Jorge 的个人资料Jorge. De profesión, cur...照片日志列表更多 ![]() | 帮助 |
|
8月31日 Vaya morro
No me faltó la voz simpática que al regresar de Turquía me soltó esa frase medio simpática, medio cargada de mala leche, que dice así: “jo, vaya morro”. Y he estado pensado qué es eso de “vaya morro” y he buscado ejemplo de “morro” que solemos echar en la vida. Pongo algunos. Que los he sufrido. Porque aquí sólo cuento cosas reales como la vida misma, aunque con nombres ficticios, como debe ser. 1. Carlos. Que cuando sale con los amigos a tomar algo siempre lleva un billete de 500 €, con lo cual acaban pagando los demás. 2. Maruja. Que debe 80.000 € a su hermano. Pero que se está pegando un veraneo de miedo en hotel de cuatro estrellas porque claro, necesita relajarse. 3. Gonzalo. Prejubilado y solo. Su padre con alzhéimer. Y lo cuida su hermana. Y es que Gonzalo no soporta ver sufrir a su padre. 4. Manolo, que cada año va de veraneo “a la costa”: a la costa de su hermana, de su primo, de los parientes del pueblo… 5. Mary. La encantan las barbacoas. Pero tiene el don de escaquearse de todo lo que es trabajar. No tiene tiempo de comprar. Se le olvida pagar su parte. La barbacoa la hacen los hombres. Y siempre, siempre, a la hora de fregar, padece una terrible jaqueca. 6. Paco. Cura. Que ha decidido que las misas son una bobada y confesar otra. Así que vive de genial, sin hacer nada. 7. Lucía, que ha descubierto con qué facilidad se puede sacar dinero a los colegas del chat. Y como la gente es buena y se lo cree todo, van llegando los euros. 8. Juan. Prejubilado con 58 años, con una buenísima pensión, y quejándose todo el día de la mala marcha de la economía nacional. 9. Jorge. De profesión, cura. Que se ha ido nueve días a recorrer la ruta de San Pablo con sus feligreses. 8月30日 Fanáticos
Me lo contaba un Vicario Episcopal de Madrid. Una entrevista con un señor. Y como es natural, el tema religioso. Este buen hombre se confesaba católico de verdad. Y el Vicario, le preguntó: - ¿Pero vas a misa los domingos? Yo por fanático entendía la verdad otra cosa. Algo así como pasarse el día sin salir de la iglesia, poner bombas a los infieles, denunciar al obispo que el cura se saltó una palabra de la plegaria eucarística, apedrear logias masónicas –en caso de saber dónde tienen la sede-, mandar escritos protestando porque en la tele una vez contaron un chiste del papa… Para mí eso es fanatismo puro y duro. Como lo es apedrear iglesias cristianas en países musulmanes o empeñarse en quitar todo signo religioso en esta tierra nuestra. Ahora bien, si ser fanático es ir a misa los domingos, creer que es bueno cumplir los mandamientos, tomarse con respeto lo que dice el papa, intentar ayunar y no comer carne cuando nos lo piden, rezar de cuando en cuando y sentirse feliz con la fe que has recibido… pues un servidor no es que sea fanático, sino muy fanático. Quizá el problema es un cierto pudor de manifestarse uno simplemente como es. O tal vez el creer que ser creyente es algo así como un título olvidado que como mucho nos lleva al cumplimiento con la BBC –bodas, bautizos, comuniones- y a mirar la procesión del Cristo cuando vamos al pueblo. Es decir, puro barniz cultural. Y, claro, cuando se plantea una relación más personal con Dios, con Cristo, en la Iglesia, que supone un compromiso mínimo, entonces la palabra fatídica: fanático no. Confundimos términos. Y nos encanta sacar palabrejas del sombrero para justificar vidas sin compromiso real con lo que se cree: fanatismo, oscurantismo medieval, modernidad, renovación… Si fanático es intentar tomar la vida de fe en serio… lo soy. Y conste que no pongo bombas, ni acuso a nadie de nada, ni me dedico a apedrear a los contrarios. 8月29日 Dios. Manual de uso
Dios es simple. Mucho más que un hombre. Dios no da y quita puntos. Es sencillo. Muy sencillo. Dios es elemental. Como oficio tiene el de amar, acoger, perdonar. Como futuro, la VIDA plena. Como camino, el AMOR. No tiene horarios. Siempre escucha. Da igual mañana, tarde, noche. Dios siempre espera:
