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日志


7月28日

La "culpa" de que yo sea sacerdote

Leyendo y releyendo las lecturas de este domingo, me a venido a la cabeza alguna de esas experiencias que tiene uno de lo que es la oración. Y en medio de estas experiencias tengo que recordar a la tía Flora, una hermana de mi madre, fallecida ya hace quince años. Una mujer piadosa, creyente, convencida de su fe, abierta a la iglesia. Su sueño fue que Dios concediera un sacerdote a la familia. Y contaba ella que cuando iba a nacer su primer sobrino -y me remonto al año 1928- comenzo a rezar pidiendo a Dios esa gracia. Se casó y Dios no le regaló unos hijos.
 
Pero ya se sabe que a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos. Diez sobrinos. Cinco chicos y cinco chicas. Y seguía en oración. Y nada. Los sobrinos, sordos a cualquier llamada de lo alto. Comenzaron a venir los sobrinos-nietos. Y siguió orando para que al menos el hijo de un sobrino fuera llamado por el Señor. Recuerdo una tarde de finales de verano del año 1973. Me acerqué a su casa. Y hablamos de esto. Al final, lleno de alegría le dije... "Ya ves, toda la vida rezando por un sobrino sacerdote. Pues a lo mejor hay suerte. mañana ingreso en el seminario. Y ya puedes rezar por mí, que tú eres la culpable".
 
Fui ordenado sacerdote el año 1979. Es decir, le costó una oración constante a lo largo de cincuenta años. Pero Dios, aunque sólo fuera por pesada, le concedió lo que pedía.
Después Dios me concedió otra gracia: en el momento de su muerte estar cerca de ella, administrarle los sacramentos y presidir su entierro y su funeral.
 
Cuento esto al hilo del evangelio de este domingo

-Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.» Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos.» Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

Hablamos demasiado de las teorías. Hoy me apetecía contar sólo un ejemplo. Pero conste que es uno solo. Tengo muchos más. Pero este nos vale. Si uno pide con fuerza y convencimiento, Dios actúa. Y actúa en cosas serias.

Nos quejamos de una oración que no se escucha. Habría que pensar si sabemos rezar, si sabemos pedir lo que conviene, si somos conscientes de lo que de verdad necesitamos. Podria contar muchos ejemplos de una oración constante y ciertamente respondida. Y siempre ha sido cuando pedí algo no para mi provecho, sino para el provecho o el servicio de los otros, como fue incluso mi propio sacerdocio.

Si pedimos para propio provecho material, para resolver las cosas a mi estilo, Dios no escucha. Pero si es para su gloria, no falla. Eso sí. A veces se deja rogar durante cincuenta años.

 

