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日志


4月30日

la incertidumbre, signo de auténtica espiritualidad

Os dejo un texto de A. de Mello. Me ha encantado. Y tiene hoy más aplicación y más miga de la que podría pensarse a primera vista:

“Lo que produce daño no es la diversidad de nuestros dogmas, sino nuestro dogmatismo. Por eso, si cada uno de nosotros hiciera aquello de lo que está persuadido que es la voluntad de Dios, el resultado sería el caos. La culpa la tiene la certeza. La persona espiritual conoce la incertidumbre, que es un estado de ánimo desconocido para el fanático religioso”

Jamás conocí un hombre más de Dios que el bueno del P. Teófilo Prieto, orante, contemplativo, abierto a Dios, a la novedad de cada día. Pero cuando le preguntábamos los jóvenes cómo saber si teníamos vocación de religiosos, nos respondía: “Me moriré sin saber si Dios realmente me quería fraile agustino u otra cosa”. Y sonreía, y rezaba, y era el gran ejemplo. Maestro de oración y espiritualidad, pero no fanático.

Algunos me dirán que A. de Mello es poco menos que un hereje. Otro dogmatismo más. Y me llamarán relativista y secularista, y otros istas. Me da lo mismo. El fanático, bastante desgracia tiene con serlo.

4月28日

Siempre a leches. ¿Dos iglesias enfrentadas?

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Siempre a leches. Es el signo del españolito. Lo que nos va es la confrontación, la pelea, los garrotazos. Hacer cosas en común, colaborar, apoyarse, enriquecerse, debe ser ara gente de sangre menos caliente que la que corre por estas venas.

Locos por probar todavía hoy la teoría de las dos Españas enfrentadas, dispuestas a devorarse, sin otro objetivo que aniquilar al contrario. La gran mayoría de los españoles no lo vive así, aunque sí es verdad que aún quedan extremos que eso quisieran.

También los hay que cada día hablan de las dos iglesias en España y en el mundo. Aquí de igual forma hay que retratarse. O eres de los prácticamente lefevrianos –viva San Pío V, la misa en latín, la sotana, el manípulo, el velo y las autoridades en el primer banco- o eres liberacionista puro, medio agnóstico, un tanto protestante, partidario de suprimir el Vaticano, del celibato opcional y el sacerdocio de la mujer. Unos dirán que los “progres” son el cáncer de la iglesia actual. Los otros dirán que esos carcas están cargándose el Concilio y no sé cuántas cosas más. Y curiosamente en la mayor parte de las cosas que se discuten está en juego simplemente lo que es de derecho positivo.

Y lo divertido de esto es cuando te dicen: oiga, y usted ¿de cuáles de esos es? Afortunadamente de ninguno de los dos. La inmensa mayoría de los católicos vive su fe de forma muy equilibradita. Imperfecta, eso sí, que llena de gracia sólo es la Virgen. La mayoría de católicos vive su misa con devoción y con cariño; la mayoría de los sacerdotes son gente muy de todos los días, que rezan, celebran e intentan ser testigos de Jesús en su quehacer cotidiano.

Lo divertido de creer en las dos iglesias, es que por ese simple hecho se va generando una cierta hostilidad de unos hacia otros. Y es curioso cómo la risa va por barrios. Por ejemplo, ¿se aprueba la posibilidad de celebrar la misa según el misal anterior al Vaticano II? Pues se ríen unos. ¿Qué le dan dos leches al fundador de los Legionarios de Cristo? Entonces se ríen los otros. Es decir, que la felicidad suprema está en ver cómo los contrarios son abofeteados a ser posible en público.

A mí no me meten en esos líos. Atacar al contrario constantemente, escudriñar la vida del otro para ver si puedo demostrarle que está equivocado, ironizar sobre sus limitaciones es mal ejercicio. Un anciano sacerdote nos decía: “No saquéis a relucir los defectos y equivocaciones del prójimo. Si es falso lo que se dice, faltas a la verdad. Y si es verdad es murmuración o difamación”. Pobre del que para justificar su pobreza de miras debe justificarse con los defectos del otro.

¿Dos iglesias? No. Una, y mil a la vez. La iglesia de Cristo, la de Pedro, encarnada en el hombre de hoy, viva en cada comunidad. Iglesia santa en Cristo, pecadora en cada uno de nosotros. Quiero ser de esa. Pero me cuesta trabajo decir quién se aleja de ella. Seguro que hay gente más santa y más lista que yo que se atreve a proclamarlo. Tendrán dones especiales o una gracia peculiar. Yo, no.

4月27日

Paradojas de la vida

· Se pide la abolición de la pena de muerte, pero son miles los asesinados cada día en el seno de su madre.

· Gastamos millones en recuperar y cuidar a los animales en vías de extinción, financiando las mejores clínicas veterinarias para ellos, pero preferimos abortar si un niño viene con alguna tara, o pensamos que puede ser así.

· Horrorosa la política dictatorial de Bush, menos mal que en Cuba hemos descubierto la libertad. Curiosamente, los pobres cuando se montan en patera no se van a Cuba, sino que huyen de ella para venirse a USA o a la Unión Europea. Tontos deben estar.