Dios está en todas partes. Sobre todo en uno mismo. Pero si quieres sentir su presencia de forma especial, entra un día en una iglesia. Si está solitaria, déjate llenar por el misterio del silencio. Si hay una celebración, vívela con los otros. Pero no olvides una cosa: está contigo siempre; y espera que alguna vez le diga simplemente: TE QUIERO. 8月27日 Hacer feliz a una mujer (o Mujeres. Manual de uso)
A raíz de mi entrada de hace días “Hombres. Manual de uso” me han hecho llegar por mail este otro manual de uso para mujeres. Lo pongo con la intención de sacar una sonrisa. Por cierto, me lo ha mandado una mujer. Guía para hacer feliz a una mujer Hacer a una mujer feliz es muy fácil. Sólo es necesario ser: 01) Amigo Y es muy importante todavía, no olvidar las fechas: Y también: Como ganar puntos con una mujer: 1) Tareas simples 2) Social 3) El cumpleaños de ella… 4) Paseos con amigos … 5) Una noche fuera … 6) Grandes preguntas… 7) Comunicación (ella quiere contar algo) Usted notó que agradar a una mujer es muy pero muuuuuuuuuuuuuuuy Fácil!!! Basta un poco de buena voluntad … Entendió ??!! … 8月26日 Todas viudas menos yo
En mi pueblo, en verano, se organiza una buena tertulia de señoras cada tarde a la que asistía mi madre hasta hace poco. Doce o catorce señoras, la más joven sin bajar de los ochenta, y alguna casi rozando el siglo, que se reúnen en la terraza de una cafetería para charlar y repasar la actualidad “local”. Me contaban que un día una de ellas, de repente, dejó escapar un suspiro y exclamó: - Ya es mala suerte. Todas viudas menos yo. Con los matrimonios he visto de todo. Las formas se guardan siempre, y más en el pueblo. Antes muertos que reconocer en público la más pequeña desavenencia. Pero el cura se entera de muchas cosas. Parte psicología, parte experiencia, parte porque un día no pueden más y te lo cuentan. Y debajo de esos matrimonios “normales” descubres absolutamente de todo. Sería fácil decir que todos encierran secretos inconfesables y que su casa es el infierno en cuanto se cierra la luz. Tanto no, pero en ocasiones casi. Conozco matrimonios que no se dirigen la palabra, que duermen en camas separadas, o en la misma cama y así aprovechan para darse patadas. Parejas que no pierden la ocasión de contestarse mal o tirarse algo en cara. Puede el qué dirán y siguen juntos. Quizá es la forma peculiar de quererse. Vaya usted a saber. Pero también los hay que parecen gente corriente y están viviendo un amor cada día más profundo a sus setenta, ochenta, noventa años. Tal vez no hablen mucho. Pero es porque hay una comunión tan profunda de corazones que la comunicación trasciende su posible sordera. No tienen que decir nada. Llegas a casa y lo ves. Las miradas, el brillo de los ojos, la paz de estar juntos. Recuerdo hoy a Mariano y a Cayetana, y pongo sus nombres sabiendo que a su familia no le va a importar. Fallecieron con 24 horas de diferencia. Y recuerdo, muy malitos, cómo cada uno sólo preguntaba por el otro. Amor. Que pasa del flechazo a la pasión, a la entrega, a los hijos, que se va remansando hasta hacerse lago donde reflejarse juntos. Cuando aquella mujer se lamentaba por ser la única no viuda, algunas no le dijeron nada. Quizá su matrimonio no fue especialmente dichoso. Otras sé que lloraron y le dijeron que no ofendiera a Dios, y que seguían echando mucho de menos a sus maridos. Cosas de la vida. Quién sabe lo que ocurrió en cada caso. Pero según corre la vida unos supieron hacer de su matrimonio un crecer juntos y llegar así más unidos que nunca al final. Otros se cansaron de la pelea y decidieron ir tirando, sólo tirando. Otros optaron por la confrontación. Al final, qué triste: todas viudas menos yo. A los pocos meses falleció el marido. Recuerdo su entierro una tarde de verano. Y desde el entierro, a la tertulia: - Ya soy viuda. Qué tranquila me he quedado. 