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    March 31

    Es peligroso ir de médicos, o un cuerpo para cuidar sin pasarse

    No hay cosa más peligrosa que ir de médicos. Estás perfectamente, no tienes nada y de repente a alguien de confianza se le ocurre la idea fatídica: ¿por qué no te haces unos análisis? Yo caí en ese juego. Hace unas semanas. Caí en las buenas y fraternas manos de un buen feligrés y buen médico. Y, efectivamente, una analítica completa. Estás muy bien. Pero… sería bueno reducir algo el colesterol… no es nada de importancia… pero… deberías cuidar un poco más la alimentación, y pasear todos los días un horita y…

    Así que intento cada día al menos un ratito para una caminata según prescripción facultativa. Y una cosa que uno aprende es la propia fragilidad de la naturaleza humana. Un virus, una bacteria, un gen que se hace travieso, un ligero desequilibro químico y la primera gotera. Es reconocer que se vive de milagro, que es realmente maravilloso que nuestro cuerpo esté tan perfectamente equilibrado. Es el gran libro abierto de Dios. Dos células se unen y aparece un ser humano perfecto, una combinación extraordinariamente compleja y sencilla a la vez de elementos químicos a los que un soplo de lo alto hace vivir sin saber cómo.

    Un cuerpo genial, preparado incluso para superar todo maltrato: comida en exceso, alcohol, sedentarismo, drogodependencias, abusos, modificaciones, manipulaciones… casi resistente a cualquier agresión. Y con una inteligencia tal que hasta es capaz de arreglar casi todos los desarreglos.

    Qué poco equilibrados somos los humanos con el propio cuerpo. O nos da por agredirlo hasta dejarlo hecho guiñapos, o por cuidarlo tanto que necesitamos otras agresiones para que parezca lo que no es. Desde el descuido extremo –anda que no se ven cuerpos agredidos- hasta el cuidado extremo que no sabe ya a qué método recurrir para modificar lo que la naturaleza opina que debe ser lo que es.

    Gracias Dios por el cuerpo. Y lo escribo en el día en que la iglesia celebra este año el don de la Encarnación, que el Hijo de Dios tomó cuerpo – carne y se hizo de nosotros. Bendito cuerpo que Jesús quiso asumir como nosotros. Que Él nos enseñe a cuidarlo con mesura, con equilibrio, con normalidad. Cuerpo sano, en una mente sana, para alabar a Dios y servir al hombre.

    March 28

    Ni en el terremoto, ni en el huracán, ni en el fuego

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    Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.

    Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?". Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida". El Señor le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám.

    En los días de descanso me encanta buscar caminos solitarios. Pequeñas calas, senderos perdidos entre pinos, rutas por las que puedo perderme solo. Ayer, en una de esas veredas que te llevan a conocer nuevos rincones, pensaba en la experiencia de Elías. Dios no estaba ni en el terremoto, ni el viento huracanado, ni en el fuego. Se hizo presente en la suave brisa.

    Debe ser por eso que uno en el silencio, la soledad, la serenidad siente mucho más cerca a su Padre.

    Dios no está -yo creo que difícilmente está- en la violencia, el nerviosismo, la lucha, la confrontación, las prisas. Dios difícilmente encuentra un hueco en esas vidas nuestras con tantas cosas que hacer. No creo que se haga presente con facilidad entre tanto estress, tantas urgencias, tantas cosas imprescindibles.

    La experiencia de Dios quizá más profunda, la de los místicos, está unida invariablemente a la paz y el silencio. Son gente de oración sin prisas, de contemplación sin reloj, de palabras que no saben de gritos ni condenas. Gente firme en sus convicciones, pero que las muestran con un rostro sereno y una paz que nada altera.

    Pobres creyentes que gritamos, chillamos, nos enzarzamos... Pobres cristianos que piensan que por vocear más serán más escuchados por Dios y más respetados por los hombres. Como los paganos del evangelio... ¿recordamos?

