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日志


7月29日

Hablar con imágenes

No soy muy dado a las fotos. Pero hoy he añadido dos albumes.

En uno he colocado algunas fotos de la peregrinación a Tierra Santa de este año. Me las ha hecho llegar una catequista y peregrina. Yo apenas hice fotos. Y es que las que me pueden resultar más significativas, por ejemplo celebrando misa, me las tienen que hacer otros. Afortunadamente ya van llegando las primeras.

Y el otro album es del estado de las obras de la nueva parroquia. Iré añadiendo alguna foto de cuando en cuando para que se vea cómo van las cosas.

Pues por hoy nada más. No todo van a ser colocar grandes reflexiones y rollos.

7月26日

Seré bueno. Por favor, no me regañen más.

Vaya semana que he pasado de broncas. ¿Saben lo que es que vengan los feligreses y empiecen a regañarle a uno y además casi a coro? Pues oigan, los míos lo hacen, y además estupendamente.

Todo empezó porque se me ocurrió llevar el coche al taller por la cosa de una revisión ordinaria, a la que se añadió el arreglo del aire acondicionado, que como todos saben suele estropearse siempre en verano. Y en la carta semanal a mis feligreses les conté esta peripecia como cuanto casi cada cosa que nos va ocurriendo. Por cierto, yo creo que saben que mientras se acaban las obras de la parroquia resido a 45 km. de la misma.

Pobre de mí. Aquí empezaron las regañinas.

Empiezo por mis hermanos y sobrinos:

- ¿Qué vas a hacer estos días sin coche?

- Pues ir en bus como todo el mundo.

- Tío, nosotros tenemos un coche parado, cógelo, que estos días son de muchísimo calor.

- No, de verdad, que me apaño, no os molestéis.

Mis hermanos:

- Sabes que tenemos dos coches, nos vale con uno. No seas tonto…

- Que no, que no pasa nada, que son un par de días.

La cosa se fue alargando. Los dos días al final acabaron convirtiéndose en una semanita. Y llegaron más broncas. Ahora de los feligreses:

- Te hemos dicho que en casa hay un vehículo de más. Toma las llaves. Llévate el que quieras.

- ¿Y si lo necesitáis vosotros? Yo me apaño.

Algún correo de la gente del Consejo: “En cualquier caso, mi opinión (y ayer cuando me lo comentaste después de misa no caí), es que creo que deberías alquilarte un coche con cargo a la parroquia. Ya suficiente paliza es tener que ir y venir todos los días desde tan lejos como para encima tener que venir en autobús y después tener que andar con todo el sol desde la gasolinera. El alquiler de un coche es barato (puede estar entre los 50 y los 80 euros/día con seguro) y creo que es lo mínimo que podemos hacer por nuestro párroco”.

Y todavía, un día acabo la misa y me entra otro feligrés y buen amigo y me dice:

- Hale, ¿ya has acabado? Pues venga, que te llevo a casa. Tengo el coche en la puerta.

- Mira, te libras porque acaban de entregarme el mío. Además, ¿cómo vas a hacerte 90 km. ida y vuelta para llevarme a casa?

- Pues encantado… ¿De verdad ya tienes coche?

- Sí, míralo, ahí está.

- Pues que sea la última vez que te estás sin coche ni un día. O alquilas uno con cargo a la parroquia, o te lo dejamos, o te llevamos nosotros, que tenemos que cuidar del párroco.

Ya digo, bronca tras bronca. Aunque tengo que reconocer que da gusto que a uno le regañen tanto.

7月21日

Correos a mis feligreses

Comencé hace dos años y mis feligreses saben que cada semana tienen "carta" del párroco. Cuento cosas, doy noticias, explico qué tal nos va. No es nada, pero nos hace mantenernos en contacto. Y yo sé que hay mucha gente que los fines de semana no viene porque está fuera o que incluso ahora está de vacaciones. Es igual. O a veces el que está fuera de la parroquia soy yo. Pero sigo en contacto. Así se hace también iglesia.