8月25日 ¿Quieres tener fe?La pólvora se inventó hace mucho tiempo. Y en las cosas de la espiritualidad y de la fe cristiana tampoco hay demasiadas novedades. Está todo inventado. Y cada vez me descubro más ante esos viejos curas, esos viejos sabios, que con un par de frases eran capaces de aclararte todas las dudas. Una, clarísima, la de la falta de fe. No tengo fe. ¿Qué puedo hacer para tenerla? Un viejo sacerdote me regaló una frase para mí y para todos: “¿Quieres tener fe? Vive como si la tuvieras.” Me decía este cura que el proceso de la pérdida de fe suele ser muy similar. De niños todos tenemos muy buenos recuerdos de aquella fe que aprendimos de chiquitines, y de la alegría con que hicimos la primera comunión. Pasan los años y comenzamos por dejar la misa de los domingos, el rezar por la mañana y por la noche, luego algunos mandamientos comienzan a hacerse especialmente costosos, nos dejamos llevar por lo que hace todo el mundo… El primer paso es el de Cristo sí iglesia no. El segundo, casi seguido es el de “algo tiene que haber”. Y para justificarlo, la disculpa clásica de la que hablaba el doctor Vallejo Nájera: “-Lo que ocurre con esos mal llamados progresistas es que primero han perdido la fe, y entonces deciden echar la culpa a malos tratos recibidos del clero. O a que conocieron a un cura marica. No saben perder la fe con dignidad. Aviados estábamos si la existencia o inexistencia de Dios fuera a depender del comportamiento de sus criaturas. Es una postura ridícula e incoherente.” Muchas veces el problema de la falta de fe está en que es la única postura que permite vivir como se vive. Vidas personales deshechas, negocios turbios, actitudes imposibles, que se hacen incompatibles con la fe. ¿Qué hacer? Pues o cambias radicalmente, o vives reconociéndote pecador, o decides que dejas la fe y un problema menos. Y suele ser la postura más común. ¿Quieres recuperar la fe? Vive desde ahora mismo como si la tuvieras. Deja esa relación de pareja que no es correcta. Sé honrado en tus negocios. No mates ni ofendas. Di la verdad en todo. Acude cada domingo a misa. Reza cada día. Cuida de tus padres o de tus hijos. Da de tus bienes a los pobres. Y esto durante un par de meses. Y luego hablamos… 8月24日 Hombres. Manual de uso.
De cuando en cuando viene bien una broma… Ustedes, señoras, señoritas, damas, damiselas, abuelas, suegras, cuñadas, esposas, novias, mozas, parejas de hecho o derecho… ¿Saben como entender a un hombre? Me he encontrado estas reglas por internet. Y las he llamado así: Hombres. Manual de uso”. Y como las vi, las cuento. Espero que sirvan, al menos para sacar una sonrisa. Los Hombres Somos Simples...Querida Mujer: 8月23日 Se tenía que dar cuenta…Una discusión de pareja más. Y otra vez me los encuentro en el despacho. El ego, maldito ego, que se va disfrazando más que Mortadelo. La consabida falta de comunicación, que llega a tal extremo que los dos se atrincheran en su mutismo. Ella lleva una temporada sólo regular. Nada serio. Cansancio, algunos problemillas de trabajo, preocupaciones con un par de cosas que no salen. Un disgusto con una amiga se siempre. Y su queja es que él no le pregunta. ¿Pero él lo sabe? ¿Se lo has dicho? No, ¿o acaso no se me nota? Tenía que darse cuenta de que no estoy bien. Él con mucho trabajo. A punto de un gran negocio. El móvil siempre a mano. Sin resolver toda la financiación. A veces llega a casa más tarde de la cuenta. Y ella no me dice nada. ¿Le has dicho qué te pasa? Pues no. ¿Qué pasa? ¿Es que no puede preguntar si estoy bien? ¿Tengo que ser yo el que tenga que andar siempre preguntando y contando? Como mucho, el lenguaje de la insinuación. El gesto. Un bostezo. Un “estoy muerta”. Tal vez un “a ver si llaman de una vez”. Nada más. Y por supuesto siempre la culpa del otro. No pregunta. No tiene interés. No se da cuenta. Y la rápida y falsa conclusión: no me quiere, porque si me quisiera… Ante esta situación, demasiado frecuente por desgracia, siempre digo lo mismo: si quieres algo, dilo con claridad; si necesitas, pídelo sin lugar a dudas; si algo te preocupa, pregunta por ello. Pero asegúrate de que el