· Desastre la vida artificial que llevamos. Pero gracias a ella la esperanza de vida y la calidad de vida se alargan sin cesar.

· ¿Se han dado cuenta de que ya no se ven niños con síndrome de Dawn por la calle? Se imaginan por qué, ¿verdad? Es que ya no nacen…

· Comentario de una señora con discapacidad severa: ya está bien de hablar de muerte digna. ¿Qué me están diciendo, que es mejor que yo me muera por ser persona con discapacidad? Lo que hay que hacer es hablar de vida digna para TODOS.

· Y en las cosas de la fe. Nos pasamos el día escudriñando el derecho y las normas. Me parece que se nos olvida eso de amar a Dios y al prójimo y de una manera efectiva.

· Si yo, cura, celebro con mis abuelos de la residencia una misa como podemos: sin casulla, en la sala de estar porque no hay capilla, con unos vasos sagrados de cerámica dignos… falto a bastantes normas litúrgicas. Si se celebra una misa en la catedral con la casulla de altísimo precio, dos diáconos, infinidad de acólitos, y el cáliz regalo de la reina X… eso si es conforme a la norma. ¿Y al Evangelio?

· Si en un barrio los vecinos piden polideportivo, centro cultural, día de la paella, taller de macramé, el ayuntamiento lo construye, subvenciona, contrata profesores y regala gorras el día de la paella. Si los cristianos de ese barrio dicen que quieren ir a misa y educar en la fe a sus hijos, se lo deben de pagar ellos. Otra curiosidad.

En fin, curiosidades o paradojas de la vida. Y se pueden seguir añadiendo.

4月26日

¿Ecología? ¿Ecologistas? Aquí lo que hay es mucho cuento

De cuando en cuando me encuentro con organizaciones ecologistas que me piden firmar en contra del agujero de ozono, los transgénicos, la energía nuclear y la contaminación ambiental. Otras veces es a favor de los bebés foca, la vida natural y la vuelta a los alimentos “ecológicos”.

Primera cosa curiosa. Los auténticos expertos en estas cosas –biólogos, catedráticos, veterinarios- apenas figuran en movimiento ecologista alguno. Segunda: la buena gente, gente de buena voluntad, que participa en estas cosas y recoge firmas, suele ser gente que conoce poquito. Cuando me piden firmas les digo: ¿tu profesión? ¿biólogo, licenciado en ciencias medio ambientales, veterinario, ingeniero agrónomo… algo similar? No, no… pero me preocupa el deterioro del medio ambiente... Ya, ya, claro…

Dios nos puso la naturaleza en nuestras manos para que los hombres nos aprovechemos de ella, la dominemos y la pongamos al servicio del ser humano. ¿Y si les digo que ahora me parece que nos hemos pasado de rosca? Más que estar la naturaleza al servicio del hombre, nos tenemos que colocar todos los humanos al servicio de la mariposa loca, el sapo partero y la hormiga de antena verde. Magnífica la colección de cigüeñas que teníamos en la iglesia del pueblo donde fui párroco. Más de cuarenta nidos. El tejado destrozado. Y el agua corriendo a chorros por dentro de la iglesia. Era imposible. Aún estamos esperando que algún grupo defensor de la cigüeña común arregle las goteras para que los humanos puedan ir a misa sin aguantar esas humedades que acaban tocando la salud. Se lo pedí. Ni una respuesta. Eso sí, el día que limpiamos los nidos, denuncia por si alguna cigüeña se molestaba. Tontos estamos.

En el último post hablé algo de toros, así de pasada. Pues ya el primer palo. Por Dios, qué escándalo: un sacerdote aficionado a algo tan brutal. Sí. Yo soy así. Me gusta la fiesta de los toros, y como carne, y huevos, sin importarme el sufrimiento de la gallina al ser despojada de su esfuerzo.

¿Me dejan que les diga un disparate? Verán, ¿a que no me niegan que hace cien años disfrutábamos de una vida mucho más natural? Sin pesticidas, herbicidas, sprays ni agujero de ozono. No existía la contaminación y los ríos iban perfectos. Se comían cosas perfectamente naturales, sin necesidad de acudir a frigoríficos, congeladores o conservantes artificiales. Y la gente se moría a los cincuenta años y con una calidad de vida penosa. Desde que nos estamos cargando el mundo, la gente, a los noventa años, está bailando salsa en la playa. Yo soy partidario del agua caliente, el coche, la pastillita para el colesterol, los alimentos esterilizados, los electrodomésticos. El que quiera algo más natural… el mundo está lleno de posibilidades. No estoy diciendo que todo valga, pero que esa vida tan natural fallaba en algo cuando la gente se moría tan joven.

Si quieren saber algo de ecología, de la buena, no pregunten a los formados en dos charlas y tres documentales. Acudan a cualquier pueblo y pregunten a los del pueblo por su vida y por “medio ambiente” a ver qué les cuentan. Y yo les digo que si hay alguien que sepa de medio ambiente son esos hombres y mujeres que llevan generaciones cuidando de sus tierras y sus campos. Yo desciendo de esos. Y no me engañan otros.