Sin más, hoy os dejo el correo que acabo de mandar a mis feligreses hace un momento. Ya digo que no es nada. Pero es la vida de diario. Y esto es hacer iglesia

 

CARTA  A MIS FELIGRESES. 21 - julio - 2008

Aunque no han faltado correos contando la magnífica experiencia de Tierra Santa, en cosas digamos "normales" andamos con un poco de retraso.

¿Cómo van las cosas en verano?

En principio, con muchísimo calor, y más habida cuenta de que el aire acondicionado del templo ha decidido dejar de funcionar. Lo que pasa es que ya uno piensa que nos queda poco más de un año y ha decidido la opción de mantenimiento cero. Es decir, que no siendo urgencias... que se quede el templo como está. Menos mal que en el despacho sí hay un aparatejo que mantiene fresco el lugar. Entre eso, y una tele que acaban de regalarnos, el veranillo en el despacho se va llevando con una cierta dignidad.

Me paso casi todo el día en la parroquia. Rara es la mañana en la que no surge nada. O arzobispado, o bancos, o papeles de obras, o lo que sea. Así que no ha quedado más remedio que organizar el campamento: aire acondicionado, tele, butaquita y una mini nevera. Vamos, que despacho-sacristía casi de tres estrellas.

Luego me ha surgido otro problema. Y es que el aire acondicionado del coche se ha declarado en huega. Ya se sabe. El aire acondicionado se estropea en verano y la calefacción en invierno. Misterios de la técnica. Así que estoy sin coche desde el martes. Afortunadamente el bus del pueblo sale cada media hora y me deja en la gasolinera. Y para algún momento especial, los hermanos y sobrinos me dejan vehículo. Creo que entre hoy y mañana volveré a estar "motorizado".

Muy bien las obras. Se ha hormigonado el forjado del semisótano y ahora estamos levantando paredes hasta la planta de lo que será la iglesia. Los arquitectos del arzobispado, que también "controlan" el asunto, me dicen que están muy satisfechos con la marcha de las cosas. Y esto también me da mucha tranquilidad. Y en cuanto al dinero, pues el equipo económico está en permanente diálogo con el banco para controlar que todo vaya bien, y no tengo quejas.

Y no dejo de dar gracias a Dios por la experiencia de Tierra Santa. Es una bendición. Los que lo han vivido, lo saben. Tierra Santa es vivir un nudo permanente en el estómago. Es redescubrir la fe. Es dejar que el llanto surja solo de puro encuentro con el Maestro. Ya hay gente que me dice que se han quedado con ganas... Mi respuesta es siempre la misma: a Tierra Santa estoy dispuesto a ir siempre. Pensadlo: un grupo que me lo diga y nos vamos otra vez el próximo año.

Finalmente recuerdo que este viernes es Santiago Apóstol, patrón de España. Tendremos horario de misas como los domingos: 20 h. en la víspera, y 12 y 20 h. en el día.

A los que andáis de vacaciones, un abrazo muy grande y que el Señor os conceda un feliz y santo descanso en compañía de la familia y los amigos. Y al resto... pues paciencia, que esto está en nada.

Os adjunto un archivo en mp3. Es una canción de Israel que pudimos corear en el barco con el que atravesamos el Mar de Galilea. El lago, el barco, unos peregrinos felices, y una guitarra y unos tambores que acompañaban la canción que un grupo nos ofrecía. Una bendición de Dios. Cosas de la Tierra de Jesús.

Saludos

 

  
7月18日

Un poco harto de fundamentalistas de ambos lados

Sé que es mucho más fácil. Se dan las normas, se aprenden, y a continuación se evalúa si se cumplen o no y punto final. Tanto que ni hablamos del evangelio, del Reino, de las bienaventuranzas, del sermón de la montaña. Se nos va el tiempo en lo que son pequeñeces, a mi modo de ver. Y las llamo pequeñeces porque suelen ser cosas de puro derecho positivo, normas sin duda, pero que pueden cambiar mañana y no pasa nada. Lo que sucede es que algunos se las toman tan en serio que asustan.