7月20日

Olé por los religiosos

 Profesé como religioso agustino en 1975. En la vida religiosa agustiniana me he formado y ordenado sacerdote. Y como agustino he vivido unos cuantos años de mi vida. Desde que me ordené la orden me dedicó al trabajo pastoral parroquial, que he vivido siempre con tal intensidad y con tal vinculación a la iglesia diocesana que un día pedí mi incorporación al clero diocesano de Madrid. Debo ser un caso curioso. Nacido en Madrid, formado en Madrid, siempre trabajando en parroquias de la diócesis madrileña... Hasta que un día te preguntas que haces fuera del clero diocesano.
Pero no soy ni mucho menos el ex fraile que se dedica a justificar sus opciones personales criticando a los que fueron sus hermanos o hablando de lo mal que está la vida religiosa. En absoluto. Fui muy feliz de fraile. Tengo grandísimos amigos religiosos e incluso me confieso alguna vez con ellos. Y los quiero de corazón.
Pero seamos claros. Entre clero regular y religiosos siempre ha habido sus "piques". Normal. Lo diocesano, con sus obispos al frente, es más digamos "totalizador". Y tiene unas estructuras firmes, sólidas y muy tradicionales en el mejor sentido de la palabra: Parroquias, sacramentos, dirección pastoral, gobierno. Y los religiosos, de siempre, son "otra cosa". Y porque lo son, han gozado normalmente de unas ciertas "exenciones" que les han permitido vivir un poco por libre, entendiendo con esta expresión, vivir sin tener que sujetarse a estructuras diocesanas o incluso en algunos momentos de la historia, realizar su misión incluso en contra del parecer de obispos que estaban mucho mejor sin que nadie incordiase o pusiese en entredicho su vida o ministerio.
Sé que exagero, pero el obispo -lo diocesano- es más derecho canónico, estructura, gobierno, ley, norma y busca da la exclusividad del título de eclesialidad. El religioso es carisma. Es Francisco de Asís predicando la pobreza y viviendo la austeridad y esa fe "naif" que nos sigue emocionando. Es Agustín que incluso siendo obispo, vive con otros hermanos para buscar cada día la verdad. Es Teresa de Jesús, empeñada en fundar en pobreza por más que la llamen loca. Claro que me dirán que de eso queda poco. Sí. Más o menos lo que queda de Pedro y Pablo en los obispos de hoy. Que todos somos pecadores.
Lo cierto es que los religiosos tienen que ser capaces de transmitir con su vida y sus obras institucionales que eso del reino de Dios, donde todo es amor y perdón, apertura a Dios, justicia y comunión, es posible. Y lo hacen. Por ejemplo, con una vida en común imperfecta, pero que es su gloria y su alegría. Y lo hacen con el desprendimiento que supone que cada cuatro o seis años se haga juego revuelto, se vuelvan a distribuir oficios y cargos, y asi nadie pueda pensar que es superior para siempre. Y con la libertad de espíritu del que vive desprendido de cargos o afanes de ascenso.
Es verdad que a veces molestan. Y que van por libre. Y que no hacen caso. Debe ser parte del paquete de la vida religiosa. Pero me encanta cada vez que incordian y llaman a una vida más evangélica, o simpemente aportan una reflexión distinta ante un problema de todos. Y me encantan los obispos cuando además de decir "ya está bien con estos religiosos, que no dejan de incordiar", saben hablar y decir... "vale, teneís vuestro carisma, pero ¿verdad que vamos a ir todos unidos en el anuncio del evangelio?".
Hoy, los religiosos españoles, han publicado una nota sobre la actual situación de la fe y la iglesia en España que es un buen signo de lo que la vida religiosa es y desea ser en este momento.
Os invito a leerlo:
 
1. Momento social. Estamos viviendo, en la sociedad española, un tiempo de crispación. Todo el mundo, en España, comprendemos de sobra lo que esta palabra recubre y expresa. Este estado de crispación se pone de manifiesto en las controversias vividas en los ámbitos de participación y decisión política (parlamento, senado, comunidades autónomas, ayuntamientos, etc.), en los medios de comunicación, - incluso en aquellos que, por su esencia origen y pertenencia, deberían ayudar a encontrar caminos de convivencia y relación respetuosa-, y también en buena parte de la sociedad española en general.

Se absolutizan los puntos de vista, disminuye la capacidad de autocrítica, se descalifica e incluso se insulta al que piensa diferente, se aceptan la mentira y las medias verdades como medio para defender la propia causa... De esta forma se nos está haciendo difícil el diálogo, la escucha del otro y la aceptación de su parte de verdad.

Nuestro país está, efectivamente, en un proceso de re-definición de realidades que afectan de lleno no sólo al mundo de la política sino también al de la convivencia social: una sociedad y un Estado laicos y plurales, los derechos de las personas de diversa orientación sexual, la defensa de la mujer y la lucha contra la violencia de género, el fenómeno de la inmigración masiva e ilegal, el Estado de las autonomías, la eliminación del terrorismo..., campos todos ellos abiertos a la controversia política y, por supuesto, social.

Somos un país formado por diferentes pueblos y culturas, con sensibilidades religiosas y políticas muy diferentes. No tenemos una tradición larga y profunda de democracia, de libertad de pensamiento y de respeto de las opiniones diferentes. Todo esto influye, sin duda, en la situación actual, en un momento en que la radicalización política se contagia a la población y se vive en los diversos ámbitos de la convivencia ciudadana, incluso en el seno de las familias.