4月24日

Los buenos toreros -curas, obispos- con los mihuras

Dicen los que entienden de toros, que a los buenos toreros hay que verlos con los mihuras. Es decir, que un torero muestra su valía cuando torea los toros más difíciles y peligrosos y cuando lo hace en plazas que llaman de primera. A partir de esta reflexión, escribo mi comentario de hoy.

Todos oímos hablar de sacerdotes buenísimos, ejemplo de celo pastoral, capaces de convertir a parroquias enteras y de sacar vocaciones de debajo de las piedras. Sacerdotes que levantan parroquias y hacen que las misas se llenen, los grupos florezcan y los donativos abunden. También todos escuchamos lamentaciones por parroquias que son complicadas, prácticamente campos de sal, imposibles de dar frutos. Pues se me ocurre una cosa. Y es que se hagan en cada diócesis, en Madrid por ejemplo, listas de parroquias especialmente complicadas y listas de “prohombres sacerdotales” especialmente buenos y eficaces. Y que los manden ahí. A torear mihuras. A lidiar victorinos. A dar pases a los pabloromeros. Ahí se notan los buenos curas: en las parroquias complicadas, en las zonas marginales, en los templos vacíos. Otro problema es a ver cómo le dices a un monseñor, un exvicario episcopal, a un cargado de títulos y prebendas, que va a ser párroco justo en el trasero de la diócesis. Es más, a lo mejor el susodicho tampoco acepta, que no sería el primer caso en que hay que ofrecer parroquias y parroquias hasta que alguien dice “sí, quiero”.

Y esto mismo yo lo haría en las diócesis. ¿Qué hay seminarios vacíos y desciende la asistencia de los fieles a las parroquias, y las cosas no van nada bien? Pues se agarra al obispo más capaz y para allá, a ver qué pasa. Los toreros de verdad, con los mihuras. Porque al final hay mucho obispo valioso que ante los toros grandes y con peligro se arruga. Y se me ocurren dos ejemplos. Don Casimiro Morcillo en Bilbao y Don Marcelo González en Barcelona. Buenos obispos en Madrid y Toledo. Pero con los mihuras no pudieron. ¿Qué los toros tiraban derrotes y gañafones? Claro. Eran mihuras. Y los mihuras descubren a los toreros. A un animalito noble lo torea cualquiera.

Cuando oigo hablar de las dificultades de algunas diócesis, sobre todo diócesis con nacionalismos añadidos, pongo cara de malo y digo: pues hay fácil solución. Por ejemplo: Cañizares a Barcelona y Rouco a Bilbao. A ver si cortan las dos orejas.

No es tan fácil.

Lo que sí afirmo es que hay parroquias que no terminan de salir de su bache porque a ellas tampoco acaba de ir un cura conveniente. Con perdón por compañeros, pero hay zonas que llevan años atendidas por "sobreros", y no digo más. Era conocido en Madrid, hace muchos, pero que muchos años, que a los curas “malos” se los mandaba siempre a la zona más abrupta de la Sierra. No se podía pretender que esos pueblos luego fueran los más piadosos de la diócesis. Afortunadamente eso cambió, pero la historia así nos lo contaba.

Lo de los obispos toreros lo digo un poco en broma. Lo otro no. Si en Madrid hay parroquias especialmente complicadas, a ellas deben ir los sacerdotes especialmente probados, siempre y cuando estos sacerdotes lo acepten, que tampoco es tan fácil.

P.D. Soy aficionado a los toros. Algunos no lo entenderán... pero en fin, algún defectillo había de tener.

4月22日

Debo ser proabortista y medio agnóstico

Desde hace unos meses se viene reuniendo en Madrid un denominado “Foro de curas de Madrid”. Hace años hubo otro: “Curas en Madrid”, que se conocieron por los “trescientos”. Surgen porque hay curas que desean reunirse y reflexionar sobre su vida y la vida de la iglesia, cosa no sólo mala, sino permitida y auspiciada por el derecho. Y son curas que tienen puntos de vista diferentes a otros sobre cosas ciertamente discutibles. El último comunicado, sobre la COPE y ese Encuentro de comunicadores sociales organizado por la iglesia madrileña y en el que las aportaciones se ciñeron a los profesionales de la COPE. No sólo estos curas, sino mucha más gente ha manifestado que “se han pasado”. No me negarán que ceñirse a los de la COPE no es decir que los demás comunicadores cristianos están equivocados, y que sólo los profesionales de la COPE comunican con verdad lo que es la doctrina de la Iglesia, aunque uno sea agnóstico y el otro protestante.

Y este foro de curas ha dicho eso: que se han pasado. Y evidentemente, han llovido leches sobre el colectivo. Porque para algunos católicos, discrepar de la COPE es lo mismo que ser proabortista, medio agnóstico, posiblemente viviendo amancebado con señora o señor, cura de vida secularizada, partidario del matrimonio gay y de la educación para la ciudadanía, celebrante rosquillero, topo del marxismo en la iglesia y posiblemente con seborrea y halitosis. Por el contrario, los curas-COPE son espirituales, fieles a la doctrina, seguidores del papa y del obispo, amantes del Corazón de Jesús, pobres, desprendidos, obedientes y ejemplo donde mirarse la cristiandad frente a la ola de secularismo que nos invade.