Entiendo que las normas son necesarias en todo. Pero no para arrojarlas los unos a la cabeza de los otros, ni para caer en ese absolutismo fácil por exceso o por defecto que al fin y a la postre nos lleva a intolerancias de distinto signo, pero intolerancias en cualquier caso.

El evangelio de hoy me ha regalado mucha serenidad.

Y me explico.

Me encanta eso de “misericordia quiero y no sacrificios”. Quizá porque me parece que entre cristianos de distintas tendencias si algo falta es justamente eso. Cuesta el diálogo y resulta demasiado simple el “tú más”. Se nos olvida la comunión. Cada uno se erige en el cristiano perfecto, si no de vida, sí de pensamiento, y ante tal insensatez no es posible el más elemental cambio de impresiones.

Se nos puede olvidar la capacidad de perdonar, de situarnos en la piel del otro, de tratar de aceptar las limitaciones del hermano. Se nos puede quedar de lado la misericordia, y hacer perfectas celebraciones sin que nadie nos pueda acusar de omitir una tilde de la ley mientras que no hemos aprendido a amar al hermano.

Y podemos hacer unas celebraciones muy creativas, muy nuestras porque nos da la gana, y olvidarnos del pueblo de Dios que tiene sus necesidades y exigencias. Y despachar a todo crítico con un me da igual que no es más que otra forma de intolerancia.

Mientras no aprendamos misericordia, sencillez, humildad y un poco del publicano de la parábola, estaremos en la ley pura y dura. Ya saben: Summa lex... summa iniuria.

Y otra consideración al hilo del evangelio de hoy. “El Hijo del Hombre es señor del sábado”. Y ahí quiero entender que para Jesús había cosas más importantes que la norma: la salvación del hombre. Y que Él mismo no tuvo problemas en saltar lo establecido cuando fue necesario hacerlo por amor.

Cosas del evangelio que yo creo que leemos demasiado poco. Nos aprendemos el código, los decretos, las orientaciones, las normas sobre… y el evangelio se va quedando sólo como la última disculpa.

Tenemos que aprender la auténtica misericordia. Y nos falta. Como que el mandato principal es amar… No nos va a faltar.

7月16日

Tierra Santa: testimonio de dos peregrinos

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Una semana de nuestro regreso. Perfectamente recuperado del cansancio físico. Y una pregunta que me ha hecho gente: ¿Merece la pena ir a esos sitios santos?

Conozco Tierra santa como uno más en un grupo, y la conozco como sacerdote responsable de una peregrinación. Y sí. Merece la pena.

Pero eso no debo decirlo yo, sino otros, los que acuden. Y, sin poner nombres, evidentemente, sólo dejo aquí el testimonio de dos peregrinos que me han hecho llegar por e-mail.

“Estoy mirando los cientos de correos que tengo pendientes de responder y apenas tengo tiempo para contestar. Únicamente quiero darte las gracias por la organización del viaje, el grupo de amigos, los sitios que hemos visitado, donde hemos celebrado las misas (de lo mejorcito del viaje).... todavía no me puedo creer el privilegio del que hemos gozado y mucha culpa de todo eso la tienes tú.
Solo tengo un pero en la Excursión: y es que no me atreví a darte públicamente las gracias (aunque estuve a punto de decírtelo en la misa que celebramos junto al Santo Sepulcro, pero estaba emocionado - perdóname) por como ha transcurrido el viaje y como me has hecho sentir la fe y el acercamiento a Dios. Antes era creyente y tenía fe, pero te puedo garantizar que ahora mucho más.
Jorge: mientras escribo estas palabras, estoy escuchando las canciones que nos has enviado como música de fondo y solo me viene a la mente buenos recuerdos.
Te tengo que dejar, llevo años sin llorar y me estoy emocionando mientras escribo. No se q me pasa. Lloro de alegría y de emoción por la experiencia vivida. NUNCA LO OLVIDARÉ”

Y el de otro viajero, aunque quitando referencias muy personales:

“Hola Jorge, después de leer tu blog, y sobre todo después de este viaje por Tierra Santa solo puedo decirte GRACIAS, muy alto, muchas veces y desde el corazón.