    Estos días, paseando, en silencio, mirando el cielo y el mar, uno se da cuenta de que la experiencia de Dios va unida a la serenidad y la paz. Y a mí una fe que se expresa en la violencia, el grito, en cataratas de palabras... pues eso, como la de los paganos, que se piensan que por hablar más y más fuerte tienen más razón.

    Hoy volveré a perderme por alguno de esos caminos. Y hoy sé que de nuevo, en la brisa, iré recibiendo las caricias de mi Padre.

    March 25

    Dios es bueno con sus curas

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    Desde mis tiempos de seminarista, recuerdo con cariño especial la semana de pascua. La Semana Santa era bastante dura por ensayos, cantos, ceremonias… y en la de pascua solíamos salir todos juntos o bien en grupos. Luego, de cura, también he intentado mantener esa buena costumbre de aprovechar la semana de pascua para el descanso y tomar fuerzas para el fin de curso.

    Hace años que vengo observando una cosa. Que la Semana Santa suele ir acompañada de una meteorología un tanto adversa y, sin embargo, la de pascua suele ser bastante buena. Cuando lo hablo con la gente les doy una razón, que suele costarme algún que otro disgustillo. Les digo: “Es que Dios es bueno con sus curas”. Muchos de nosotros, sin descartar algún que otro obispo, nos hemos acostumbrado a arañar en estos días al menos algún huequecito para desaparecer y tomar fuerzas.

    Escribo este post a kilómetros de la parroquia, repitiendo en lo básico la experiencia de cada año. A ver. Lo explico.

    ¿Dónde? Al ladito del mar. Un servidor es “serrano” y vive en la Sierra de Madrid. Por eso, cuando busco descanso, me lanzo en pos de lo contrario: el mar. Debe ser la cosa de complementar.

    ¿Con quién? Solo, y no de Dios. En la parroquia todo el día con gente. En casa, en el pueblo donde resido, estoy en la misma casa que mi madre: ella en el bajo, yo en el ático. Y mis hermanos y sobrinos, y ya los sobrinos-nietos, pasan cada fin de semana en el pueblo, por tanto siempre con gente. ¿Se entiende que me vaya solo?

    ¿Y qué hago?

    • Rezar un poquito, sobre todo una oración en contacto con la naturaleza, más “naif”, más amable, más de alabanza y gratitud.
    • Pasear… que falta me hace según el médico y que no acabo de sacar tiempo.
    • Leer un poco de todo: algún libro más piadoso y también algo de literatura.
    • Y escribir alguna cosilla en este pc que me mantiene en contacto con el mundo y con la parroquia.

    Sentarse frente al mar. Rezar un poco. Leer un buen libro. Pasear oyendo los chillidos de las gaviotas. Esto es la pascua de Jesús.

    Y en unos días en la parroquia otra vez. Supongo que las máquinas no dejarán de hacer agujeros. Y las catequesis ya me cuentan que se han reanudado con normalidad. Bendito sea Dios.

    ¿Entienden por qué digo que Dios en bueno con sus curas? Con todos los demás también, Pero hoy hablo de lo mío. Feliz Pascua.

    March 22

    Pero resucitó al tercer día

    Jesús difícilmente podía terminar de otra manera. Su vida era incómoda para los demás. Todos estaban cómodos con su forma de vivir. Y el profeta de Nazaret se atrevía a cuestionar con su vida la existencia de los demás. Se la cuestionaba a fariseos, saduceos, sacerdotes… que estaban convencidos de vivir en la perfección. Y a los hombres y mujeres de cada día que no iban a aguantar que alguien les cuestionara su forma de vivir vacía y absurda. Era demasiado molesto mirar a la propia conciencia. Por eso salió el grito fuerte: “CRUCIFICALO”. Así nos lo quitamos de en medio y se acabó el que alguien pretenda darnos lecciones de nada.