Conozco a muchos curas de ese foro. Y son buenos sacerdotes, según creo yo y según dice su obispo y reconocen sus Vicarios Episcopales. Tanto que el mismo Cardenal de Madrid se ha reunido con ellos y desde luego no les ha prohibido que se sigan viendo. Y según ya escribí ayer, yo también soy crítico con la COPE y con la forma de organizar ese encuentro. ¿Qué en ese foro hay curas que están un tanto perdidos? Sí. Y en los pro-COPE también, ¿o acaso lo dudan?

No nos metan a todos en el mismo saco. Y entendamos que puede haber modos de ver las cosas. Nada más. Pero es que hay gente que se pasa sacando conclusiones.

4月21日

La COPE me supera, con perdón.

Vamos a ser claros. Cuando la gente discrepa de la COPE sabemos todos de qué estamos hablando. De algunos programas en concreto, y muy especialmente de “La mañana”. Y de otros programas que tratando de copiar estilo van en esa dirección de atizar mandobles. Y también estamos yo creo de acuerdo en que un gran número de programas de la COPE son dignísimos y con una audiencia más que notable.

Por otra parte, reivindico mi derecho a discrepar con toda la paz del mundo. Porque en cuanto dices algo en contra de la COPE, en concreto de “La mañana”, rápido te meten algunos en el saco de la progresía, de los enemigos de la iglesia, y te convierten en marxista, liberacionista, culpable de la decadencia de occidente, y partidario del aborto, la eutanasia, la educación para la ciudadanía y la ceja de ZP. Es decir, que la señal por la que conocerán que sois discípulos míos es que escuchéis todas las mañanas a Jiménez Losantos y sea él vuestra guía, vuestro criterio. No hay salvación para quien opine lo contrario.

Yo he escuchado mucho a Jiménez Losantos. Pero ya me supera. Y no me vale que me digan que en otras emisoras de radio o televisión son más agresivos. Es más, y digo que creo necesarios medios de comunicación plurales. Otra cosa es que la discrepancia tenga que ir unida a unos estilos que a mí, desde luego, no me parecen no digo cristianos, sino simplemente educados.

Soy hijo de cristianos viejos. En casa siempre se ha ido a misa los domingos, y se ha colaborado en la parroquia de nuestro pueblo. Mi madre, Hija de María desde niña, catequista, hasta lavar purificadores le ha tocado. Mi padre, hombre de campo, de visita diaria y misa y comunión semanales. Mis hermanos, lo que aprendieron de sus padres. Y un servidor monaguillo desde los seis años. Y en casa aprendí una cosa: habrá gente que insulte, gente que engañe, gente que quiera ejercer violencia. Pero nosotros no, nosotros somos otra cosa. Tengo el orgullo de que aun hoy, años después de su fallecimiento, mucha gente me hable de la honradez y seriedad de mi padre. Yo creo que era albacea de medio pueblo. Pero a mi padre no le vi jamás perder los papeles. Las cosas claras, la educación siempre, el insulto, el grito, la descalificación, jamás.

Posiblemente esté pidiendo cosas imposibles en estos tiempos recios. Pero me encantaría una COPE defensora de la verdad, proclamadora de otra forma de ver las cosas. Una COPE que, fiel a ese estilo periodístico que supo hacer la iglesia española en otra época, anuncie la verdad, proponga otros modos de ser persona, informe con profesionalidad y sepa mantener ese estilo elegante y sereno, pero firme al mismo tiempo.

¿Me explico? No faltará quien al leer esto diga: “Vaya, otro progre trasnochado”. Puede ser. Pero la señal por la que conocerán que sois mis discípulos, es que os améis los unos a los otros. La fidelidad a la COPE, la adhesión total a un periodista, ni son mandato del magisterio ni esenciales para la salvación definitiva. Desde esa libertad digo, simplemente… a mí, La mañana de la COPE, hoy por hoy, me supera.

4月19日

Una buena pelotera entre dos frailes

Discusión entre dos frailes. Mentalidad muy diversa. Uno, digamos “de la MUY antigua observancia”: vida de convento estricta, en la que podemos llamar casa madre, hábito riguroso, observancia casi enfermiza. Otro, recién llegado de la pura misión ad gentes: barba mal cuidada, vaqueros, camisa informal…

- ¡Padre! ¿Cómo se encuentra?

- Yo no saludo a un religioso perjuro, que prometió llevar hábito y no lo hace, y además se presenta aquí con una barba de cualquier manera y vestido como un cualquiera.

- ¿A un hermano que lleva años en la misión, que se acerca a la casa madre a compartir su vida y su experiencia, a un hermano que lleva años por esos mundos, a caballo, con fatigas, que apenas vuelve a España cada tres o cuatro años lo saluda así? Quizá yo sea un perjuro, pero usted no tiene vergüenza.

El fraile mayor se batió en retirada refugiándose en sus años, y en que estos jóvenes nada respetan. Como lo presencié, lo cuento.

Es una vieja historia. Quizá a uno le faltaba caridad en medio de tanta observancia a la ley. Posiblemente al otro le faltó comprensión ante el anciano.