Mi fe está algo o quizá ya puedo decir estaba algo resquebrajada por varios palos que he recibido, a lo mejor no es el medio ideal, pero escribiendo me resulta más fácil.

Por todo esto, ha sido un viaje muy importante para encontrarme conmigo misma.

Bueno, después de este ataque de desahogamiento y uso de esa Betania de la que nos hablaste, reitero mis GRACIAS. Ha sido un placer conocerte y escucharte.”

Es decir, a los creyentes les fortalece en la fe. A los que acuden más alejados les plantea nuevos interrogantes. He visto a la gente rezar con lágrimas en los ojos. He confesado a bastantes. He charlado con muchos más de lo imaginable. Y su testimonio ha sido tal que ya hay gente que al escuchar lo que cuentan me preguntan que para cuándo preparo otra peregrinación.

Ir de turistas no merece la pena. Ir al encuentro de Jesús, siempre. Y nos hemos encontrado con el Maestro.

7月14日

Cosas de la tierra de Jesús - 3

Me quedan dos días de crónica. Y ahí van las impresiones de esas dos jornadas en Jerusalén.

El lunes 7 lo comenzamos cantando a San Fermín. No íbamos a olvidar tan señalada fecha en España. Y el autobús nos colocó en lo alto del Monte de los Olivos. Comenzamos por la capilla de la Ascensión, donde la tradición recuerda la subida de Jesús a los cielos. Y allí la gran sorpresa de reencontrarme con Elías, nuestro guía del año pasado. Qué gran abrazo nos dimos.

El siguiente paso, la iglesia del Padrenuestro. Esta preciosa oración colocada en más de setenta idiomas, pero sobre todo qué impresionante rezarla en la gruta donde el mismo Jesús se la enseñó a los suyos.

A partir de ahí, una bajada de vértigo hasta llegar a la iglesia del Dominus flevit, que posee posiblemente el mejor retablo del mundo: una ventana a la misma ciudad de Jerusalén. Allí celebramos la misa pensando ya en la pasión de Jesús. Él se lamentaba por Jerusalén. Y yo decía en la homilía: aquí se entiende otra vez ese “Pueblo mío, qué te he hecho…” ¿Qué más podía hacer Él por nosotros? Y le esperaba la cruz.

flevit grande

Una buena parada en Getsemaní: olivos milenarios y la iglesia de las naciones, oscura, sobrecogedora, que te hace entrar en la negrura angustiosa de las horas anteriores a la pasión.

Y todavía la visita a la capilla del prendimiento y a la tumba de la Virgen.

Comida y a por San Pedro in Gallicantu, donde se pueden visitar esas mazmorras en las que posiblemente Jesús pasó horas y donde se conserva una gran escalera de la época de Cristo que muy posiblemente él recorrió en los traslados de su proceso.

Siguiente parada en el cenáculo, con todo lo que encierra de vida: jueves santo, lavatorio, mandato del amor, Eucaristía. Y allí renové ante mis feligreses mi sacerdocio, que es para ellos. Pero qué bandidos son. Al acabar la renovación cantaron algo que para mí tiene mucha fuerza: “Nada nos separará del amor de Dios”. La emoción me pudo. Entramos a visitar la tumba del rey David y nos marchamos a continuación a la iglesia de la dormición de María, donde se conmemora la muerte –dormición- de la Virgen.