    Desde entonces hasta hoy seguimos utilizando este grito cada vez que alguien nos interroga con su vida. Es muy sencillo:

     

    Un joven se atreve a sugerir una mayor austeridad en la iglesia.

    “Inmaduro, desconocedor de la realidad… Todo es para Dios, tiene que ser lo mejor del mundo, a la gente le gusta. Que lo crucifiquen”

     

    Una madre de familia pasa el día en la parroquia, da catequesis, colabora en la limpieza, proclama las lecturas en la misa.

    “Mucho afán de protagonismo, tendrá su casa abandonada… Que la crucifiquen

     

    Un obispo decide vivir realmente con los pobres de este mundo

    “Comunista, rojo, manipulador de pobres… Que lo crucifiquen…”

     

    Unas religiosas viven en un barrio tratando de ser signo en medio de la gente de cada día, trabajando, como todos, regalando su tiempo entre los vecinos.

    “Monjas secularizadas, hartas de convento… Que las crucifiquen…”

     

    Un padre de familia ha decidido implicarse en la APA del colegio de sus hijos luchando por una educación mejor.

    “Algo se llevará, al final lo que quieren es mandar y manejar todo. Que lo crucifiquen…”

     

    Un cura escribe un blog, dice lo que piensa, y hoy dice que somos crueles con todos aquellos que, llenos de buena fe, intentan vivir, cuestionar, reflexionar. Que somos tan inmovilistas que ante cualquier cosa que apenas se mueve lanzamos con mucha facilidad anatemas, condenas a muerte, gritos pidiendo crucifixión. Sí. Porque en este mundo nuestro Jesús no hubiera predicado ni un mes. Lo hubiéramos despellejado antes. Sí. Porque no estamos dispuestos a cambiar. De hecho, ¿por qué cambiar si estamos en la verdad más absoluta?

    “Otro cura progre, otro desocupado. Que escriba menos y rece más, y se vaya a la parroquia, y más meditación y menos tonterías esas de andar pensando. Y que se vista de negro, que a lo mejor hasta se viste de seglar. Que obedezca más y mejor a su obispo y que deje de incordiar. Que lo crucifiquen…”

    Al tercer día resucitó.

    Feliz Pascua.

    March 21

    Un SMS en Viernes Santo. Gracias, Dios.

    Mañana de viernes santo. Laudes con la gente de la parroquia. El teléfono móvil en el bolsillo, evidentemente sin sonido, apenas he dejado la vibración para estar atento si algo ocurría. Durante el rezo noté un pequeño movimiento. Supuse un mensaje sin más, quizás la enésima publicidad de la compañía de telefonía móvil.

    Pero… Dios sabe regalar sorpresas y caricias. No. No es publicidad. Es un cura, amigo entrañable, quien ha deseado en esta mañana de viernes mandarme su afecto. Compañeros de trabajo en pueblos y mil vericuetos, párrocos cercanos y colaboradores, pero que no nos hemos visto en todo este curso. Dejó su parroquia en junio para dedicar este año a una experiencia tranquila de oración y encuentro profundo con el Señor. Sé de él por su familia y por otros compañeros. Y sé que está bien y en paz. No se puede pedir más.

    Cura, místico, medio poeta… me manda un sms con este precioso texto: “Jorge, estoy sentado al sol como un lagarto. Es mucha la riqueza de la fe en Jesús. Él te llene el alma de margaritas y de gorriones. Feliz pascua”.

    Le he respondido casi al instante. Mi sms ha sido éste: “Vivo esta pascua desde la pobreza de un barracón de barrio y desde la riqueza de una comunidad que busca y vive. Acabamos de iniciar las obras. Un abrazo”.

    No necesitamos más. En este momento le veo contemplativo, gozándose en el amor de Jesús, con una sonrisa de niño, y un corazón muy grande. Y tampoco él necesita más para saber cómo estoy. Nos conocemos muy bien.

