme nada, tal vez porque los cristianos de hoy nos hemos resignado a no luchar y nos hemos resignado a que las cosas no van a cambiar, y por tanto no merece la pena el esfuerzo.

La Cena de amigos se trocó en rito perfectamente reglamentado.

Y la celebración de la Pascua –muerte, vida, resurrección, reino- en rito piadoso.

Cada día celebro la Eucaristía. Y lo hago conforme al rito y la herencia de la historia.

Pero cada día le pido a Dios: que sea tu Eucaristía, que esto sea cena de amigos, que sea impulso para la Eternidad, que nos haga arder por amor hasta quemar el mundo y dejar que brote algo nuevo.

Pero no puedo dejar de sonreírme con el peso de ¿la tradición? ¿las tradiciones? Cuando me veo vestido de no sé qué…, consagrando un pan y un vino que parecen cualquier cosa menos eso, con una “vajilla” que vaya usted a saber de dónde salió. Me hace gracia.

Claro que sé el origen de cada cosa. Y el sentido que tenía o que le hemos dado posteriormente. Claro que entiendo la celebración. No sólo la entiendo sino que así la celebro y la vivo.

Pero… ¿Y mis señoras de vida ascendente? ¿Y los críos que abarrotan la misa de las 12?  ¿Y esos hermanos que andan escasos de cultura y formación? Sé que mi obligación es explicárselo. Pero algo sucede con la celebración de la Eucaristía si para que la gente la entienda y la viva es necesario hacer un master en liturgia, otro en historia, otro en teología de los sacramentos.

Con menos lo celebró Jesús. Con mucho menos lo entendieron los apóstoles. Y fue una misa viva. Tan viva, que dio a luz a lo que nosotros hoy estamos celebrando.

9月22日

Mi amigo Amós

Amós es un profeta simpático. Pastor y cultivador de higos de profesión. Muy lejos de un profetismo “oficial”, “de pago” que también existía. Los profetas de pago acudían a los grandes santuarios a predicar, y, evidentemente, procuraban no molestar a los fieles para garantizarse una nueva invitación y un nuevo donativo.

Pero hete aquí que un día el sacerdote Amasías, responsable del santuario de Betel, decide invitar al bueno de Amós, que no debía nada a nadie ni era profeta de profesión, sino por auténtica vocación. Y se le soltó la lengua.

Y se atrevió a decir cosas como estas: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones”. Y otras aún más “gordas”: “Escuchad esta palabra, vacas de Basán, que oprimís a los débiles, que maltratáis a los pobres… he aquí que vienen días sobre vosotras en que se os izará con ganchos…” Y todo esto dirigido a las señoras de alcurnia.

Necesitamos traer a nuestra vida las palabras de Amós. Y plantearnos quienes son hoy esos pobres a quienes se estafa y condena a la miseria. Quiénes son hoy los abandonados, los vendidos por un par de sandalias, los estafados con las balanzas con trampa. Quiénes los que viven al margen de los débiles.

Ya sé que las cosas prácticas son de los técnicos. Pero… ¿Gente que acude al templo cada domingo a celebrar la Eucaristía no debería replantearse cada día su compromiso social empezando por su honradez y fidelidad a Dios y a la sociedad en términos económicos? Y gente que cada domingo, cada día, escucha la Palabra y celebra el pan partido… ¿puede hacerlo sin reflexionar cada día sobre su desprendimiento y generosidad en lo económico?

Acabo con una pregunta para aquellos que leéis estas líneas de un cura de Madrid.

¿QUIÉNES SON HOY LOS VENDIDOS POR UN PAR DE SANDALIAS? ¿QUIÉNES LOS ABANDONADOS DE TODOS? ¿QUIÉNES LOS POBRE DE LOS POBRES? ¿QUIÉNES LOS ESTAFADOS DE LA VIDA?

Y pensarlo entre los cercanos y también pensando en nuestro mundo.

9月20日

Usted no tiene vergüenza

 El caso es dar de leches a todo el mundo. A la una por ser pecadora, al otro por la raza, al otro por cómo viste, al otro por...
Sí. Una prostituta. Que no comía del templo ni de los diezmos de los pobres. Que no tenía asegurado su pan. Que sabe perfectamente que su trabajo no es lo mejor del mundo, pero que es capaz de reconocerlo y llorar por una vida que a ella misma la asquea.
 
Merece la pena leer el texto:

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: -«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. » Jesús tomó la palabra y le dijo: -«Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: -«Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: -«Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: -«Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: -«Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: -«¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama. » Y a ella le dijo: -«Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: -«¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: -«Tu fe te ha salvado, vete en paz. »

Y el fariseo acusándola de pecadora: -«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. » Hale. Pecadores los demás, que yo no. Pero qué claridad de ideas más absoluta.

Y hoy sigue pasando. Yo soy justo porque todo lo hago bien. Cumplo los mandamientos de Dios y de la iglesia. Soy amigo de dos curas y tres monjas. Rezo y doy dinero. Y, por supuesto, el sexto mandamiento a rajatabla. No como otros, que algunos domingos no van a misa, y que viven juntos sin casarse, y que además... Tendría que darnos vergüenza.