otro lo entiende a la primera y clarito clarito. Es decir: procura expresar bien lo que te ocurre, y no tengas miedo en sugerir soluciones. Si estás cansada di algo así: me siento cansada y estoy con problemas de trabajo y además he discutido con una amiga. Me apetecería salir, entrar, cenar, ir al cine, tomar algo, dormir mañana hasta medio día… lo que sea. Se agradece saber cómo complacer al otro. Si estás nervioso por el contrato que no llega, por ese dinero que no sale, cuéntaselo. Di cuánto te falta, qué posibilidades hay, qué representa para ti ese negocio, y que necesitas que te ayude a soportar la espera. Y que agradecerías una copa, salir, entrar, cenar, estar juntos. Lo malo es cuando llega el silencio y no acabas de saber por qué. Y notas que algo no marcha. Pero no sabes cómo hacer para no meter la pata. Y preguntas y te dicen bien… y te preguntan y dices… tirando. Y los dos se callan. Y se miran. Y uno dice: ¿qué le pasará? Y la otra: ¿se está enterando de algo? ¿Tan difícil es decir: estoy así, siento esto y necesitaría esto otro? ¿Tan complicado señalar las dudas, los miedos, las ilusiones, las lágrimas? ¿Tanto nos cuesta salir de nosotros, dejar el ego, y hablar de nosotros mismos? Por eso mi consejo de cura con experiencia de años: No caigas nunca en ese: “que se dé cuenta”. Di lo que sientes y necesitas con claridad, y asegúrate de que te has expresado bien y se te entiende sin duda alguna. Es la única forma de saber si hay una respuesta adecuada a tu situación o tus necesidades. Y tú, Jorge, cura, a ver si aprendes también a ser un poco más comunicativo. A decir qué te pasa y qué sientes. Qué necesitas. Aunque sea una bobada. Hoy, al acabar la misa, hablaba con Manolo. Me preguntaba qué tal estos días de calor en la parroquia. Le he dicho: bien, aunque hay momentos que se hacen largos. No sabes lo que agradecería poder tomarme una cerveza con alguien. Pues ya hemos quedado para algún día de esta semana. Lo que es hablar con claridad. 8月22日 El hombre del detergente ColónSeguro que los menos jóvenes no han olvidado a Manuel Luque anunciando el detergente Colón:Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo. Me viene a la memoria esta campaña repasando las lecturas de este domingo. Para empezar las de Josué: “Si no os parece bien servir al Señor escoged a quien servir: a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor.” Pero también las de Cristo: “¿También vosotros queréis marcharos?” Me encantan las respuestas de unos y otros. La del pueblo ante Josué: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud; él hizo a vuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡Es nuestro Dios!” Y las de los apóstoles a Jesús: “Señor, ¿a quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que eres el Santo consagrado por Dios.” Este es Jesús. El Cristo. El Hijo de Dios. El Salvador. El que me ha regalado el bautismo, la eucaristía, los sacramentos. Aquél en cuyo nombre se construyó Europa y se anunció el reino en el mundo entero. El que regaló el mandamiento del amor y nos invita a vivir como hermanos. El Cristo de Agustín, Basilio, Gregorio. El de Teresa, Francisco y Domingo. El Cristo de Catalina de Siena y Teresa de Calcuta. El de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El que anima la fe de la parroquia del último barrio. El de los monasterios contemplativos y las misiones de frontera. El de tantas familias creyentes y gente de misa dominical. El que acoge a los pecadores y come con ellos. El que se compadeció de la muchedumbre sin pan. Este es el Cristo. El Hijo de Dios. Perdón de los pecados. Amor universal. Busca, compara… y si encuentras algo mejor… SÍGUELO 8月21日 Cosas que le llegan a uno sobre la inmigración
Una de tantas cosas que recibimos en el correo. Y que posiblemente sea un refrito. Pero las cosas que se dicen me han impactado. Y creo que merecen una reflexión porque ni todo va a misa ni todo es un perfecto disparate. Simplemente me ha llamado la atención. Y lo he colgado.