Hay gente que se piensa que por ser “observante” a la ley es digna de juzgar a otros. Otros creen que su vida les faculta para ridiculizar al distinto. Mal camino en cualquier caso.

¿Alguna vez entenderemos que en la iglesia católica, sí, en la nuestra, cabe gente muy diversa? ¿Llegaremos a comprender que puede haber matices? ¿Nos entrará en la cabeza eso de que lo mejor es enemigo de lo bueno? Mala orquesta si en ella sólo hay violines. Mala cosa si sólo suenan los tambores. Y será el director quien marque la pauta para que la partitura sea perfecta. Y hasta posiblemente alguna disonancia dé gracia a la ejecución de la obra.

Ya me estoy viendo la conclusión de alguno: con estos planteamientos usted será uno de esos progres. Si reivindicar la pluralidad, el respeto, la caridad, los matices; si creer que hay cosas más importantes que una sotana o la exactitud escrupulosa en los matices litúrgicos; si pensar que uno puede discrepar en cosas de su obispo es ser progre, pues sí. Luego vendrá la segunda parte: ustedes se están cargando la iglesia. Pues puede ser. O a lo mejor son ustedes los no progres. Es otra posibilidad. ¿No será eso relativismo? Posiblemente. Es que uno se formó con los agustinos, y ya se sabe el chiste: “Hay tres cosas imposibles de encontrar en la iglesia: un jesuita obediente, un franciscano pobre y un agustino ortodoxo”. Con un abrazo a jesuitas, franciscanos y agustinos…

4月18日

Entregar al brazo secular: por ejemplo, pederastas

Me he llevado una agradable sorpresa al saber que el papa Benedicto se ha entrevistado en Estados Unidos con algunas víctimas de abusos sexuales perpetrados por clérigos con menores, especialmente. Y me ha gustado cómo el papa ha recriminado a los obispos el que no hayan sabido atajar estos casos de una manera correcta.

Yo pienso que hay que distinguir claramente entre pecados y pecados que además llevan consigo la consideración de delito. A ver. Ejemplos. Si un sacerdote tiene relaciones con una señora o un señor, adultos, eso es pecado. Si la relación es con un menor, es pecado, y además, delito. Y tapar esos casos, y echar tierra al asunto, y además solucionarlo con un simple traslado de parroquia, es perpetuar un peligro y una indecencia. Al final se ha acabado ¿tapando? todo a base de indemnizaciones millonarias.

Yo soy muy comprensivo con el pecado de los humanos, el confesionario enseña mucho. Pero no soy nada comprensivo con cosas de esta naturaleza. El que abusa de menores y además de forma reiterada, no es sólo un pecador, es un pervertido, y quizá hasta un enfermo psicológico. Y a los enfermos de la cabeza hay que tenerlos bien sujetos por si acaso. Y a los pederastas, sean clérigos o laicos, bien sujetitos, encerrados, y cumpliendo la condena que marque la ley.

Antiguamente, ante ciertos delitos, se hablaba de entregar a los clérigos al “brazo secular”. Es decir, nada de más derecho canónico. Ante ciertos delitos de especial gravedad, que sea el código penal el que decida. Y si hay que ir a la cárcel pues se va.

Todos los sacerdotes, y los laicos, y los monjes, y las religiosas, somos pecadores. Y Dios nos perdona y nos anima a seguir adelante. Lo que no es admisible es ser, además de pecador, delincuente. No puede uno ejercer su sacerdocio y ser ladrón, narcotraficante, tratante de blancas, pederasta, asesino a sueldo o terrorista. En esos casos, probado el delito, está claro lo que hay que hacer: brazo secular, y se acabó ejercer el ministerio.

Siempre hay voces que dicen que por la cosa del escándalo es mejor callar, tapar, salvar al cura. Claro. Salvamos al cura a base de seguir haciendo daño a los niños o a quien sea. Alguno me dirá: ¿y la misericordia? Son cosas distintas. La absolución es el perdón y la misericordia de Dios, y eso no se niega si se dan las condiciones necesarias. Pero la misericordia es con los niños. ¿Un pederasta? Que lo encierren hasta que deje de ser peligroso. Y me da igual que sea clérigo, laico, o Hare Krishna. Pues eso.

4月16日

Las calderas de Pedro Botero

Una de las cosas más ¿singulares? ¿curiosas? ¿inquietantes? de nuestra fe es la existencia del infierno y su identidad. Todos recordamos, sin duda, catequesis y relatos sobre el infierno, donde no faltan Pedro Botero, las calderas, los tridentes y una abundancia de llamas que han llenado de espanto la pintura universal.

Hace unos días algunos tomaban como novedad que en el nuevo catecismo presentado por la Conferencia Episcopal Española se hablara del infierno no como de un lugar, sino como un estado.