2. Las comunidades religiosas

Las comunidades religiosas las formamos ciudadanos y ciudadanas, miembros de esta misma sociedad de la que estamos hablando. No escapamos en absoluto a las mismas influencias y respiramos el mismo aire que el resto de nuestros conciudadanos.

Sin embargo, y en función de la misma esencia de la vida religiosa, estamos llamados a presentarnos como «signo de un diálogo siempre posible y de una comunión capaz de poner en armonía las diversidades...», «entablando o restableciendo constantemente el diálogo de la caridad, sobre todo allí donde el mundo de hoy está desgarrado por el odio étnico o las locuras homicidas» (La Vida Consagrada, n° 51). De esta manera debemos cumplir con el «carácter profético de la vida consagrada» (VC, 84), ayudando, en nuestro mismo entorno y en el ámbito de nuestra influencia en las sociedades donde vivimos, a ir más allá de la justicia, viviendo el perdón y restableciendo ese mismo diálogo “siempre posible” desde actitudes de convivencia totalmente nuevas, conscientes de que «sin el espíritu de las Bienaventuranzas no se puede transformar el mundo y ofrecerlo a Dios» (VC, n° 33).

Estas frases, que todas las comunidades religiosas hacemos nuestras y reconocemos como esenciales a nuestra vida consagrada, parecen quedar al margen cuando se trata de diferencias políticas. El Evangelio parece que no tuviera vigencia -o bien se usa como arma arrojadiza- si se habla del perdón al terrorista o del rechazo a la venganza de las víctimas. El diálogo, la escucha, quedan con demasiada frecuencia fuera de las ideas o planteamientos políticos.

Hermanos y hermanas de comunidad, que se ayudan mutuamente en mil pequeñas cosas de la vida diaria y que llevan juntos adelante una misión común, se enfrentan o se ignoran cuando se tocan ciertos temas políticos que están presentes en los medios de comunicación. Si la sociedad civil está dividida, esa misma división puede encontrarse, más o menos manifiesta, en algunas de nuestras comunidades religiosas.

Como miembros de la Vida Religiosa, tenemos una responsabilidad ante el resto de la sociedad, Reconocemos ante todo el mundo que nuestro fundamento es Dios y nuestra única referencia Jesús de Nazaret y su evangelio. La Vida Religiosa se propone vivir a fondo el Evangelio, y qué puede haber más medular, más evangélico, que el perdón, el amor a los enemigos, el respeto profundo en la relación, la igualdad... Sin embargo, reconocemos que la crispación y la intolerancia entran en las comunidades al igual que en el metro o la oficina, dejando, en el terreno de nuestra vida, una parcela al margen del evangelio

Sentimos, pues, esta responsabilidad ante toda la sociedad porque, a través de nuestra misma vida y testimonio, de nuestras relaciones interpersonales múltiples, de nuestro trabajo en la formación de nuevas generaciones, en la pastoral, etc., somos muchas veces puntos de referencia a la hora de enfocar, tratar y tomar postura frente a muy diversas realidades.

En nuestra reflexión, como miembros del departamento de Justicia, Paz e Integridad e la Creación, de CONFER, nos preguntamos qué sentido tiene trabajar por la paz en el mundo y entre los pueblos por unas relaciones justas e igualitarias, acoger e integrar a los inmigrantes en nuestra sociedad respetando sus diferencias y ayudándoles a hacer ellos lo mismo y no ser, en cambio, capaces de mantener estos mismos valores con una parte de nuestra propia sociedad, nuestros propios vecinos, nuestros propios hermanos o hermanas de comunidad. ¿No es esto una incoherencia a nivel humano y evangélico?

En nuestra misma reflexión acogimos también las palabras de Monseñor Ricardo Blázquez en la manifestación de Bilbao, a primeros de febrero: «Porque queremos vivir como discípulos de Jesús, no podemos dejar de anunciar que Él nos enseñó a amar a los enemigos y murió perdonando, ... a otorgar perdón quienes han sido ofendidos, limpiar de odio el corazón, reconocer como prójimo a toda persona que está caída al borde del camino, suplicar al Señor la reconciliación y orientar a ella nuestras actividades...» Y reconocimos con pena, por otra parte, que no siempre nuestra Iglesia habla con humildad y que difícilmente reconoce su propia parte de culpa en la crispación de nuestra sociedad española.