Y se acabó el día –intenso como puede verse- visitando las excavaciones del cardo máximo y el muro de las lamentaciones, siempre imponente. Yo tenía una deuda en ese muro. El pasado año, en octubre, coloqué un papelito que rezaba “Templo”. Este año coloqué otra con una sola palabra: “Gracias”.

El último día en Jerusalén comenzó madrugando. Tanto que a las seis de la mañana comenzamos el Via crucis por la vía dolorosa. Poco puedo decir. La emoción nos iba agarrando. Era el camino del calvario. Y nosotros, ahí, con Jesús.

Todavía en esa mañana dimos una vuelta por la iglesia de Santa Ana y la piscina probática –curación del paralítico- y por el litóstrotos, pavimento realizado con las losas del “enlosado o gabbata” que ciertamente pisó el Señor.

El último capítulo, la basílica del Santo Sepulcro. Lo primero, la misa. Misa de resurrección, porque fuimos a Tierra Santa a celebrar al que vive por los siglos. Los cantos debieron resonar en todo el templo a pesar de que nos habíamos refugiado en una pequeña capilla. Aleluya. Gloria. Resucitó. Hoy el Señor resucitó.

Santo sepulcro

Y tras la misa, la visita y veneración de los lugares clave: Calvario, losa de la unción, tumba del Señor Jesús. Posteriormente, visita a las diversas capillas del recinto.

Y de ahí a comer y a disfrutar de la tarde libre que cada cual se distribuyó según sus apetencias. He de reconocer que un servidor se sentía tan agotado, que se la organizó entre siesta y piscina del hotel.

Y poco más. Quizá aporte más adelante fotos o testimonios de los peregrinos. Sólo puedo decir que he regresado de nuevo muy feliz. Que peregrinar a Tierra Santa es más que hacer turismo, que cala y llega. Y que estoy dispuesto a volver siempre. Tanto, que si hay gente que desee acudir el próximo año, me voy otra vez.

7月11日

Cosas de la tierra de Jesús - 2

Los dos días en Galilea fueron muy intensos. Así que el día siguiente nos lo tomamos con más calma. Para empezar, un buen trecho en autobús hasta el desierto de Judea donde comenzamos visitando Qumram, el lugar donde se hallaron los famosos manuscritos del Mar Muerto. Calor para aburrirse. Interés, todo.

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Y de Qumram al mismo Mar Muerto, siempre divertido, siempre curioso eso de meterte al agua y flotar de todas todas. La comida en Jericó, con compras abundantes de productos cosméticos. Era el momento de llenarse de las propiedades misteriosas del mar.

Tuvimos la misa de la tarde en Betania, ese lugar donde Jesús descansaba gracias a la acogida y la generosidad de sus amigos Marta, María y Lázaro. Recuerdo que en la homilía les dije que ellos eran y son mi Betania, ese lugar donde puedes ir a descansar, a reponer fuerzas, a llorar si hace falta. Y un cura lo necesita. Y no sabéis cómo. Y a dormir a Jerusalén.

El domingo comenzamos en Belén. Por cierto, qué horror ese muro de la vergüenza que separa a los palestinos. La primera visita, al campo de los pastores, donde vimos cuevas de las que se utilizaban para cuidar los ganados y rezamos y cantamos en la iglesia del Gloria, iluminada especialmente más que por el sol, por ese Sol que nos nació de lo alto.

Celebramos misa en la parroquia católica de Belén, presidida por su párroco, y concelebrada por un servidor y un sacerdote coreano. Bienvenida en un español italianizado, lecturas en árabe y español, consagración en latín y cantos en árabe acompañados por un villancico popular de Guadalix. Y de postre, café y pastas con la comunidad. Una bonita experiencia.

Aún nos dio tiempo para visitar la pequeña iglesia que llaman la gruta de la leche, que conmemora a María amamantando a su hijo, para llegar por fin a la basílica de la Natividad. Y en ella, descendiendo unas escaleras, esa estrella que señala el nacimiento del Hijo de Dios. En el mismo lugar del nacimiento sonaba distinto el Noche de paz que todos cantamos.