El primer ministro australiano, John Howard, dijo el miércoles a los musulmanes que quieran vivir bajo la Sharia islámica que se marchen de Australia; en unos momentos en que el gobierno se encuentra aislando a posibles grupos radicales que podrían en un futuro lanzar ataques terroristas contra el pueblo de esa isla-continente. 8月20日 Una cierta vergüenza
Uno de los comentaristas de la entrada de ayer, dejaba una reflexión que comenzaba así: Jorge, no seas mentirosillo, por mucha fe que tengas no me puedo creer que no te cueste el ir a confesarte y que no sientas una cierta vergüenza ( especialmente ante determinados pecados) y que no se te pase por la cabeza aquello de "¿Qué pensará de mi el cura cuando diga esto?". Y he pensado responder en una nueva entrada, porque creo que la cosa merece la pena. Sinceramente, no me da especial apuro confesar mis pecados ante un sacerdote. Quizá porque mi experiencia de confesor me ha enseñado que no hay nada nuevo bajo el sol, que el hombre es el mismo ayer, hoy y mañana, que somos poco originales, que los pecados vienen a ser siempre los mismos. Como confesor he escuchado de todo y a la vez nada raro. La naturaleza humana es la que es. Ningún sacerdote se va a escandalizar por mis faltas que, por cierto, tampoco son de libro guiness. Pero sí hay una cosa que me cuesta en la confesión. Y con diferencia. Que es el mirarme en mi interior exactamente como soy. No sé si a otros les puede pasar, pero desde luego yo tengo tendencia a justificar mis actos. A buscar explicaciones a esas cosas que sé que no son correctas. A encontrar excusa prácticamente para todo. Cuando voy al sacramento de la reconciliación esas excusas ya no valen. Delante de Dios se van desmoronando. Y entonces mi vida queda, ante la luz de Cristo, desnuda. Y ahí sí siento una cierta vergüenza no por abrir el corazón a un sacerdote, sino por tener que decirme: Jorge, sabes que esto no es así. Agradezco mucho en la confesión poder contar con un sacerdote de confianza. Hace años que acudo al mismo, a ser posible. Y él me orienta, me ayuda a encontrar la luz, me da ánimos, me enseña a evaluar mi vida con serenidad. Y es un gozo muy especial sus palabras sobre mi: “Yo te absuelvo de tus pecados… Vete en paz”. La única vergüenza es la de ver al Padre cara a cara, como el hijo pródigo, reconocer que mi vida no es lo que debiera, y dejar que salgan del corazón sus preciosas palabras: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. El resto ya es dejarse abrazar por la misericordia de Dios. 8月19日 Esta vez me falló el truco
La confesión es un momento de gracia especial para un católico. Es abrir el corazón delante de Dios, pedir perdón, sentirse acogido por la misericordia del Padre y recibir el don de la gracia sacramental que nos ayuda ser mejores. Y sin embargo, es un sacramento que cuesta a mucha gente. Quizá el tener que confesar con un sacerdote, quizá el tener que reconocer que a veces nos equivocamos sea incluso más duro. Hay personas que tienen una especia de “vergüenza” de confesar ciertos pecados (¿y si yo les dijera que hace mucho que no escucho nada original, que somos todos como humanos muy semejantes…?). A otros les da cosa reconocer que dejaron el sacramento quizá años… Por eso un servidor tiene sus truquitos. Uno el de mostrarme “solidario” ante cualquier pecado. Es decir, acoger la confesión no acusando, sino diciendo: “todos somos pecadores, a todos nos cuesta hacer bien las cosas, quién no es débil”, incluso afirmando sin tapujos que uno también tiene sus dificultades para ser buen cristiano. Esto hace que el que se confiesa se serene y esté mejor, más abierto a Dios, sin otras consideraciones. El otro truco es sobre el tiempo sin confesarse. Cuando alguien me dice que lleva mucho siempre pregunto lo mismo: ¿veinte años, treinta? Y suelo recibir su palabra de alivio que me dice: “no padre, tanto no…” Ya hemos quitado “hierro” a la cosa como decimos aquí. La confesión no es tortura china, es celebración de misericordia. Pues bien, una vez me falló el truco. Primeras comuniones. Un rato antes, un anciano me pide confesión. Hacía la primera comunión un nieto. Y nada más empezar lo de siempre: “No sé por dónde empezar… hace mucho que no me confieso…”. No se preocupe, que no será tanto: ¿diez años, veinte años, treinta? Y me responde… “Mucho más, padre, desde que estuve en la división azul”. (La división azul fue un contingente de voluntarios españoles que combatió en el bando alemán en la segunda guerra