Y digo yo... ¿eso es la novedad? Oigan… no me estarán diciendo que creen en un infierno físico con Pedro Botero, llamas, calderas y demonios pequeñitos pinchando a los réprobos…

Esa idea parte de algo absurdo. Y es que seguimos pensando que el cuerpo, la carne de que hablan la Escritura y la Iglesia y que resucitará en el último día unida al alma –jo, qué palabros, jo qué razonamientos- son esos ochenta kilos que uno tiene, eso sí, sin colesterol. Un agustino de esos de siempre, nada sospechoso de modernismo ni veleidades secularizantes, antes bien todo lo contrario, nos decía los alumnos: “nuestro cuerpo mortal va a la tierra, de ahí sale una planta, la planta se la come una vaca, y los filetes otro señor. Es decir, que lo material de nuestro cuerpo nos lo vamos prestando desde el inicio de la humanidad. Y mis huesos serán un día materia para otro ser humano”.

Resucitaremos cada uno, como ser individual, pero evidentemente sin colesterol, sin páncreas… El cuerpo material es el casco de la Coca-Cola, que una vez consumida la bebida, se devuelve a la fábrica para que vuelva a rellenarse.

No. Malamente puede ser el infierno un lugar físico como malamente lo puede ser el cielo. Es un “estado” de aquellos que penan por estar eternamente lejos de Dios.

Ahora vienen las preguntas directas. ¿Entonces el infierno existe? Sí. ¿Es un lugar físico? No. ¿Hay llamas físicas? No. ¿Hay mucha gente en el infierno? No lo sé. ¿Hay poca? No lo sé. ¿Está vacío? Tampoco lo sé. Nadie lo ha revelado.

Sigo. Si se hablara más del infierno ¿la gente creería más? No. En USA hay pena de muerte y no por eso bajan los niveles de delincuencia, es más, son unos índices muy altos. Además… hay que conseguir que la gente crea en Dios, en Cristo, por puro amor. Yo quiero a mi madre no por la herencia, sino porque sí.

Y termino con ese soneto a Cristo crucificado que es la gran muestra de lo que es amar a Cristo en verdad:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Amar por que sí. Amar por amor. Amor porque Alguien nos amó primero.

4月14日

Curas, si; obispos, no.

Es curioso, pero cada vez lo noto más y lo mismo me dicen mis compañeros curas. La gente corriente se entiende en general mal con los obispos. Hablas de Iglesia y te sacan rápido a la jerarquía. Y este obispo dijo, y el otro proclamó, y el papa… Pero esos mismos, al preguntarles por sus curas, por su parroquia, en general hablan maravillas. Es decir: con los cercanos, con las parroquias, con los frailes del colegio de mis hijos, con las monjas de la residencia, todo perfecto. Eso sí, de ahí para arriba, que no me hablen.

Sigo con datos. La cruz en las declaraciones de hacienda a favor de la iglesia católica disminuyen poquito a poquito. Simultáneamente, las aportaciones de los fieles a sus parroquias concretas se mantienen y en algunos casos aumentan de forma harto significativa, sobre todo en parroquias con obras o con proyectos interesantes.

¿Alguien me puede explicar qué está pasando?

No quiero aventurar respuestas. Pero el dato es terco: no me entiendo con los obispos, pero los curas de mi parroquia fenomenales.

¿Alguien tiene que hacer examen de conciencia? Seguro que al final la culpa también es de los curas.

4月12日

Ovejas, sí. Borregos, nunca.

Una vez me contaron esto relativo a un pobre rabino. Parece ser que este buen hombre, bueno del todo, andaba escaso de luces y muy escaso de formación. Y el pobre explicaba la ley con más apuros de los que serían convenientes. Y cada vez que los fieles le preguntaban o requerían una mayor explicación, el pobre rabino respondía con una frase rotunda: “pecado preguntar”. Desde luego es lo mejor. Pecado preguntar. Yo digo. Ustedes se callan y a aguantar lo que se les venga encima.

Yo, como cura, también tengo esa tentación. Hacer lo que quiero, predicar lo que me parece y cuidadito con pedir explicaciones, que eso es cuando menos falta de fe.

Y me parece que esa tentación no la tengo sólo yo. Este domingo es la fiesta del buen pastor. Y claro, el buen pastor, es decir, el papa, los obispos, los sacerdotes, ahí estamos para orientar, dirigir, cuidar, ofrecer Palabra y sacramentos. Estamos para que los fieles tengan vida, y vida en abundancia.

Lo mejor es tener rebaños delante más que de ovejas, de borreguitos. Ustedes escuchan, obedecen, aceptan y... pecado preguntar.

Por ejemplo. El cura de la parroquia dice misa sin ornamentos o cuestiona el credo. Pues pecado preguntar. Se aguantan. O el cura de la otra parroquia se gasta todo el dinero en ornamentos y cierra caritas. Lo mismo. Y uno dice que nada es pecado. Y otro que todo es moralmente condenable. Y un obispo blanco, y el otro casi negro. Y el padre Menganito nos monta unas misas de hora y media porque le da la gana. Y D. Zutano en quince minutos y corriendo porque le parece.

No me sean borregos, por favor. Ustedes tienen derecho a una Iglesia normal, donde se celebra de verdad, donde se enseña la doctrina, donde se cuida de los pobres y se hace comunidad, donde los mandamientos y las bienaventuranzas no están abolidos. Tienen derecho y obligación de exigir una iglesia evangélica, sencilla, fraterna, acogedora, que vive en comunión con la iglesia universal, que reza, celebra, escucha, predica, que se muestra sensible especialmente ante los pobres. Y deben reivindicarla.