Por todo ello hacemos un llamamiento a todas las comunidades religiosas de vida consagrada y a cada uno o una de sus miembros, para que, fieles a nuestra vocación y desde la invitación del evangelio de Jesús, nos preguntemos sobre nuestros sentimientos, actitudes, posturas y conductas en este momento social, los contrastemos con el Evangelio y con la acción reconciliadora y no violenta de Jesús de Nazaret y hagamos un esfuerzo de conversión de actitudes en el seno mismo de las comunidades y en nuestras relaciones con la sociedad, privadas o institucionales, para ayudar a restablecer en todas partes una actitud de serena confrontación y de posible diálogo.

Comunicado del Equipo de reflexión del Departamento de Justicia y Paz de CONFER sobre la crispación social 

 
 
 
7月16日

Yo no soy cismático

A propósito del documento de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe titulado: "«Respuestas a preguntas relativas a algunos aspectos acerca de la Doctrina sobre la Iglesia», y que entre otras cosas dice: "Aunque se puede afirmar rectamente, según la doctrina católica, que la Iglesia de Cristo está presente y operante en las Iglesias y en las Comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica, gracias a los elementos de santificación y verdad presentes en ellas, el término "subsiste" es atribuido exclusivamente a la Iglesia católica, ya que se refiere precisamente a la nota de la unidad profesada en los símbolos de la fe (Creo en la Iglesia "una"); y esta Iglesia "una" subsiste en la Iglesia católica." Pues lo estaba comentando con un sacerdote amigo, buen sacerdote. 
Y este cura me decía: Mira, yo no tengo nada que objetar. Es lo que hay. Yo lo acepto y punto. Ahora bien, piensa una cosa. Imagínate que te pones delante del Altísimo y le dices: "Te doy gracias Padre porque yo no soy como los demás: herejes, cismáticos, disidentes, altaneros ante la sede de Pedro, rupturistas de la sucesión apostólica, relativistas, críticos con Roma por soberbia teológica. Yo me he mantenido en la verdadera Iglesia Católica fundada por tu Hijo, no me aparté jamás de la fe verdadera y hoy agradezco el ser continuador fiel de lo que tu Hijo nos mandó hacer y vivir. Amén".
Este cura me decía... Yo no me atrevo a rezar así.
Le respondí. Pues yo, sin enmendar la plana a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, digo que acepto lo que me digan. Pero que rezar así... me da la risa.
 
7月11日

Menos papeles y más misericordia

Llevamos unos días abrumados por los papeles que llegan desde arriba. Un motu propio sobre la elección del papa. La liberalización del uso del misal anterior al Vaticano II. Una nota de la Congregación para la doctrina de la fe sobre la identidad de la iglesia. Esto sólo por recordar lo más sobresaliente. En España, notas y más notas sobre esa Educación para la ciudadanía sobre la que nadie se pone de acuerdo.

Demasiados papeles, a mi humilde parecer.

Hace tiempo que tengo la impresión –es mi impresión- que en general se leen mucho más los papeles oficiales que la Escritura y en concreto el Evangelio. Más aún. Que el Evangelio en vez de ser la fuente y la vida, es la disculpa para que cada cual se lleve el agua a su molino.

¿Qué hay que discutir sobre la misa en latín, en castellano, con el misal de Pablo VI o con el de San Pio X? Pues vale. Que además es interesantísimo que en la elección del Sumo Pontífice siempre se deba llegar a la mayoría absoluta de dos tercios más uno sea el número de votaciones el que sea? Pues perfecto. ¿Y que somos la iglesia verdadera frente a otros que lo son en la medida que se acercan a nosotros? Dios me libre de ir en contra de la Congregación para la doctrina de la fe.

Pero mientras, el domingo, me pone delante a un pobre hombre herido, abandonado, a quien nadie socorría. Ni un sacerdote, ni un levita. Sólo un samaritano. Jamás dudé de que tuvieran cosas realmente urgentes. Y que ya sabían ellos que para esas cosas estaba Caritas. Ellos tenían otras cosas. Posiblemente papeles.