    La fe en Jesús es llenar el alma de gorriones y margaritas. Es sentarse al sol y dejar que el calor de Dios te colme el alma. Es vivir la Pascua unas veces en medio de un grandioso templo, abarrotado, y otras en un pobre barracón con apenas cuatro gatos… Es poner la vista al frente y trabajar por el Reino. La fe es decir: “Señor, hágase tu voluntad” y poner calor humano y divino en este mundo frío como una vida en soledad.

    Ayer, Jueves Santo, pocos, y en un barracón. Pero qué fuerza en la celebración. Cuántas ganas de tocar el misterio. Qué espíritu de colaboración hasta para dejarse lavar los pies. La fe es todo esto. Emocionarse por el sms de un cura amigo, mirar la cruz con ternura, dejar que el señor te acaricie las entrañas, soltar una lágrima cuando lavas y besas los pies de los hermanos…

    La fe es contemplar el misterio de la entrega hasta la muerte que yo sé, LO HE SABIDO SIEMPRE, que estalla en vida desde hoy y que salta hasta la vida eterna.

    Feliz viernes santo. Feliz pascua del Señor Jesús.

    March 20

    Lavatorio de pies

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    De mi vida de sacerdote, hay una cosa que me impresiona cada vez de forma especial. Es ese lavatorio de los pies que voy a vivir de nuevo esta tarde en la pobreza de esta parroquia nuestra, pequeña, simple, y encima rodeada hoy de excavadoras y casetas de obra.

    Hubo años en los que se rivalizaba en dar un mayor sentido a este gesto. Y años en los que se sustituía por muchas cosas, no todas desde luego equivocadas.

    Yo sigo reivindicando este gesto. Primero, porque uno descubre en ese lavar los pies de los discípulos, la última enseñanza de Jesús. O estamos a los pies de los hermanos, o aquí nadie ha entendido nada. Y es gesto completamente emotivo y profundo ver al sacerdote, y que sea el párroco, no por jerarquía, sino por simbolismo, el que se pone a los pies de los demás para recordarse y recordar el misterio de la entrega de la vida hasta colocarla al completo servicio de todos los demás.

    Pero es un gesto que también impacta en los que se dejan lavar los pies. Con lo orgullosos que somos, qué difícil es reconocer que necesito que alguien me ayude. Lavarse los pies es decir que tengo necesidad de que alguien me ayude, me cuide, me atienda, me mime. Un gesto realmente clave, emotivo, grandioso, solemne.

    Esta tarde otra vez lavaré los pies a mis fieles. Y como cada Jueves Santo pediré a Jesús que haga en mí que el gesto del lavatorio sea algo más que un rito anual. Lo que sé es que cada vez que lo repito acabo emocionado y acabamos emocionados todos. Bendito sea Dios que nos permite vivirlo cada año y nos permite recordar que si no servimos al hermano… no hemos entendido nada.

    March 14

    Proyectos, no reproches

    Mi compañero y yo hablamos bastante. Un día por semana hasta tenemos un tiempo marcado para nosotros. Es un tiempo para programar la semana, para revisar la actividad parroquial, para comentar noticias, para hablar simplemente de cómo nos va.

    Ayer hablábamos de la celebración penitencial que tendremos esta tarde, y de qué nos parecía lo más importante a la hora de acoger y atender a cada persona que se acerca a pedir el perdón de Dios.

    Mi compañero tiene bastante menos experiencia que yo como sacerdote, y me pide orientación para algunas cosas. Ayer, hablando del perdón de Dios en el sacramento de la reconciliación le decía esto: yo entiendo a Dios más como dios de proyectos que de reproches. Y que el confesor está más para animar que para afear conductas. Que los curas no sabemos mucho de la vida complicada de la gente y que por eso hemos de ser orientadores firmes pero comprensivos, capaces de animar a una vida cristiana plenamente entregada a Jesucristo y a su iglesia.