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Y por la tarde al encuentro de Juan Bautista. Comenzamos por la iglesia de la Visitación, levantada sobre el lugar en que se encontraron María e Isabel, en un alto con unas bonitas vistas y una subida infernal por una calle en obras, y acabamos en la iglesia del nacimiento del Bautista. Una iglesia española, por cierto.

Y a descansar a Jerusalén. Bueno descansar… tanto como descansar… Porque fue cenar y salir corriendo. Un grupo nos colamos en la ciudad vieja por la Puerta de Damasco y seguimos la calle hasta llegar al mismo muro de las lamentaciones. Olores, callejuelas, rincones… eso es Jerusalén. Mezcla de gente, de creencias, de olores y colores. El caos y el entenderse sin tener nada que ver unos con otros. El muro de las lamentaciones, en esa noche, impresionante como siempre. Trasiego incesante de devotos que van a rezar. Hombres y mujeres separados. Yo creo que Dios desde el cielo tampoco terminaba de entendernos

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7月10日

Cosas de la tierra de Jesús (I)

Tierra Santa 2008 - Grupo

 

Después de la experiencia del año pasado, estaba claro que había que regresar al país de Jesús. Y la propuesta fue acogida del tal forma que casi fue lanzar la idea y completar el grupo, con nada menos que 44 personas. Y aquí va una croniquilla de urgencia de lo que han sido estos días.

Lo primero, hacer notar la variedad del mismo grupo. El benjamín, 14 años. Las mayores, 82. Una docena de jóvenes que han sido nuestra alegría. Tres señoras de Navalafuente, un buen grupo de Guadalix de la Sierra y otro buen grupo de la Beata María Ana Mogas. Eso sí, con un excelente buen humor y muchas ganas de vivir con intensidad estos momentos.

Evidentemente no voy a contar todo. Sí dar pequeñas pinceladas de lo que yo creo nos ha ido tocando el alma.

Un vuelo de ida un tanto raro. Llegamos a Tel Aviv a las 3:30 hora de allá. Y como no podía ser menos, una de nuestras chicas, retenida en el control de pasaportes. Más de una hora. Así que entre llegar a esas horas, la retención en el control y otras zarandajas, apenas dormimos dos horas. ¡Pero estábamos en Tierra Santa!

Comenzamos el día 3 en el Monte Carmelo. Unas impresionantes vistas sobre el Mediterráneo y la visita al santuario Stella Maris, principal santuario de la Virgen del Carmen en el mundo. Desde aquí a Nazaret. A tocar ya el gran misterio. Comida en Nazaret, visita a la iglesia de san José y el disfrute gozoso de la basílica de la Anunciación. Un gran templo superior, espléndido, grandioso… y una pequeña cripta que acoge la casa de maría donde se produjo el anuncio del Ángel. Y ahí la Eucaristía. En el mismo lugar en el que el Verbo se hizo carne en María. No sé que tiene Nazaret que se te agarra en el estómago. Te entrecorta la respiración. Y de repente en la misa miras a la gente y empiezas a notar como las lágrimas se van derramando de emoción y felicidad. Ahí fue. Aquí se encarnó. Y un calor gratificante te va surgiendo de dentro.

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El final de la tarde en Caná. Primer milagro. Cristo bendiciendo con su presencia una celebración de bodas. Es verdad que ves cosas: una tinaja de la época, unos restos. Pero Caná es también donde los matrimonios pueden renovar su compromiso. Y claro que lo hicieron. Pero además pedí a los “sin pareja” –personas que vinieron y cuyas parejas no pudieron viajar- y algunas viudas, que de corazón renovaran su amor ante sus cónyuges. Y también lo hicieron entre lágrimas. Y una palabra para los jóvenes, algunos empezando a “emparejarse”: sólo merece la pena emprender un camino común si estáis dispuestos a luchar por vuestra vida cada momento. Para eso Cristo os acompaña.