A esa pobre mujer se le perdonaron los pecados porque fue capaz de amar y llorar por sus faltas. Y en este caso Jesús ni siquiera le dice: "no peques más". Quizá es que Jesús sabe que va a seguir con su vida, tal vez porque ya no tenía otra oportuidad de cambiar. No sabemos sus circunstancias. Sólo sabemos que llora y ama, y que es amada por Jesús.

Yo a veces he pensado qué hablaría el fariseo con los suyos al marcharse Jesús: "Para que te fíes de este Jesús. No respeta el sábado, tiene unos amigos un tanto raros, se deja besar los pies por una prostituta y hasta dicen que va poco a la sinagoga... Si esto es un profeta..."

¿Algo parecido a la vida de hoy? ¿O pura coincidencia?

 

9月18日

¡Cuántas ganas de veros!

Quince días fuera y estaba echando de menos la parroquia más de lo que yo mismo podía imaginarme. La mañana del domingo fue sobre todo la mañana de los saludos y los besos. Una de mis costumbres es ir muy pronto a la parroquia. El domingo, la primera misa a las doce. Yo estaba ya en el templo a las diez. Y no se pierde el tiempo, la verdad. Tranquilidad para saludar al Señor sin prisas y contemplar una vez más a la Virgen del Olivo mientras le rezo una salve. Después, revisar el correo, ver papeles, echar un vistazo a las cosas. Y luego preparar la misa de doce con toda tranquilidad. Mientras, un recién llegado feligrés que se hizo presente para saludarme y rogarme la bendición para su nuevo local de trabajo, cosa que hicimos en el mismo momento.

Y ya, sin prisas, me quedé en la puerta de la iglesia. Me encanta ir viendo cómo se acerca la gente y desde lejos empezamos a sonreírnos. Y los niños y las mamás, y esos besos y el típico y tópico “cómo te ha dado el sol” y el abrazo a los papás.

Me sorprendió la misa de doce. Después de un verano casi bajo mínimos, otra vez la iglesia llena, y los niños en los primeros bancos, y los papás llevando y trayendo las inscripciones para comenzar las catequesis. Tras el verano, reiniciamos el domingo la celebración de la misa de las 13 h., suspendida durante dos meses y medio. Y ¡oh sorpresa! Más de sesenta personas. Nunca lo hubiera pensado. Pero ahí está la realidad.

Ayer lunes una tarde de despacho de lo más movida. Papás, mamás, inscripciones de catequesis, alguna visita entrañable –gracias Ana-, solicitud de bautizos, un expediente matrimonial... Ya estaba yo necesitando marcha.

El verano me ha resultado duro. Quizá ha sido el ir viendo la parroquia medio vacía. Eso tal vez me ha deprimido un poco. Tediosas tardes sin un hola siquiera. Misas para dos, tres personas. Días sin casi una llamada. Ya han vuelto las cosas a coger su ritmo. Y yo mismo me encuentro mucho mejor.

Fue bonito el domingo ver de nuevo a la Virgen. Especial la mirada al sagrario. Preciosas misas de domingo donde todos estamos locos por vernos. Y así hemos comenzado el curso. Ya iré contando.

  

9月13日

El Golfet

 

No, no voy a hablar del último sinvergüenza, sino del penúltimo descubrimiento.

Una de las cosas que más me hacen disfrutar en mis vacaciones es poder andar sin prisas, recorrer caminos, descubrir lugares nuevos. Estoy en Cataluña, en la zona norte de la Costa Brava. Una de las cosas que más me agradan, por mis aficiones, es lo que aquí llaman “Camí de Ronda”, itinerarios muy bien señalizados que te permiten recorrer la costa disfrutando de los más extraordinarios paisajes. Hay trozos de estos caminos sencillos, llanitos, con el firme impecable. Otros, más abruptos, incómodos, llenos de escaleras irregulares, complejos. Pero justo esos son los más impresionantes.

Ayer me lancé de nuevo al Camí de Ronda. Una zona abrupta, un camino que bordea acantilados de singular belleza, escalones irregulares, tiempo, sudar un poco. Y, de repente, al doblar en un recodo, encuentro al fondo la ensenada de El Golfet. Una playa casi sin gente, limpia, pulcra, en la que apenas ocho o diez personas disfrutaban del sol y el mar.

Mereció la pena el esfuerzo. Pero es que así es la vida. La mayoría de la gente, nosotros las más de las veces, nos conformamos con el camino más rápido y cómodo. Eludimos cualquier esfuerzo de superación. En la misma vida cristiana nos basta con un pobre “ir tirando” que en el fondo nos deja insatisfechos.

En mis paseos, solitarios como mis vacaciones, tengo tiempo de muchas cosas: rezar, alabar a Dios por la grandeza de lo creado, meditar… y algo que descubro es que todo lo bello, lo bueno, lo que salva y alegra, tiene un coste.