    El penitente necesita sobre todo alguien que en nombre de Dios le diga algo así: "Sí, eres pecador, somos pecadores. Yo también. Pero desde tu miseria Dios te llama a seguir entregando tu vida. Vive alegre. Sé fiel a tu Señor. Anda, y no peques más. Y si caes, levántate, pide perdón, y sigue, no dejes de caminar nunca".

    Esta tarde acudirán muchos fieles a pedir perdón. Encontrarán a unos sacerdotes que les van a acoger uno a uno, tranquilamente, para ofrecerles el perdón que viene de Dios. No deseo que encuentren reproches. Deseo ofrecerles la ilusión de seguir adelante. Que hagan proyectos bonitos, que redescubran el gozo de la fidelidad. Que salgan de la iglesia alegres y decididos a ser enteramente de Cristo.

    Hoy yo quiero ser el primer penitente. También pedir perdón y sentirme reconciliado para celebrar con toda la intensidad del mundo la Pascua del Señor. Y el jueves santo, día sacerdotal, otra vez diré: "Señor, aquí estoy, cuídame y llévame en tus manos para que siga siempre adelante, a tu servicio".

    Y a seguir con los proyectos.

    March 09

    La tumba -segunda- de Lázaro

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    Cuenta la tradición que Lázaro, después de salir del sepulcro, predicó el evangelio de Jesús, llegó a Chipre y recaló en Larnaka, donde fue obispo y donde se encuentra su segundo sepulcro, cuya foto podéis ver aquí.

    Es decir, que el milagro de la resurrección de Lázaro fue apenas un aumentar sus años de vida terrena. Murió definitivamente a este mundo un tiempo después, parece que como treinta años, que en cualquier caso no es un mal regalo.

    Hoy la liturgia nos presenta este episodio. Jesús, las hermanas, un cadáver que ya huele, y ese grito aterrador: Lázaro, sal fuera.

    Con este pasaje se enseñaba a los catecúmenos la fuerza de Cristo capaz de regalar la vida a los hombres. Sí. Cristo es señor de la vida y de la muerte, tanto que ya desde este momento, desde este mundo, nos enseña a vivir realmente como resucitados.

    En el mundo, y en nosotros, hay mucha muerte. La guerra, la violencia, el hambre, la injusticia, la inmoralidad, el desprecio por el otro, la esclavitud, la marginación... nos hablan de esa muerte que atenaza nuestro mundo. Pero no hace falta salir fuera. Nosotros mismos descubrimos signos de muerte en nuestro interior. Observamos en nuestro interior egoísmo, tendencia al mal, olvido de los pobres, abandono de los demás, vidas que piensan solo en uno mismo, vemos cómo nos olvidamos de Dios. Y es Cristo quien nos dice que eso no es vivir, que eso es estar ya muerto. Pero Cristo hoy a nosotros, como a Lázaro, nos dice: Vamos, sal fuera. Es decir, deja tu antigua vida de pecado, entierra a ese hombre viejo corrompido por el pecado, olvídate de esa vida que te arrastraba al abismo, y renace como hombre nuevo hacia una vida diferente en gracia, en vida, en alegría, en paz, en generosidad, en amor, en Dios.

    Esta es la auténtica resurrección que vivimos en el bautismo. En el bautismo enterramos a ese hombre viejo, pecador, que va a la muerte y renacemos a una vida nueva de hijos de Dios.

    Como a Lázaro hoy nos dicen a nosotros: sal fuera, vive, goza, y regala tu vida a Dios y a tu prójimo.

    March 08

    Los sobrinos de D. Lucio

    Siempre he tenido un cariño especial a esos sacerdotes que me precedieron en mis parroquias. Esto lo fui descubriendo en mis tiempos de párroco rural, cuando escuchaba esas viejas historias de los sacerdotes que pasaron por los pueblos dejando su vida y su ministerio a favor de sus feligreses.

    Hoy quiero hablar de ellos porque ayer mismo tuve la alegría de conocer a dos sobrinos de D. Lucio, un buen cura que atendió Navalafuente –uno de mis pueblos- en los años sesenta. Qué maravillosa sorpresa, y qué diálogo tan intenso que nos fue haciendo brillar los ojos.