¿Nos vamos al día 4? Un día marcado por el lago de Tiberiades, donde Jesús paseó en barca, predicó, vivió. Una primera visita a la iglesia que recuerda la multiplicación de los panes y peces. Después, la iglesia del primado de Pedro, donde tienes la posibilidad ¡por fin! de tocar el agua. Una preciosa escultura representa a Cristo pidiendo a Pedro que apaciente sus ovejas. También nos acercamos a Cafarnaum, como debe ser, para conocer la ciudad del Señor. Pero sobre todo quiero recordar ahora la celebración de la eucaristía en el Monte de las Bienaventuranzas.

Hay que poner imaginación. A ver. Al aire libre. Como retablo, el lago y la ladera del monte. Los pájaros y las chicharras cantando. Un grupo que se quiere y que se empieza a sentir grupo. Y la voz del señor: “Bienaventurados los pobres… Bienaventurados los sufridos…” Suena distinto. Y el mismo Cristo repartiendo luego su Cuerpo. Y de nuevo el nudo en la garganta. Y de nuevo las lágrimas. Y de nuevo el entender que tu vida sólo puede ser de Cristo.

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Hicimos a continuación la travesía del lago. Leyendo pasajes del evangelio. Cantando ese “Tú has venido a la orilla” que aquí suena de otra manera. Pero también bailando y saltando al ritmo de clavelitos y de canciones hebreas que nos cantaron los del barco. Lo pasamos en grande.

Por la tarde nos fuimos al Tabor. Magníficas vistas. No me extraña que quisieran quedarse ahí, y más cuando se empezaban a imaginar el final en jerusalén. Eso sí, una decepción. Al Tabor se sube en una especie de taxis, con unos conductores medio locos. Uno especialmente. Por el pañuelo palestino que llevaba el año pasado le pusimos de apodo “Arafat”. Sin duda el más loco. Este año, en la bajada lo vi. Y me dije… yo vuelvo a bajar con él. Pero oh sorpresa. Se ha reformado. Y se ha convertido en prudente. Una decepción.

Acabamos la jornada renovando el bautismo en el Jordán. Pero no en el lugar “habilitado” para ese fin, que por ser viernes tarde –ya el sábado- estaba cerrado. Así que nos fuimos a una zona “salvaje” nos metimos de patitas en el agua y así renovamos el bautismo. Al acabar –ignorante de mí- dije que sería bueno que se hiciese algún signo con el agua, lo que quisieran. Y los jóvenes lo tuvieron claro: echarse agua unos a otros y ponerse perdidos, y a los demás lo que pudieron. Y una anécdota. El día de la llegada, ya dije que retuvieron más de una hora en el control de pasaportes a una de las chicas, entre otras cosas por llamarse Fátima. Así que la metieron entera en el río y fue rebautizada, al menos para el tiempo de Tierra Santa, como Trini. Para evitar más líos.

7月2日

Nos vamos a la tierra de Jesús

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En unas horitas estaremos volando hacia el país de Jesús. Un grupo de 44 peregrinos, muy diverso, pero que me da muy buena impresión.

Algunas señoras ancianas -con setenta y muchos-, un niño, varios matrimonios, y un buen nutrido de jóvenes con edades entre los 25 y los 30 años, que van a ser una bomba. El origen también diverso. Unos de mi actual parroquia, y otros de mis anteriores parroquias de pueblo. Y para Israel esta noche.

Pues deciros que D.m. regresaremos el próximo miércoles día 9. Y que ya os contaré qué tal ha ido todo. Mi recuerdo para todos en esa tierra. Y cuento con vuestra oración para que Dios nos bendiga y acompañe.

Por cierto, en octubre ya me embarqué en otra de estas. Os dejo el link con la crónica de urgencia en la que narraba todo lo vivido entonces. Un abrazo y que Dios os bendiga.

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