Con demasiada frecuencia nos quedamos en un lamento profundo: no siento nada, parece que no hay sentido, me falta alegría… No. Lo que nos falta no es alegría, sino decidirnos a tomar ese camino del esfuerzo, la coherencia, el evangelio, la fidelidad. Y en ese camino siempre, siempre, se encuentra la luz. Ayer me quedé impresionado al encontrarme con El Golfet. Pero cada día uno se queda impresionado al descubrir cómo Dios, cuando se le busca sin condiciones, con generosidad y entrega, nos va regalando de continuo un Golfet de luz que nos hace entender el por qué de darnos por entero.

Hay que salir del asfalto de la comodidad y la vulgaridad. Hay que tomar el Camí de ronda del esfuerzo, pero también de la belleza y la sorpresa constante.

Y hoy, a un par de días del regreso a Madrid, me voy a otro trozo del Camí de Ronda. Otra paliza de andar. Pero otra belleza que seguro no me decepciona.

 

9月11日

"Condescender"

Debe ser que con los años uno se hace mayor, o debe ser que se resigna. En fin, que tanto da. Viene esto a cuento de las cosas que uno va descubriendo en su quehacer diario y también de las cosas que aprendes a ver distintas cuando hablas con la gente y te cuenta sus cosas.
Al final lo que estoy empezando a tener claro es que el mayor desprendimiento, el más doloroso, es renunciar a esas manías pequeñas pero que se han convertido en algo imprescindible para vivir.
Vamos a poner ejemplos. Oportunidad de incorporarse al grupo de X que se reúne por las tardes. Oh fatalidad. Hora de la novela. Manía primera: yo es que no me puedo pasar sin la novela. Habría que ir a ver a tu amigo Fulanito, que no está bien. Vale, pero este fin de semana hay fútbol, y el martes baloncesto. A ver si se te va a ocurrir quedar para el día que corre Alonso. Manía segunda.
Tendríamos que colaborar más en Caritas. Sí, pero a ver si salen las cuentas, porque no vamos a quitar el canal de pago ni a dejar la cena fuera de los viernes. Y ya sabes que yo los sábados no me levanto antes de... o me acuesto después de... o resulta que...
Toda la vida queriendo ser libres y nos hemos convertido en esclavos de las propias manías.
me gustaría ofrecer como regalo a todos el verbo "condescender", que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua significa: "Acomodarse por bondad al gusto y voluntad de alguien". En román paladino, así entre nosotros, condescender es algo así como hacerse libre de manías para saber poner la voluntad al servicio de algo que merezca la pena. Uno se hace condescendiente con el prójimo, aunque le cueste alguna cena. Y condescendiente con los amigos enfermos, aun a costa de un partido interesante. Y condescendiente con su parroquia y su formación, y esa colaboración que le piden, aunque la novela no pueda seguirse diariamente.
El mayor desprendimiento del evangelio yo creo que es el de saber desprenderse uno de sí mismo, relativizar sus pequeñas o grandes manías y aprender ese complejo arte de ponerse al servicio de.
Un sacerdote amigo mío, en una ocasión, ante un grupo de sacerdotes a los que daba una charla decía: "como humanos que somos, a cada uno se nos puede conceder el derecho de disfrutar de tres o cuatro manías. Más, evidentemente, no".
¿Cómo andas de manías? ¿Te basta con tres o cuatro? ¿Sabes condescender?
9月8日

Matizamos lo que nos conviene

He estado repasando las lecturas de hoy. Impresionantes y complejas, como todo lo que es la palabra de Dios. Y quería hacer algunas consideraciones.
La primera, sobre lo complicado que puede ser, que es de hecho, tener absoluta claridad de eso que llamamos "la voluntad de Dios": "¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?" (Sabiduría 9,13). Me resulta curioso cómo se habla con una cierta ligereza en términos de que la voluntad de Dios es. O que es voluntad de Dios que hagamos, o pensemos, o desarrollemos o... Yo no dudo de que es voluntad de Dios el amor, no matar, no robar, no cometer adulterio... pero aplicarlo a más cosas como que me produce mucho respeto. En esto de la voluntad de Dios más vale estar calladitos, que estamos más guapos.
Y otra cosa que es también para pensar. Me refiero a la última frase del evangelio de este domingo: "El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío". No falla. Cada vez que el evangelio habla de dinero, surgen todos los matices del mundo. Ya saben: bueno, en realidad esto quiere decir eso del apego, pero bueno, no nos priva de lo necesario, y además si todos diérmaos los bienes no funcionaría la economía..." Y bla, bla, bla. Sin embargo llega eso de que quien desea a una mujer ya cometió adulterio en su corazón, y hale, a entenderlo de forma literal.
En este fin de semana, desde la tranquilidad del sol y el mar, me apetecía dejar estas reflexiones.
Y deciros, por lo demás, que me encuenjtro bien, descansando, relajado, gozando de esa bendición que Dios me ofrece a través del sol y el mar. Felices días a todos.