    - Nosotros tuvimos un tío sacerdote, fue párroco en Cabanillas…

    - ¿Cómo se llamaba?

    - D. Lucio

    - Anda, párroco en Cabanillas y en Navalafuente, antecesor mío. Claro que he oído hablar mucho de él. Murió en un accidente, ¿verdad?

    Hay una cosa que yo llamo agradecimiento eclesial. Y pienso que para cualquier sacerdote, cualquier hermano en el sacerdocio, sus familiares, y más aún si estuvieron en la parroquia, son sus hermanos.

    Las parroquias se van formando a base de dedicación y sacrificio de años. Ser cura rural en los años sesenta era algo así como marchar de Madrid, meterte en un pueblito casi sin futuro y ahí hablar a la gente de Dios. Pueblos que apenas tenían cien o doscientos habitantes, mal comunicados, pero necesitados del amor de Dios y de un pastor que diera la vida por sus ovejas.

    Dejadme colocar algunos nombres. No sabéis quienes son. Yo os digo que fueron curas de pueblo, de vida escondida y oscura, que jamás ostentaron ningún cargo ni fueron públicamente reconocidos, que no supieron que era un puesto de privilegio o una buena parroquia, que muchos años los vivieron ahí, aunque la misericordia de Dios les permitió volver en su madurez a la capital para pasar sus últimos años de una forma más cómoda. Curas que dejaron su juventud, sus ilusiones, su energía de recién ordenados, en esas pequeñas parroquias rurales que supieron de su alegría, de su ilusión y también de sus soledades. Pero que hoy son recordados con tantísimo cariño.

    Gracias. Gracias a vosotros, amigos, hermanos: Salvador, Manuel, Juan Manuel, Máximo, Lucio, Ramón, Esteban, Ignacio, Teodoro, Manolo, Lorenzo, Mario, Pedro Pablo… Gracias por ese tesoro de fe que recogí un día e intenté mantener y acrecentar. Sois un ejemplo. Y yo hoy, al recordar a Don Lucio, he querido mandaros un abrazo. A vosotros, los que estáis en el cielo, hoy os recordaré en el altar. Y a los que andáis por esos mundos: parroquias, enseñanza, misiones… Desde aquí, mis mejores deseos.

    March 04

    Cerrado por traslado

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    Esta es mi parroquia por los aires. Para comenzar las obras, lo primero dejar libre el solar. Así que hemos agarrado el tenderete y nos hemos ido con el templo a otra parte. Ayer todo el día con el cambio. Hoy nos queda volver a montar las cosas. En cualquier caso, una semana en blanco.

    Esta semana, se ha cerrado el templo. Ni catequesis, ni reuniones ni misas. Cerrado por cambio de ubicación.

    Personalmente me encuentro raro. Me falta lo de cada día. Mi costumbre es ver el templo lleno de niños, con las misas llenas, con la gente acudiendo al despacho. Hoy, operarios, taladros, excavadoras y mucha gente dando vueltas. Afortunadamente ya tengo luz y una línea telefónica. Y creo que hasta agua y saneamiento a lo largo de la tarde.

    Días de una actividad diferente. Por un lado, estamos iniciando en el barrio una campaña de información y de captación de recursos. Por otra parte, hay que atender las cosas oficiales: el contrato, que ya tenemos fecha de firma, los últimos documentos, y empezar a pensar en esa primera piedra que pondrá D.M. nuestro obispo, el cardenal Rouco Varela, por cierto recién elegido presidente de la Conferencia Episcopal española.

    Se nota en la gente alegría y ganas de hacer cosas. Ayer, cuando llegaron la grúa y el gran camión, no faltaron espectadores. Y hoy llega gente, da la enhorabuena y se lleva sus folletos para repartir a los vecinos. De locos. Ciertamente de locos. pero felices al máximo.

    Ya os iré contando.