mundial, principalmente en el frente contra la Unión Soviética entre 1941 y 1943). Es decir, que me falló el truco. Pero habíamos empezado bien. Evidentemente la confesión es algo entre Cristo, él y yo. Pero sí recuerdo un hombre con deseos no sólo de comulgar con su nieto, sino de reemprender esa vida cristiana un tanto abandonada. Recuerdo con qué paz me contó su vida, se arrepintió de sus errores, e hizo propósito de vivir su fe cristiana con toda seriedad como buen hijo de la Iglesia. Al acabar la confesión, me dio un enorme abrazo. Y como si aún siguiera en su querida división azul, a lo militar, me dijo: “gracias, pater”. La confesión nunca ha pretendido ser una torturadora de conciencias, sino un regalo de misericordia. Un mirar al Padre como el hijo pródigo, reconocer los errores del pasado, y abrirse al amor de Dios para empezar una nueva vida. Este hombre, después de cuarenta años, se acercó con sus hijos, y sus nietos, a recibir otra vez la Eucaristía, Cristo mismo realmente presente y vivo en el pan. Y al regresar a su banco, de rodillas, vi que rezaba llorando. 8月18日 El P. Félix, que en el cielo esté
Si alguno de mis compañeros agustinos lee esta entrada recordará el cariño especial que yo tenía al P. Félix. Un servidor apenas tenía veinte años. El P. Félix, muy mayor, prácticamente inmóvil, en la enfermería. Y atendido por otro religioso casi tan mayor como él. Necesitaba limpieza, atención y bueno, me pidieron que si me podía hacer cargo. Recuerdo que instalamos una pequeña lavadora en un baño y un servidor cada mañana, entre clase y clase, se encargaba de cambiarle la cama y poner la lavadora. Y ayudado por algún compañero, se buscaba el momento de bañarle y afeitarle –que no siempre se dejaba-. Hacer la cama, en cualquier otro ratillo. Pero lo que sí recuerdo eran las charlas con él, llenas de anécdotas, pero con frases que me marcaron. ¿Empiezo por las anécdotas? - Padre, ¿le cambio la hoja del calendario? 20 de noviembre de 1975. Entro en su cuarto. Llego a su habitación y me siento a su lado. Le pregunto: Domingo. Media mañana. El P. Félix escuchaba misa en una capillita minúscula en la enfermería. Me impresionó más una tarde en la que limpiando su estantería vi algún libro escrito por él. Recuerdo que se lo enseñé. Y que le dije que no sabía de su faceta de escritor intelectual, porque además era un libro de investigación. Le dije: Me sigue impactando. Un religioso de ochenta y tantos años reconociendo ante un frailecillo de veinte que no había sido bueno y pidiéndole oraciones. Ahí encontré la grandeza de ese fraile viejo y gruñón –que lo era- pero que tenía en su corazón lo más grande: el reconocimiento de que pudo haber sido mejor. Se me murió en los brazos a los pocos meses. Es la primera persona a la que vi morir. Lo amortajamos entre el superior y un servidor. Con su hábito de agustino. Cuando fuimos a calzarle sus zapatos apareció un religioso y nos dijo: 8月17日 ¿Me está tomando el pelo?Me voy a inventar una conversación… Pero atentos, que a veces la realidad supera a la ficción: - ¿Usted es el cura, el párroco de este lugar? Cuando alguien viene preguntando por la Verdad, no puede llevarse como respuesta un montón de vaguedades. Nos pensamos que al no creyente le asusta que le hablemos de Cristo como Hijo de Dios, de muerte y resurrección, de conversión, de gracia, de sacramentos, de iglesia santa y pecadora, de vida eterna, de mandamientos. Lo que asusta al personal es llegar a un católico, preguntarle por su fe y que este católico te diga que es igual creer que no creer, cumplir los mandamientos o no, ser católico o animista, ir a misa o quemar varitas de incienso para atraer energías positivas, leer y meditar la Biblia, especialmente los evangelios, el Coran, los Vedas o el Libro del Mormón. Que aceptar una jerarquía es ser infantil y despersonalizarse. Que decir que Cristo es Dios es poco menos que ofender a los demás y que proclamar abiertamente la fe en Cristo puede ser causa de división. Por eso, si ante un no creyente que busca, solo sabemos soltar unas cuantas vaguedades de este estilo… normal que nos diga: ¿me está tomando el pelo? 8月16日 Católico… con perdónEsta mañana me han pasado un video que me ha hecho mucha gracia. Os lo dejo para que disfrutéis un buen rato. Feliz noche de domingo. 8月15日 New Age. Sigamos aclarandoHace ahora algo más de cuatro meses publiqué ya una entrada sobre este tema que copio a continuación, ya que sigo recibiendo peticiones de información sobre este fenómeno.