Es verdad que en la teoría Caritas es lo primero. Y que los pobres son el mismo Cristo: “tuve hambre y me disteis de comer”. En la práctica… Se hace lo que se puede y como se puede.

Y una anécdota de hace un par de días. Caritas acaba de recibir la medalla de oro al mérito en el trabajo por su dedicación al mundo de los excluidos.

Rafael del Río (presidente de caritas) recordó que "en Caritas no nos contentamos con atender bien a los pobres, sino que luchamos por la justicia". "Y apostar por la justicia, es eliminar los factores y circunstancias que producen la exclusión y pobreza que azotan a tantos seres humanos", añadió. Y mientras se pronunciaban esas palabras, algunos de los asistentes, que habían acudido en sillas de ruedas, no pudieron acceder al acto. Una circunstancia excluyente, como la de una serie de escalones, no había sido prevista.

Papeles, formularios, decretos. Y el buen hombre tirado en el suelo a ver si alguien tiene tiempo. Ni el sacerdote ni el levita pudieron parar. Nos falta sensibilidad, misericordia, empatía con el que sufre. Hasta en caritas.

Y mientras, el herido, en la calle. Y le atendió un jodido samaritano, que encima sería ateo, laicista y desde luego rojo.

 

7月3日

Hasta la vista, Porfi. Bien venido, Leite

Se me va mi compañero Porfi. Lo hemos sabido desde que llegó a la parroquia. Pero cuando se acerca el momento la dureza se hace presente.

En unos días regresa a su tierra dominicana. Llega un sacerdote bien formado, con su licenciatura en teología espiritual recién obtenida. Con una experiencia pastoral en la que se ha mostrado cercano, servicial, piadoso, alegre, entregado a la causa de Jesús y de la Iglesia. Llega un buen sacerdote a la República Dominicana. Sentimos mucho perderlo. Pero justo porque es un buen sacerdote su lugar está allí, no entre nosotros.

Alguna vez os he hablado de él. Y de la suerte que es para un cura tener un compañero con el que entenderse y con quien compartir sus agobios y esperanzas.

Ahora, en la parroquia, tengo a otro compañero al menos durante el verano. Me voy a especializar en curas del otro lado del charco. Su nombre es José Leite, brasileño, encantador, alegre, amable, sereno, y con una capacidad de servicio inagotable.

Esta trabajando en su tesis doctoral, y es capellán de dos centros hospitalarios, a los que acude periódicamente para atender a esos hermanos que sufren una especial limitación. Pero está sacando unos ratillos para estar con nosotros.

Quiero con estas líneas dar gracias a Dios por el don de mis compañeros. Por el tiempo vivido con Porfi, por lo que me ha enseñado de serenidad, alegría, buen hacer. Y por lo que estoy empezando a compartir con José Leite. Intuyo que también va a ser una buena relación y una gran aportación a la parroquia.

Con Porfi he tenido mucha suerte. No sólo hemos podido trabajar con normalidad. Es que también hemos rezado, nos hemos abierto el corazón, y hasta sé lo que es una absolución recibida de sus manos. También sabeos lo que es viajar juntos, conocer cosas, compartir una buena comida. Y eso se nota.  

No nos es fácil a los curas trabajar juntos. Somos distintos y hasta los celos nos llegan a agobiar. Pero entenderse con el compi es un lujo. Y yo lo he vivido y creo que lo voy a seguir viviendo.

Si algún cura me lee, sólo decirte, compañero, que la fraternidad sacerdotal es la primera condición para el trabajo y para nuestra vida. Y que los esfuerzos que hagamos por ser y vivir como hermanos no sólo con el compañero, sino con los sacerdotes de cada diócesis, nos ayudan a ser no sólo mejores curas, sino curas de verdad, en plenitud.

Y a vosotros, laicos, cuando veáis a vuestros curas juntos, que toman un café, que se van de viaje, que se cuentan dos chistes, alegraos por ellos. El tiempo que están haciendo fraternidad no sólo no va en menoscabo de la parroquia, sino que siempre se convierte en frutos de evangelio.