No tienen por qué aguantar las originalidades y manías del primer pastor que aparece y que considera la comunidad como algo suyo donde puede hacer y deshacer a su antojo. Y, desde luego, tiene derecho a preguntar si no se entiende.

Miren, su párroco, su obispo, su pastor, puede ser más conservador o más progre, pecador desde luego, tener su carácter. Pero si es buen pastor, yo les aseguro que siempre escuchará y que jamás les dirá que fuera y que pecado preguntar.

Y si al decirle algo responde que el pastor es él... por muy piadoso que sea, les ha tocado un mal pastor.

Domingo del Buen Pastor. Yo, pequeño párroco de una iglesia madrileña, les digo: ovejas siempre; borregos, nunca. Y yo desde luego a mis pastores, a mi obispo, cuando algo no lo entiendo se lo digo y se lo pregunto. Y tengo suerte. Jamás me han dicho que pecado preguntar.

4月8日

Tontos eclesiales

Hablo mucho con A., buen feligrés y amigo. Somos, en lenguaje vulgar, de sensibilidad eclesial diferente. Es más, alguna vez incluso me dice: “Yo soy demasiado conservador, ¿verdad?” Mi respuesta es ésta: “No importa. Es fácil hablar y entenderse con un conservador o con un liberal si hay cultura y educación. Lo que no vale la pena es ponerse a discutir con un tonto”.

La historia de la iglesia está llena de preciosas polémicas en las que no faltaban tradición, magisterio, teología, ironía y su puntito de humor. Arduas en ocasiones, capaces de hacer casi irreconciliables escuelas teológicas. ¿Hace falta recordar las trifulcas, por ejemplo, de agustinos y dominicos en Salamanca? Hasta divertidas las peloteras entre frailes a propósito de la inmaculada concepción de María. Seguro que recuerdan estos versos: "Aunque no quiera Molina, / ni los frailes de Regina, / ni su padre provincial, / todo el mundo en general/ a voces, Reina escogida/ diga que sois concebida/ sin pecado original". Diferencias de visión en cosas, pero cuánta finura, cuánta pasión, cuánta teología sobre el papel y los púlpitos.

Hoy se sigue discutiendo en la iglesia. Y lo que era privilegio de eclesiásticos, se hace paso también entre seglares, que sacan sus armas a favor de sus diferentes visiones de la fe y de la iglesia. Me parece una buenísima noticia. Lo malo es que yo pienso que las discusiones en general, y me da igual laicos que clérigos, andan bastante por los suelos. ¿Razones? Yo creo que la primera es la falta de formación. Uno tiene la impresión –impresión, mía- que hay mucho discutidor sin más formación que cuatro cosas cogidas por los pelos, y unas lecturas de algunos documentos sin orden ni concierto e interpretadas con un cierto forzamiento. Dicen algunos que si un tonto es una lástima, un tonto con libro es un peligro. Evidentemente, con una formación así, los argumentos son débiles cuando no contradictorios. Los antiguos polemistas eran lectores, bachilleres, licenciados, doctores. Así daba gusto argumentar.

Observo, quizá confundido, que todo polemista, de la “sensibilidad” que sea, posee tan sólo dos argumentos básicos que lanza a troche y moche y que no argumentan y menos prueban nada. El primero es el argumento “ad hominem”, que se suele convertir en “falacia ad hominem”. Mal argumento siempre, que lo único que dice es que el otro no es coherente con su vida. Pues eso ya se sabía. Aquí desde el papa hasta el último mono pecadores somos, y a todos nos pueden sacar los colores. Por tanto, el argumento no sólo no vale, sino que desprestigia a quien lo utiliza. Y el otro es la descalificación rotunda tachando al adversario con algún adjetivo de esos que parece que anulan el resto. Entre esos adjetivos, por cierto, son especialmente utilizados “progre” y “carca”.

Supongamos que alguien es de otra sensibilidad. Pues nada, se le dice que tú más y que es un incoherente –a ser posible en cosas de dineros, siempre vale- y además se le dice que es un progre. Como ven, anulada la argumentación. O al contrario. También se dice que tú más, y además fascista o ultra. Se acabó la discusión.

El cristiano que anda discutiendo así es simplemente tonto. ¿Se imaginan en una disputa entre frailes, por ejemplo a propósito de la Inmaculada, que unos dijeran: “Vosotros cada vez vivís mejor, y encima sois unos progres”; y que los otros respondieran: “Y vosotros mucha observancia pero luego vivís estupendamente y sois unos carcas”. Para tirarse al Tormes.

Pues hay mucho tonto eclesial que así argumenta. Un par de libros que no se saben interpretar, dos frases que entienden demoledoras y llamar al otro progre o carca. Por eso yo decía a mi feligrés: con un progre, progre o un carca, carca uno se entiende si son inteligentes y bien formados. Con un tonto ya es que ni lo intento. Ahora, si eso los hace felices, pues nada, que dure.

Y por cierto: supongo que debo ser progre y no perfecto. Sin problemas. Se acepta pulpo como animal de compañía.