Son varios los comentaristas que hacen referencia en los últimos días a la llamada “new age”. Y la verdad es que es un fenómeno tan universal, que se va colando en nuestras conciencias tan a lo tonto, que no está nada mal hablar de ello. La new age no es una religión. Es más bien como la “anti-religión”, es un hacer que todo sea Dios para que en el fondo Dios no sea nada. La new age parte de algo que hay que reconocer: la sed de Dios que todos los humanos tenemos. Y parte también de que nos gusta vivir lo sagrado “por libre”, por tanto es una especie de religiosidad sin Dios concreto, sin organización religiosa, sin nada que comprometa a vivir de una forma distinta, sin cambiar la vida, sin complicarse. Una religiosidad evidentemente muy agradable pero poco útil. No hay normas, no hay dioses, no hay organizaciones religiosas, todo es energía, todo es paz, todo es crecimiento personal, que emprende cada cual por su cuenta. Es normal, por tanto, que las religiones tradicionales sean denostadas con fuerza. La razón es que te colocan delante algo contrastado, conocido, una organización, un camino, una posible necesidad de cambiar no según tus caprichos, sino según unos textos y una experiencia. Y además una religión o una espiritualidad contrastadas pueden decirte que te estás equivocando. Y el seguidor de la new age no se equivoca jamás, porque todo vale. Nadie dirá que sigue esta realidad, pero se va colando en todos los rincones. A los católicos nos afecta en cuanto que va haciendo que rechacemos a la iglesia por sus supuestas infidelidades y su incapacidad para estar al día, luego se rechaza el magisterio, la jerarquía, porque no saben estar en su sitio, más tarde la moral. Luego se duda de la eficacia sacramental, para acabar diciendo que Jesús más que Dios es un gran profeta. Me gusta ofrecer, en la medida de lo posible, orientaciones concretas sobre estos temas de actualidad. Y orientaciones que no son mías, que uno tiene claras sus muchas limitaciones. Son orientaciones que ofrecen el Consejo pontificio de la cultura, y el Consejo pontificio para el diálogo interreligioso. Os invito a leer las orientaciones que publicaron sobre el tema de la new age y que llevan como título “Jesucristo portador del agua de la vida”. Para los captados, aun inconscientemente por esta nueva religiosidad-espiritualidad-nueva energía, al ser documento de Roma, por esa única razón, ya es algo rechazable. Sin leerlo, sin estudiarlo. Ya se sabe que de Roma solo puede salir oscurantismo medieval. Pues eso. Os ofrezco el link del documento: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg/documents/rc_pc_interelg_doc_20030203_new-age_sp.html Para todos, especialmente para los católicos, es un documento como para leer y reflexionar. Que si algo necesitamos es formación y enterarnos DE PRIMERA MANO de lo que dice la iglesia. Que si no acabaremos hablando de que una amiga me dijo, y que si la iglesia siempre con las bobadas. Por si alguien quiere ver el post con los comentarios que suscitó en su día, dejo el link: http://berbellin.spaces.live.com/Blog/cns!F21C378058A775E0!6704.entry 8月14日 El apóstol Pedro no sabía predicar -o cosas de la New Age-Los apóstoles estaban indignados. A quién se le habría ocurrido poner a la cabeza de todos nada menos que a Pedro, bruto donde los haya. Bastaba el discurso de hoy para darse cuenta. Una muchedumbre de gente: judíos, prosélitos, no creyentes. Y un lenguaje que no entendía nadie. Porque Pedro comenzó su discurso así: “Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades”. Los apóstoles se apuntaron al fracaso. Sólo a un bruto como Pedro se le ocurría hablar, así, de primeras, del Nazareno, de su muerte en la cruz, y encima acusar de ello a los oyentes. Estaba empleando un lenguaje ininteligible, unas palabras desconocidas. Vamos, como para echar a todos y posiblemente hasta recibir alguna pedrada. Pero la cosa no quedó ahí. Porque Pedro, en lugar de reprimirse, se lanzó. Y siguió diciendo cosas cada vez más incomprensibles: “«Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado. Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: « ¿Qué hemos de hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo””. Definitivamente la batalla perdida. Había afirmado, nada menos, que el único Señor y salvador es Cristo, y encima llamaba a la conversión a la gente. Y los apóstoles, gente de buena voluntad, se hacían cruces de lo que escuchaban, y hasta montaron sus corrillos. A quién se le ocurría decir esas cosas. Lo que debía predicar Pedro es que todas las religiones son iguales, que hay que respetar, que Dios es la fuerza interior de cada uno, que no hay más norma que la de la propia conciencia y que llamar a la conversión a tu fe es hacer un proselitismo inaceptable. Evidentemente así no se iba a ningún sitio. ¿A quién se le podía ocurrir, más que al bruto de Pedro, ponerse delante de un no creyente y hablarle de cruz, de muerte y resurrección, de que el único Señor es Cristo y de que se convierta y se bautice? Error, inmenso error. Cuenta el libro de las Hechos que aquel día se les unieron unas tres mil almas. Algunos de los apóstoles, al ver ese gentío pidiendo el bautismo, se dijeron: “Pues supón que en lugar de hablar de Cristo muerto y resucitado hubiera hablado del respeto a todas las religiones, la fraternidad universal, el crecimiento del yo, la energía cósmica y la alianza de civilizaciones.¿Te imaginas lo que hubiéramos hecho, te imaginas cuántos nos habrían seguido?” Y uno de los allí presentes, sonriendo –de hecho llevaba un rato sonriendo- respondió: hacer, hacer, el ridículo. Seguirnos, evidentemente, nadie. P.D. No sabemos históricamente con exactitud el número de bautizados en ese primer día. ¿3.000? ¿300? ¿Unos cuantos? En cualquier caso muchos. 8月13日 Encuestas
Seguro que alguna vez hemos escuchado frases como esta: Me vale cualquier otro ejemplo. El de los taxistas, o el de los profesores, o el de picapedreros anónimos. Como argumento de autoridad, que la gran mayoría piensa que… Insisto: ¿quién hizo el estudio? Una respuesta que he recibido es esta: “no hace falta un estudio, se sabe”. Ahhhhhhhh También en las cosas de la fe se utiliza mucho esto de que la gente dice, piensa, que la mayoría de los católicos estarían de acuerdo en… 1. Que siempre es bueno dar el dato del estudio de opinión: quién hizo el estudio, con qué muestra, cuántas entrevistas, con qué posible desviación de resultados. Preguntarse si ha habido equilibrio entre continentes, edades, sexos, mentalidades. Revisar cómo se hicieron las preguntas, quién las hizo, en qué momento. Eso evidentemente si queremos ser rigurosos. Si vamos a responder simplemente que “eso se sabe” pues los datos parecen muy flojos. 2. Que en algunas cosas, el hecho de que la mayoría opine algo, no significa que sea verdad ni lo correcto. Recuerdo un compañero mío, toda la vida en misiones, que ante un joven que le decía que había que preguntar a la gente qué era lo que más les gustaba, respondió: a la gente lo que le gustaría sería que se dispensara el sexto mandamiento, y no lo vamos a hacer. Decía Jean Cocteau "no se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”. El que de repente a las doce del mediodía una muchedumbre enloquecida diga que es de noche es mayoría, pero es pura alucinación. El apelar a que “la gente dice”, “la gente quiere”, “todos protestan” es apelar a la nada. Es la apelación de quien no tiene argumentos para defender posturas. ¿Quién lo dice? ¿Cuántos lo quieren? ¿Quiénes son esos todos que por lo visto protestan? No hace falta, Jorge. Son cosas que se saben… Claro… IndecenteMe lo acaba de mandar un amigo por mail. Y me ha parecido interesante colgarlo, porque dice verdades a mi modo de ver de peso. Pues nada, ahí va.
Ha dicho la Presidenta de la Comunidad de Madrid que es indecente que mientras la inflación es -1%, los funcionarios además de tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% (gran mentira por cierto). Indecente, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado 3.996 pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a 6.500 €/mes; Yo no soy funcionario , soy autónomo (aunque también podría ser ama de casa o astronauta ) y lo de los políticos me parece indecente. INDECENTE!!. |
|
|