4月6日

Y en penitencia... una cena con velitas para dos

¡Ay cuántas cosas les pasan a los matrimonios! Hace unos días vino a confesarse una mujer joven. Diez años de casada, dos niños, y un mal demasiado frecuente: poco diálogo, distanciamientos casi imperceptibles pero que van dejando huella, y una situación en la que se hace presente la dignidad de cada uno. Es decir, estamos mal, tenemos que hablar, pero yo no doy el primer paso. “Estoy harta de ceder siempre yo, que ceda él, si quiere algo que lo diga, yo no pienso decir nada hasta que él empiece”. Lo malo de esto es que si el otro piensa lo mismo –que muchas veces así es- pues la cosa tiene mala solución.

Fue una confesión pausada. Hablamos mucho de lo que más tenía herida el alma: de su vida matrimonial. Y al final, cuando ya estaba todo dicho, llegó el momento de poner la penitencia. Y la penitencia fue esta: “Ahora, cuando llegues a casa, dais de cenar a los niños y los metéis en la cama como de costumbre, y luego tú preparas algo especial de cena para los dos, sacas una buena botella de vino, o incluso un cava, y pones unas velas o una flor, no sé, que se note que la cena es especial”. Puso cara de no creérselo. Y me tocó explicárselo: - “Mira, la penitencia tiene que servir para reparar lo mal hecho y para ayudar en el camino de conversión. Con la cena estás diciendo a tu marido que quieres seguir adelante y que pones de tu parte. Os ayudará a seguir. Y ahora en la iglesia le das las gracias a Dios por su amor y su perdón”. Todavía me decía que por qué tenía que ser ella la que diera el paso. Y la respuesta aún más fácil: “Has venido a confesarte, ¿no? Pues entonces te ha tocado. Se siente”.

Me quedé un rato en la iglesia diciéndole al Señor: “No sé si habremos hecho algo con esta gente”. La respuesta me vino a los pocos días. Ella otra vez. A darme las gracias y a traer unas flores a la Virgen. Las palabras le salían a borbotones: “No sabes qué buena idea, qué bien nos vino, cuánto hemos hablado, estamos ilusionados… Gracias a ti y gracias a Dios, y estas flores a la Virgen, y ya te contaré…“

A veces falta un toquecito para que todo vuelva a su ser. En esa ocasión alguien tuvo que dar el impulso. Yo creo que en el fondo quería hacerlo, pero el maldito orgullo es dañino. El impulso se lo dio Dios, que agarró a un cura y le sugirió una pequeña maldad: cena con velitas para dos. Bendita cena.

4月4日

Muchos tonos de gris

Muchos tonos de grises. Todos los del mundo. Y hablo, cómo no, de los cristianos, o de los católicos. Me da igual.

Ayer reunión con los padres de primera comunión. Para hablar nada más y nada menos del sacramento de la reconciliación orientado a los padres. Y, entre ellos, gente muy diversa. Algunos, de misa y comunión diarias. Otros de misa de domingo, otros ni eso, y algunos incluso que no saben muy bien si creen, si no creen, o cómo creen.

Ayer les invitaba a repensar la fe con motivo de la primera comunión de los niños. Y les invitaba de una manera especial a prepararse con una buena confesión.

No hace falta que nadie me explique lo que es el propósito de la enmienda, la conversión total, la metanoia. Eso lo sabemos todos. Pero soy consciente de lo que la gente puede dar de sí y cómo animarles a seguir en su camino cristiano.

La experiencia me dice lo que hay. La mayoría de padres se acerca con buena voluntad a la confesión. Los hay que no saben ni cómo confesarse y hay que hacer lo que se puede. Luego, a partir del día de la comunión, van haciendo lo que pueden. Los habituales, siguen con su costumbre y su vida más o menos correcta –digo bien más o menos, que aquí unos fallan por no venir a misa y otros por no pagar a hacienda- en cuanto a presencia en la iglesia y una vida sacramental normal; otros intentarán tomarse un poco más en serio el evangelio… y otros, me lo dice la experiencia, comulgarán con sus hijos y hasta la próxima.

Hay una forma de leer esto: para una vez y no volver, mejor que ni se acerquen. Eso no es una confesión real, no hay espíritu de conversión, quizá hasta el sacramento sea nulo. Yo lo leo de otra manera: esta gente ha recibido un toquecito con motivo de la comunión de sus hijos. Ha recibido el perdón de Dios y de la Iglesia y está respondiendo según su capacidad, su entendimiento, su educación o sabe Dios de su interior. Pero al menos una vez ha redescubierto la Iglesia, el sacramento, el perdón y el gozo de la Eucaristía.

Muchas tonalidades de gris. Todas. Pero todos esos hombres y mujeres “grises”, con vidas cristianas necesitadas de revisión, son ante todo hijos de Dios, que precisan, aún sin saberlo, misericordia, acogida, perdón, amor y paciencia para que poco a poco descubran y vivan.

Si para dar una absolución hubiera que asegurar una posterior vida de fe PERFECTA, yo sería el primero en no volver a confesarme. Soy uno de esos hombres grises, que vive de pura misericordia. Mis feligreses, también grises. La gente perfecta para mí que está en otras parroquias.